
La ya frágil estabilidad del sistema eléctrico cubano volvió a resentirse este lunes tras la salida de servicio de la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, la mayor planta de generación del país, que sufrió una nueva avería en horas de la madrugada.
De acuerdo con un comunicado de la Unión Eléctrica en su cuenta de Facebook el fallo registrado alrededor de las 3:00 a.m., se debió a una ponchadura en la caldera, una incidencia técnica que ha sido recurrente en esta instalación y que obliga a paralizar completamente sus operaciones. La desconexión ocurre en un momento crítico, con un sistema electroenergético nacional operando al límite de su capacidad.
El incidente tiene lugar en medio de una prolongada crisis energética, con jornadas continuas de cortes eléctricos que se extienden hasta por 22 horas. En ese escenario, el déficit del sistema alcanzó los 1,752 MW durante el pico de demanda registrado en la noche del domingo de Pascua.
Un golpe directo al corazón del sistema eléctrico
La Guiteras no es una planta más dentro del sistema energético cubano. Con una capacidad aproximada de 250 megavatios, su aporte representa entre el 20% y el 25% de la generación térmica del país, lo que la convierte en una pieza clave para sostener el suministro eléctrico.
Su salida inmediata tiene un efecto dominó: incrementa el déficit de generación, obliga a redistribuir cargas y amplía los apagones en todo el territorio. Antes de esta nueva avería, el país ya enfrentaba un déficit superior a los 1.700 MW en el horario pico nocturno, una cifra que refleja la magnitud del desequilibrio entre oferta y demanda.
Con la planta fuera de servicio, la brecha energética se amplía aún más, agravando una crisis que ya impacta de forma sostenida a millones de cubanos.
Apagones prolongados y deterioro de la vida cotidiana
El impacto más visible de esta crisis se siente en los hogares. En varias provincias, los apagones han alcanzado hasta 22 horas diarias, dejando a comunidades enteras con apenas unas pocas horas de electricidad.
Esta situación afecta de manera directa la vida cotidiana: la conservación de alimentos se vuelve precaria, el acceso al agua se ve interrumpido por la falta de bombeo eléctrico, y los servicios básicos, incluidos hospitales y centros educativos, operan bajo condiciones de inestabilidad.
El sector productivo también sufre las consecuencias, con interrupciones constantes que afectan desde la industria hasta pequeños negocios, profundizando el deterioro económico en un contexto ya marcado por la escasez y la inflación.
Fallas repetidas en una infraestructura envejecida
La Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, inaugurada en 1988, arrastra un historial de fallas que se ha intensificado en los últimos años. Solo en lo que va de 2026, la planta ha salido del sistema en cuatro ocasiones por problemas similares: salideros, grietas y roturas en la caldera.
El 2 de febrero, debido a una falla en la “nodriza” de la caldera; el 9 de febrero, a causa de una fisura en su estructura; el 4 de marzo, por un escape que dejó sin servicio eléctrico a cerca de dos tercios del país, desde Camagüey hasta Pinar del Río; y el 16 de marzo, cuando otra avería en la caldera desencadenó el colapso total del Sistema Eléctrico Nacional durante 29 horas y 29 minutos.
Durante 2025, el panorama tampoco mostró mejoría: la planta registró al menos siete paradas de gran magnitud, provocadas por fallas recurrentes como pinchaduras, fugas, fisuras, averías en el recalentador y desperfectos en la zona inferior de la caldera.
Estas incidencias no son fortuitas, responden a un deterioro acumulado por décadas de explotación intensiva, unido a limitaciones estructurales como la falta de mantenimiento profundo, la escasez de piezas de repuesto y la insuficiente inversión en modernización tecnológica. El resultado es un sistema vulnerable, donde cada avería no solo es más probable, sino también más difícil de resolver en plazos cortos.
Crisis energética estructural: más allá de una planta
Aunque la Guiteras es un elemento central, la crisis energética cubana no se limita a una sola instalación. El sistema electroenergético nacional depende en gran medida de un grupo reducido de termoeléctricas con décadas de explotación, muchas de ellas operando por encima de su vida útil.
A esto se suma la inestabilidad en el suministro de combustible, las dificultades logísticas para importar recursos energéticos y las limitaciones financieras que enfrentan las autoridades para sostener inversiones a gran escala.
El resultado es un sistema altamente frágil, donde cualquier fallo —como el ocurrido en la Guiteras— tiene un impacto inmediato y generalizado.
Malestar social en aumento
La prolongación de los apagones ha comenzado a traducirse en un creciente malestar social. En distintos puntos del país se han reportado protestas y manifestaciones de inconformidad, impulsadas por la frustración ante la falta de soluciones visibles a corto plazo.
La energía eléctrica, más que un servicio básico, se ha convertido en un indicador directo de la crisis estructural que atraviesa el país, afectando tanto la estabilidad económica como el clima social.
Un sistema al límite y sin margen real de respuesta
La reiterada salida de servicio de la Guiteras no es solo una falla técnica más: es la confirmación de que el sistema eléctrico cubano opera en condiciones de extrema fragilidad, sin reservas suficientes para absorber nuevos golpes.
Cada avería reduce aún más el margen de maniobra, incrementa la dependencia de infraestructuras deterioradas y prolonga un ciclo de apagones que afecta todos los niveles de la vida nacional. Sin inversiones estructurales, acceso estable a combustible y una modernización profunda del sistema, la crisis no solo persistirá, sino que tenderá a agravarse.
En este escenario, la energía deja de ser un problema sectorial para convertirse en un factor determinante de la estabilidad económica y social del país. La Guiteras, lejos de ser una excepción, se ha transformado en el símbolo más visible de un sistema que funciona al borde del colapso, donde cada fallo ya no es una contingencia, sino parte de una crisis estructural que sigue sin una salida clara en el horizonte inmediato.





