Donald Trump prevé participar en audiencia de la Corte Suprema donde se evaluará eliminar la ciudadanía por nacimiento

Donald Trump y la Corte Suprema. Foto: Video de YouTube de Milenio

La Corte Suprema de Estados Unidos se enfrenta a una decisión de alto impacto que podría alterar uno de los pilares más arraigados del sistema jurídico del país: la ciudadanía por nacimiento. El caso surge a partir de una orden ejecutiva impulsada por Donald Trump, que propone restringir este derecho constitucional y reabrir el debate sobre el alcance de la Decimocuarta Enmienda de Estados Unidos.

La discusión no solo tiene implicaciones legales, sino también políticas y sociales, en un contexto donde la inmigración sigue siendo uno de los temas más polarizantes en la agenda nacional.


Un principio histórico en disputa

La ciudadanía por nacimiento, basada en el principio del jus soli, ha sido interpretada durante más de un siglo como una garantía amplia e inclusiva. Desde su adopción en 1868, la Decimocuarta Enmienda buscó establecer un criterio claro y uniforme de ciudadanía tras la Guerra Civil, evitando ambigüedades legales sobre quién debía ser considerado estadounidense.

El texto constitucional establece que toda persona nacida en el país y sujeta a su jurisdicción es ciudadana. Esta formulación ha sido reafirmada por decisiones judiciales históricas, como el caso United States v. Wong Kim Ark (1898), que consolidó la interpretación de que los hijos de inmigrantes —incluso aquellos sin estatus permanente— tienen derecho a la ciudadanía.

A lo largo de las décadas, este principio ha contribuido a definir el modelo de nación estadounidense como una sociedad basada en la integración territorial, en contraste con otros países que priorizan la ascendencia o el origen familiar.

La orden ejecutiva que encendió la controversia

La orden ejecutiva firmada en enero de 2025 por la administración Trump representa un intento de reinterpretar este principio. La medida propone excluir del reconocimiento automático de ciudadanía a los hijos de inmigrantes indocumentados y de personas con estatus temporal, como estudiantes, trabajadores con visas o turistas.

El argumento del gobierno se centra en la interpretación de la frase “sujetas a su jurisdicción”. Según esta postura, quienes no tienen una residencia legal permanente no estarían completamente bajo la autoridad jurídica de Estados Unidos, lo que abriría la puerta a limitar la ciudadanía por nacimiento.


Esta interpretación, sin embargo, rompe con el consenso jurídico predominante y ha sido calificada por numerosos expertos como una lectura restrictiva y controvertida del texto constitucional. Además, plantea interrogantes sobre el alcance del poder ejecutivo para redefinir derechos fundamentales sin pasar por el proceso de reforma constitucional.

Rechazo en tribunales y camino a la Corte Suprema

Desde su anuncio, la orden ejecutiva ha enfrentado múltiples desafíos legales en tribunales federales. En todos los casos revisados hasta ahora, los jueces han determinado que la medida probablemente viola la Constitución, lo que ha llevado a su bloqueo preventivo.

Las decisiones judiciales han subrayado que la interpretación tradicional de la Decimocuarta Enmienda está respaldada tanto por precedentes históricos como por la práctica administrativa continua del gobierno federal. En ese sentido, los tribunales han considerado que una orden ejecutiva no tiene el alcance suficiente para modificar un derecho de esta magnitud.

El caso ha escalado hasta la Corte Suprema, que ahora deberá pronunciarse sobre dos cuestiones clave: si el Ejecutivo puede reinterpretar la Constitución en este ámbito y si la definición de ciudadanía por nacimiento puede restringirse sin una enmienda formal.

Lo novedoso de esta audiencia es que ayer martes el presidente comunicó su intención de presentarse directamente en la audiencia oral, un gesto poco común que, de concretarse, no tiene precedentes para un mandatario en funciones. Esta eventual aparición ante la Corte se daría pocas semanas después de sus fuertes cuestionamientos al tribunal, luego de una decisión contraria a su política arancelaria, cuando llegó a señalar que los magistrados actuaron en contra de los principios constitucionales.

La propuesta de eliminar la ciudadanía por nacimiento se enmarca dentro de la estrategia migratoria impulsada por la administración Trump, caracterizada por medidas más restrictivas. Entre ellas destacan el incremento de las deportaciones, una reducción significativa en la admisión de refugiados, la paralización del acceso al asilo en la frontera y la revocación de protecciones legales temporales destinadas a personas que escapan de crisis políticas y económicas.

