Marco Rubio abre la puerta al petróleo venezolano en Cuba, pero le cierra el paso al régimen

En medio de la profunda crisis energética que atraviesa Cuba, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, defendió públicamente la posibilidad de permitir la reventa de petróleo venezolano al sector privado en la isla, dejando claro que la medida no representa un cambio estructural en la política hacia el gobierno cubano.

Sus declaraciones llegan en un momento de apagones prolongados, escasez de combustible y creciente tensión económica, en un escenario donde el suministro petrolero proveniente de Venezuela ha sido históricamente un pilar del sistema energético cubano.


¿Qué propone exactamente Washington?

Rubio explicó en un intercambio con periodistas internacionales durante la Cumbre de CARICOM en Jamaica que la autorización para comercializar crudo venezolano con actores privados cubanos se encuadra dentro de licencias ya existentes, y que lo anunciado no implica un levantamiento de sanciones ni una flexibilización general de la política estadounidense. “No, siempre ha sido legal vender al sector privado en Cuba”, explicó el jefe de la diplomacia estadounidense.

Según el funcionario, se trataría de una ampliación técnica dentro del marco regulatorio actual. La clave, subrayó, está en que las operaciones deben realizarse exclusivamente con el sector privado independiente y bajo estricta supervisión. El mensaje central: no es una concesión al Estado cubano, sino una apertura limitada hacia emprendimientos no controlados por el aparato gubernamental.

Exclusión total del gobierno y del conglomerado militar

Uno de los puntos más contundentes fue la exclusión expresa del Estado cubano y del conglomerado empresarial militar GAESA. Rubio advirtió que ninguna operación puede beneficiar directa o indirectamente a estructuras estatales o militares. En caso de detectarse desvíos hacia esas entidades, las licencias serían revocadas de inmediato. Este elemento marca el límite político de la iniciativa: cualquier transacción que fortalezca al aparato estatal quedaría automáticamente invalidada.

El tamaño real del sector privado cubano

El propio Rubio reconoció que el sector privado en Cuba es reducido y opera bajo fuertes restricciones regulatorias. Aunque en los últimos años han surgido pequeñas y medianas empresas, su capacidad para absorber volúmenes significativos de combustible es limitada.

En la práctica, incluso si la medida se implementara plenamente, su impacto macroeconómico sería parcial. Podría aliviar operaciones de transporte, logística o producción en ciertos emprendimientos, pero no resolvería la crisis estructural del sistema energético nacional.


Marco sostuvo que la ciudadanía en Cuba enfrenta actualmente una situación crítica y apuntó directamente al liderazgo del país como responsable del complejo escenario económico. Según expresó, la coyuntura podría considerarse una de las más severas desde el triunfo de la Revolución en 1959, al argumentar que políticas adoptadas en años recientes habrían incrementado la fragilidad de la isla ante el contexto de crisis que atraviesa.

Crisis energética: el contexto de fondo

Cuba enfrenta uno de los momentos más complejos en materia de generación eléctrica y abastecimiento de combustible. La disminución en los envíos venezolanos, los problemas de refinación y las limitaciones financieras han provocado apagones frecuentes y afectaciones en sectores estratégicos.

Durante años, el petróleo venezolano fue un sostén clave del modelo económico cubano. La reducción de ese flujo ha obligado a La Habana a buscar alternativas, en medio de sanciones estadounidenses y dificultades logísticas internacionales. La eventual reventa de crudo a privados se inserta en ese escenario de escasez crónica y vulnerabilidad energética.

Supervisión estricta y advertencia de revocación

Rubio fue enfático en que cualquier irregularidad derivaría en la cancelación inmediata de las licencias. La supervisión será determinante para garantizar que el combustible no termine beneficiando al aparato gubernamental o militar.

Este punto será clave en la implementación práctica: la trazabilidad del petróleo y el control de las operaciones definirán la viabilidad real de la medida.

Un mensaje político con doble lectura

Más allá del aspecto comercial, la declaración de Rubio tiene un componente político claro. El secretario de Estado responsabilizó al gobierno cubano por la crisis económica actual, señalando que décadas de decisiones estructurales han dejado al país en una posición dependiente y frágil. En ese sentido dijo que su país ha estado dispuesto a ayudar, pero la dictadura siempre se interpone.

A modo de contraste, evocó que la ayuda humanitaria enviada por Estados Unidos después de un huracán se distribuyó por medio de la Iglesia Católica y no a través del aparato estatal. Añadió que Washington estaría dispuesto a implementar un esquema similar para el suministro de combustible, apoyándose en actores del sector privado. No obstante, subrayó que una medida de ese tipo no bastaría para solucionar la situación estructural del país, la cual, según su criterio, responde a años de administración deficiente y falta de eficacia en la gestión pública.

Desde la óptica estadounidense, permitir transacciones limitadas con el sector privado podría incentivar dinámicas económicas fuera del control estatal. Sin embargo, la Casa Blanca mantiene intacto el esquema general de presión sobre La Habana. El mensaje combina apertura selectiva con firmeza en las sanciones.

Implicaciones regionales y escenario futuro

La postura se produce en un momento de redefinición energética y geopolítica en América Latina. Estados Unidos continúa utilizando el comercio energético como herramienta estratégica en su política hacia Cuba y Venezuela.

En la isla, mientras tanto, la crisis energética impacta directamente en la vida cotidiana: transporte limitado, producción industrial afectada y servicios básicos bajo presión constante. La reventa de petróleo a privados podría ofrecer un alivio puntual, pero no modifica el núcleo del modelo económico ni elimina las tensiones estructurales existentes.

El debate queda abierto: ¿es esta medida un incentivo real para fortalecer el sector privado o un movimiento táctico dentro de una estrategia de presión más amplia? Lo cierto es que el combustible vuelve a colocarse en el centro de la relación entre Washington y La Habana, en un momento especialmente delicado para la economía cubana.


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