“No quiero otro Irak”: Trump elogia a María Corina Machado, pero mantiene a Delcy Rodríguez como pieza clave en Caracas

En una comparecencia ante la prensa desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ofreció una explicación amplia y poco habitual sobre la estrategia de su administración respecto a Venezuela. El mandatario justificó la decisión de cooperar con Delcy Rodríguez durante la etapa de transición política, en lugar de excluir completamente a las figuras vinculadas al chavismo, aludiendo directamente a los errores cometidos por Estados Unidos en la guerra de Irak.

La intervención se produjo tras una pregunta directa de un reportero que cuestionó por qué Washington decidió mantener contactos con Rodríguez y no apostar exclusivamente por la líder opositora María Corina Machado. La respuesta de Trump dejó claro que, a su juicio, una ruptura total y acelerada del poder existente podría conducir a un escenario de caos institucional con consecuencias imprevisibles para la región.


El recuerdo de Irak como advertencia estratégica

Trump recurrió a uno de los episodios más controvertidos de la política exterior estadounidense para explicar su postura. Recordó que, tras la caída de Saddam Hussein, la disolución completa del aparato estatal iraquí —incluyendo fuerzas armadas, policía y estructuras administrativas— generó un vacío de poder que derivó en años de violencia y en el surgimiento de grupos extremistas.

Según el presidente, esa experiencia sigue siendo una referencia clave a la hora de abordar procesos de transición en países con instituciones debilitadas. En su visión, repetir una estrategia similar en Venezuela podría provocar una descomposición aún mayor del Estado, con impacto directo en la seguridad regional, los flujos migratorios y la estabilidad de América Latina. “No queremos otro Irak”, insistió, subrayando que la prioridad inmediata es evitar el colapso institucional.

Cooperar para mantener el orden durante la transición

Desde la óptica de la Casa Blanca, la cooperación con Delcy Rodríguez responde a una lógica de contención. Trump explicó que su administración considera imprescindible mantener una estructura mínima de gobernabilidad mientras se gestiona el proceso de transición y se avanza hacia la reconstrucción institucional del país.

En ese marco, Rodríguez es vista como una figura capaz de garantizar continuidad administrativa y control interno en una etapa provisional, aun cuando su trayectoria dentro del chavismo genera profundas críticas y desconfianza entre sectores opositores y parte de la diáspora venezolana. Para Washington, el objetivo no es legitimar el proyecto chavista, sino evitar un vacío de poder que pueda derivar en desorden, violencia o la aparición de actores armados fuera del control del Estado.

El respaldo político a María Corina Machado

Pese a defender la cooperación con una figura asociada al poder actual, Trump dedicó un segmento relevante de sus declaraciones a elogiar a María Corina Machado. El presidente destacó el reciente encuentro sostenido con la dirigente opositora en el Despacho Oval, señalando que quedó “muy impresionado” tras conocerla personalmente.


Trump describió a Machado como una líder firme, con claridad política y compromiso con los valores democráticos, y dejó entrever que la considera una figura clave del futuro político venezolano. Sus palabras fueron interpretadas como un respaldo político significativo, aunque no inmediato, a la líder opositora, a quien Washington visualiza como protagonista de una etapa posterior del proceso, especialmente en el camino hacia elecciones libres.

Una estrategia de equilibrio calculado

Las declaraciones del presidente revelan una política de doble carril cuidadosamente diseñada. Por un lado, Estados Unidos mantiene una relación funcional con actores del poder vigente para garantizar estabilidad a corto plazo. Por otro, refuerza el reconocimiento internacional de líderes opositores con legitimidad política y respaldo ciudadano, proyectándolos como alternativas para el futuro.

Analistas coinciden en que esta estrategia responde a un cálculo geopolítico complejo. Venezuela, señalan, no solo enfrenta una crisis política prolongada, sino también un deterioro económico profundo, un tejido institucional frágil y una emergencia humanitaria persistente. En ese contexto, una transición abrupta podría agravar todos esos factores simultáneamente.

Reacciones y tensiones dentro de la oposición

La postura expuesta por Trump no ha estado exenta de controversia. Sectores de la oposición venezolana consideran que cualquier cooperación con figuras del chavismo supone una concesión que puede dilatar el cambio político real. Otros, en cambio, admiten que una transición sin acuerdos mínimos podría resultar inviable y generar más inestabilidad.

Estas tensiones reflejan el debate interno sobre cómo alcanzar una salida política sostenible tras años de confrontación. Mientras algunos apuestan por una ruptura total, otros defienden una transición gradual que permita reconstruir instituciones sin provocar un colapso inmediato del Estado.

Un camino abierto, pero lleno de incertidumbre

El enfoque defendido por Trump deja claro que la administración estadounidense prioriza la estabilidad como condición previa al cambio. Inspirada en las “lecciones de Irak”, la estrategia busca evitar errores del pasado y apostar por un proceso controlado, aunque políticamente incómodo, para muchos actores involucrados.

El desenlace de esta apuesta dependerá de múltiples factores: la capacidad de las autoridades provisionales para mantener el orden, la presión internacional para avanzar hacia elecciones creíbles y el rol que finalmente desempeñen líderes opositores como María Corina Machado. Por ahora, Washington parece decidido a caminar sobre una delgada línea entre el pragmatismo y la promesa de una transición democrática real para Venezuela.


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