
Un nuevo cierre parcial del gobierno federal de Estados Unidos volvió a colocar a miles de empleados aeroportuarios en una situación compleja: continúan trabajando, pero sin recibir salario. La medida afecta directamente a la Transportation Security Administration (TSA), responsable de los controles de seguridad en los aeropuertos del país.
El cierre se produjo tras expirar el financiamiento del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), organismo que supervisa a la TSA y otras agencias clave en materia de seguridad nacional. Al no alcanzarse un acuerdo presupuestario en el Congreso de los Estados Unidos antes del vencimiento de los fondos, se activó automáticamente la paralización parcial de actividades.
Personal “esencial” obligado a trabajar sin pago
Aproximadamente el 95 % de los trabajadores de la TSA están clasificados como “empleados esenciales”. Esto significa que deben presentarse a sus turnos y cumplir con sus funciones habituales —inspección de equipaje, revisión de pasajeros y supervisión de protocolos de seguridad— aun cuando el gobierno no esté autorizado a emitir sus pagos.
En la práctica, los agentes seguirán cobrando retroactivamente una vez que el Congreso apruebe el financiamiento, pero mientras el cierre continúe, no recibirán salario. Este escenario ya se vivió en 2025, cuando un cierre gubernamental se extendió durante 43 días, generando tensiones financieras y operativas.
¿Qué puede pasar en los aeropuertos?
Aunque las operaciones aéreas continúan, expertos advierten que el impacto podría sentirse de forma gradual. En aeropuertos pequeños o regionales, donde el número de oficiales es limitado, incluso un leve aumento en ausencias puede traducirse en filas más largas en los puntos de control. En terminales de alto tráfico, el sistema suele ser más resiliente, pero en horarios pico los tiempos de espera podrían incrementarse.
Las aerolíneas podrían enfrentar retrasos indirectos si los pasajeros quedan retenidos en los controles de seguridad. Sin embargo, por ahora no se han anunciado cancelaciones masivas vinculadas al cierre.
Un punto relevante es que los controladores de tráfico aéreo continúan recibiendo salario, lo que reduce el riesgo de interrupciones en el manejo del espacio aéreo nacional. No obstante, el ecosistema aeroportuario es interdependiente, y la presión sostenida sobre el personal de seguridad podría afectar la experiencia de viaje si la situación se prolonga.
Como referencia, unas semanas después de concluir el año previo, la Administración de Seguridad en el Transporte optó por inhabilitar provisionalmente dos de los filtros de inspección en el Aeropuerto Internacional de Filadelfia. En esa misma jornada, las autoridades federales implementaron una medida inusual al exigir a las compañías aéreas comerciales que ajustaran a la baja su programación de vuelos domésticos.
John Clark, quien arribó al Aeropuerto Metropolitano de Detroit luego de un viaje de trabajo a Misisipi, señaló que ya había sufrido las consecuencias del cierre anterior y manifestó su inquietud ante la situación actual. «Puede que no puedas volver a casa si ya estás fuera, o que se retrase si trabajas toda la semana y estás intentando volver a casa. Es muy grave», dijo Clark.
El trasfondo político del cierre
El origen del cierre radica en la falta de consenso legislativo sobre el presupuesto del DHS. Las negociaciones incluyeron desacuerdos en torno a políticas migratorias y otras disposiciones vinculadas al financiamiento.
Al no alcanzarse un acuerdo antes del vencimiento del plazo y con legisladores fuera de Washington por un receso programado, el cierre parcial se activó automáticamente. Históricamente, este tipo de paralizaciones se resuelven mediante acuerdos temporales o extensiones presupuestarias, pero la duración es incierta.
Impacto humano y presión laboral
Más allá de los efectos operativos, la situación tiene un impacto directo en miles de familias que dependen del salario federal. Trabajar sin paga genera presión financiera, particularmente si el cierre se prolonga.
En cierres anteriores, algunos trabajadores reportaron dificultades para cubrir gastos básicos mientras esperaban la aprobación del presupuesto. Aunque el pago retroactivo está contemplado, el retraso puede generar tensiones económicas temporales.
Burnest R. Green, que se desplazó desde Phoenix hasta Detroit con motivo del 70º aniversario de su hermana, expresó su deseo de que la paralización gubernamental quede resuelta antes de emprender su regreso aéreo previsto para dentro de algo más de una semana. «Solo espero que las cosas empiecen a mejorar antes de que empeoren», comentó el viajero.
Recomendaciones para viajeros
Ante este panorama, se recomienda a quienes tengan vuelos programados: llegar al aeropuerto con mayor anticipación de lo habitual, especialmente en fines de semana o temporadas de alta demanda, consultar los tiempos de espera en los controles de seguridad a través de las páginas oficiales de los aeropuertos, preparar adecuadamente el equipaje de mano para evitar inspecciones adicionales que prolonguen el proceso y mantenerse atentos a comunicaciones oficiales de las aerolíneas.
¿Qué escenarios pueden desarrollarse?
Si el cierre se resuelve en pocos días, el impacto podría ser limitado. Sin embargo, si se prolonga, podrían surgir ausencias laborales, demoras más frecuentes y mayor presión sobre los equipos activos.
La Casa Blanca sostuvo conversaciones con legisladores del Partido Demócrata, aunque las negociaciones no prosperaron y no se alcanzó un entendimiento antes de que senadores y representantes abandonaran Washington para un receso de diez días.
Los demócratas han señalado que se negarán a respaldar la aprobación de nuevos recursos para el Departamento de Seguridad Nacional hasta que se impongan mayores límites a las actuaciones federales en materia de inmigración, una demanda que se intensificó tras los disparos fatales de agentes federales que mataron a Alex Pretti y a Renée Good en Minneapolis este mes.
Por el momento, los aeropuertos estadounidenses siguen operando con normalidad, pero bajo un contexto de incertidumbre presupuestaria. Miles de agentes de la TSA continúan desempeñando su labor en los puntos de control de seguridad sin recibir compensación inmediata, en espera de que el Congreso logre un acuerdo que permita restablecer el flujo de fondos federales.





