
La denuncia de un migrante cubano detenido en el centro conocido como “Alligator Alcatraz”, en Florida, ha vuelto a encender el debate sobre las condiciones en las que permanecen miles de extranjeros bajo custodia migratoria en Estados Unidos. El testimonio, difundido por el periodista cubano Javier Díaz en su perfil de Facebook, describe presuntos abusos por parte del personal de seguridad, así como fallas estructurales que, según el denunciante, ponen en riesgo la integridad física y la salud de los detenidos.
El migrante, cuya identidad no se reveló por razones de seguridad, asegura que las condiciones del centro distan de los estándares mínimos que deberían regir en instalaciones destinadas a la detención administrativa de personas sin antecedentes criminales graves.
Acusaciones de maltrato físico y psicológico
De acuerdo con su relato, los guardias del centro ejercen maltrato verbal constante, trato degradante y, en algunos casos, uso excesivo de la fuerza. “Aquí todos te tratan como una mierda, no te tratan con respeto. Me tiraron contra el piso, me esposaron los pies y me dejaron tirado llorando de impotencia, con calambres, y sin yo haber hecho nada”, aseguró el hombre.
Uno de los aspectos que más preocupa al denunciante es que los oficiales no portarían identificación visible, lo que impediría a los migrantes reconocer a los responsables de los presuntos abusos y presentar denuncias formales ante las autoridades correspondientes. Esta falta de identificación afirma, contribuye a una sensación de impunidad dentro del centro.
Infraestructura deficiente y riesgos para la seguridad
El testimonio también apunta a graves deficiencias en la infraestructura de la instalación. “Somos más de 400 personas aquí bajo una lona, sin sistemas contra incendios, con cables eléctricos colgando y extensiones tiradas por el piso, incluso cerca de donde uno se baña”, confesó.
A estas condiciones se suman hacinamiento y ventilación limitada, factores que, según el denunciante, agravan el deterioro físico y emocional de los detenidos, muchos de los cuales pasan largos periodos en el centro sin información clara sobre el avance de sus casos migratorios.
Restricciones en el acceso al agua y servicios básicos
Otro de los señalamientos más delicados es la supuesta prohibición de beber agua durante las comidas, a pesar de que el líquido estaría disponible en otros momentos del día. “Ni para tomar agua te dejan coger una botella”, denunció. El migrante considera esta práctica innecesaria y perjudicial, especialmente en un estado como Florida, donde las altas temperaturas pueden afectar rápidamente la salud de las personas bajo encierro.
Estas restricciones, de confirmarse, podrían entrar en conflicto con estándares básicos de trato humanitario establecidos para personas privadas de libertad por razones administrativas.
“Peor que una prisión estatal”, según el denunciante
El cubano asegura que, en experiencias previas dentro del sistema penitenciario estatal, recibió un trato más digno que el que enfrenta actualmente en el centro migratorio. “En la cárcel estatal me trataron mejor, y eso que allí uno está preso. Aquí, donde supuestamente estamos «detenidos» no tenemos ningún derecho», añadió.
Esta comparación ha generado especial repercusión en redes sociales, donde usuarios cuestionan que solicitantes de asilo y migrantes en procesos civiles sean mantenidos en condiciones que, según denuncian, resultan más severas que las de centros penales.
El señalamiento refuerza un debate recurrente sobre la naturaleza de la detención migratoria en Estados Unidos y la diferencia entre custodia administrativa y encarcelamiento penal. “Nos tratan como asesinos, pero somos personas que hemos cumplido con la ley, trabajamos y pagábamos impuestos”, explicó el cubano.
Otros migrantes en situaciones similares
Según el testimonio, las condiciones descritas no serían casos aislados, sino una realidad compartida por otros migrantes cubanos y de distintas nacionalidades detenidos en el mismo centro. Muchos de ellos, afirma, no cuentan con antecedentes criminales y permanecen detenidos mientras esperan audiencias o decisiones sobre sus solicitudes migratorias.
Familiares y miembros de la comunidad cubana en el sur de Florida han expresado preocupación por estas denuncias, reclamando mayor transparencia y supervisión sobre el funcionamiento de este tipo de instalaciones.
Silencio oficial y falta de aclaraciones
Hasta el momento de la publicación de la denuncia, las autoridades responsables del centro Alligator Alcatraz no han ofrecido declaraciones públicas en respuesta a los señalamientos. Tampoco se ha informado sobre la apertura de investigaciones internas o externas que permitan verificar las acusaciones.
La ausencia de una postura oficial ha contribuido a aumentar la incertidumbre y las críticas en plataformas digitales y entre organizaciones defensoras de derechos humanos.
Un problema que trasciende un solo centro
El caso se inscribe en un contexto más amplio de denuncias recurrentes sobre condiciones deficientes y presunto maltrato en centros de detención migratoria en Estados Unidos, particularmente en estados con alta presión migratoria como Florida y Texas. En los últimos años, diversas organizaciones han alertado sobre hacinamiento, demoras en los procesos y limitaciones en el acceso a servicios básicos en este tipo de instalaciones.
Mientras las autoridades insisten en la necesidad de mantener el control migratorio, casos como este vuelven a poner en el centro del debate el equilibrio entre la aplicación de la ley y el respeto a los derechos humanos, así como la situación de miles de migrantes que permanecen detenidos sin una condena penal, a la espera de una resolución administrativa.



