
La capital cubana volvió a experimentar inundaciones costeras tras la llegada del décimo frente frío de la actual temporada invernal. El fenómeno generó fuertes vientos y oleaje en el litoral norte, provocando la entrada del mar en zonas bajas cercanas al Malecón de La Habana, una de las áreas más expuestas de la ciudad.
Calles del Vedado, particularmente en los alrededores de Calzada, 3ra y 5ta, registraron acumulaciones de agua que afectaron la movilidad peatonal y vehicular. Las imágenes difundidas en redes sociales mostraron tramos anegados y agua avanzando sobre la vía pública, una escena recurrente cuando coinciden marejadas con frentes fríos intensos.
Advertencias oficiales y llamado a la precaución
Autoridades de la capital emitieron alertas dirigidas a residentes de los consejos populares Vedado-Malecón y Rampa, recomendando evitar transitar por las zonas inundadas y mantenerse atentos a los comunicados oficiales. El llamado se centró en reducir riesgos, especialmente en áreas donde el agua puede ocultar huecos, cables eléctricos o irregularidades del pavimento.
Aunque el evento fue descrito como de intensidad moderada en comparación con penetraciones marítimas más severas ocurridas en años anteriores, el episodio evidenció nuevamente la vulnerabilidad estructural de la franja costera habanera.
Un fenómeno recurrente en el invierno cubano
La penetración del mar en el litoral habanero es un fenómeno habitual durante la temporada de frentes fríos, especialmente entre los meses de diciembre y marzo. La orientación norte de la ciudad la expone directamente a los vientos intensos y a la marejada generada en el estrecho de la Florida.
Cada episodio reabre el debate sobre la necesidad de fortalecer la infraestructura costera, modernizar los sistemas de drenaje pluvial y desarrollar estrategias de adaptación frente al incremento de eventos extremos vinculados a variaciones climáticas.
Carlos Espinosa Betancourt, administrador del grupo en Facebook “Maravilloso Malecón”, explicó que este tipo de evento suele presentarse cuando se registra fuerte oleaje vinculado al paso de frentes fríos. No obstante, advirtió que el impacto podría intensificarse debido a la acumulación de desechos en la vía pública.

Infraestructura, drenaje y vulnerabilidad urbana
Vecinos de las zonas afectadas señalaron que los problemas de drenaje, la acumulación de desechos sólidos y el deterioro de alcantarillas contribuyen a que el agua permanezca estancada por más tiempo. Esta combinación agrava los efectos de cada evento meteorológico y multiplica el impacto en la vida cotidiana.
En varios puntos del Vedado y áreas cercanas al litoral, residentes han advertido que los sistemas pluviales no tienen la capacidad suficiente para evacuar grandes volúmenes de agua en períodos cortos, especialmente cuando coinciden lluvias, marejada y vientos intensos. La obstrucción de tragantes por basura y sedimentos reduce aún más la capacidad de drenaje, provocando que calles enteras queden anegadas durante horas.
La infraestructura envejecida de varios barrios costeros dificulta la rápida evacuación del agua, mientras que el oleaje sostenido asociado a frentes fríos incrementa la presión sobre el muro del Malecón de La Habana y las áreas colindantes.
En determinados tramos, el impacto constante de las olas facilita que el agua salte el muro y se introduzca en el entramado urbano, afectando edificaciones antiguas, sótanos y plantas bajas. A ello se suma la erosión progresiva de la franja costera y el desgaste estructural acumulado tras décadas de exposición a eventos meteorológicos extremos.
Especialistas han señalado en diversas ocasiones que la vulnerabilidad no responde únicamente a la intensidad del fenómeno climático, sino también a la planificación urbana histórica de la capital, donde numerosos inmuebles residenciales y vías principales se encuentran a escasos metros del mar y a niveles relativamente bajos respecto al nivel medio del agua. Esta realidad convierte cada frente frío con marejada en un desafío recurrente para la ciudad.

Impacto social y percepción ciudadana
Más allá de los daños materiales puntuales, estos eventos afectan la rutina de miles de residentes, alteran rutas de transporte y generan incertidumbre en comunidades que viven a escasos metros del litoral. En redes sociales, usuarios compartieron fotografías y comentarios que reflejan preocupación, pero también resignación ante un fenómeno que consideran parte de la cotidianidad invernal en la capital.
Mientras las autoridades mantienen el monitoreo meteorológico, la ciudad enfrenta un nuevo recordatorio de su vulnerabilidad costera, en un contexto donde los desafíos estructurales y climáticos convergen de manera cada vez más visible.