Un impacto masivo: cientos de miles de bebés en riesgo

Las cifras reflejan la magnitud del posible cambio. Según estima la Migration Policy Institute y del Population Research Institute de la Universidad Estatal de Pensilvania más de 250.000 nacimientos anuales podrían verse afectados si la orden ejecutiva entra en vigor. Esto implicaría que un número significativo de niños nacidos en territorio estadounidense no se reconocerían como ciudadanos desde el momento de su nacimiento.

El impacto no se limitaría a familias en situación irregular. También afectaría a personas que residen legalmente en el país bajo visas temporales, generando un escenario de incertidumbre para amplios sectores de la población.

Además, la medida podría dar lugar a una nueva categoría de residentes sin ciudadanía, con implicaciones en áreas como el acceso a servicios, educación, empleo y derechos civiles. Expertos advierten que esto podría derivar en conflictos legales adicionales y en una mayor presión sobre el sistema migratorio.

Argumentos enfrentados: Constitución vs reinterpretación

El caso refleja un enfrentamiento directo entre dos visiones jurídicas. Por un lado, el gobierno argumenta que la Constitución no establece de forma explícita que todos los nacidos en el país deban ser ciudadanos, dejando margen para interpretaciones más restrictivas.

Por otro lado, los demandantes —entre ellos organizaciones de derechos civiles, estados y expertos constitucionales— sostienen que la interpretación histórica es clara y consistente. Argumentan que modificar este principio mediante una orden ejecutiva socavaría la estabilidad jurídica y sentaría un precedente peligroso sobre el alcance del poder presidencial.

El proceso que ahora evalúa el tribunal se originó en New Hampshire, donde el juez federal de distrito Joseph N. LaPlante concluyó que la orden “probablemente contraviene” tanto la Constitución como la legislación federal vigente.

El año anterior, la jueza Sonia Sotomayor describió el intento de la administración Trump de mantener vigente la orden como “una tarea imposible a la luz del texto de la Constitución, su historia, los precedentes de este tribunal, la ley federal y la práctica del Poder Ejecutivo”.

Sonia contó con el respaldo de los otros dos magistrados del ala liberal al emitir un voto en desacuerdo frente a la decisión adoptada por los seis jueces conservadores del tribunal. En ese fallo, la mayoría aprovechó una fase previa del litigio sobre la ciudadanía por nacimiento para restringir el uso de medidas cautelares de alcance nacional por parte de jueces federales.

Un precedente que podría redefinir la política migratoria

La decisión de la Corte Suprema tendrá implicaciones que van mucho más allá del caso específico. Un fallo a favor de la orden ejecutiva podría redefinir el concepto de ciudadanía en Estados Unidos y otorgar al poder ejecutivo una mayor capacidad para influir en su interpretación.

“Tenemos al presidente de Estados Unidos intentando reinterpretar radicalmente la definición de ciudadanía estadounidense”, comentó la directora legal de la Unión Americana de Libertades Civiles, Cecillia Wang quien comparecerá antes el juez Sauer.

Por el contrario, si el tribunal rechaza la medida, reafirmaría la interpretación tradicional de la Decimocuarta Enmienda y limitaría el alcance de acciones ejecutivas en materia constitucional.

En ambos escenarios, el fallo marcará un precedente clave para futuras disputas sobre inmigración y derechos civiles, en un contexto donde la política migratoria continúa siendo un eje central del debate público.

Un debate que trasciende lo legal

Más allá de los argumentos jurídicos, el caso pone de relieve cuestiones fundamentales sobre identidad, pertenencia y el modelo de sociedad que representa Estados Unidos. La ciudadanía por nacimiento ha sido históricamente un mecanismo de integración que ha permitido a generaciones de inmigrantes formar parte del país desde su nacimiento.

El cuestionamiento de este principio introduce una nueva dimensión en el debate nacional, con implicaciones que alcanzan tanto el ámbito legal como el social y político.

A la espera del fallo, el país se encuentra ante una encrucijada: mantener una interpretación histórica de la Constitución o abrir la puerta a un cambio que podría redefinir el significado de ser ciudadano estadounidense en el siglo XXI.


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