Crisis energética en Cuba sin freno: otra unidad fuera de servicio eléctrico por fallas en una turbina

Termoeléctrica Ernesto Guevara. Foto: Video de YouTube de Canal Caribe

La crisis energética en Cuba continúa escalando tras la salida de servicio de la Unidad 1 de la Central Termoeléctrica Ernesto Guevara de la Serna, en Santa Cruz del Norte, una instalación considerada estratégica dentro del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). La avería, provocada por fallas en el sistema de regulación de la turbina, se produjo en horario nocturno, cuando la demanda energética alcanza uno de sus picos diarios, lo que multiplicó su impacto inmediato en la red.

Este nuevo incidente reportado por el sitio oficialista Cubadebate ocurrió a las 8:12 pm a la par con una protesta desarrollada en el municipio capitalino de Playa. Esta situación solo incrementa los apagones, sino que confirma la fragilidad operativa de un sistema que depende de un número limitado de unidades generadoras activas y que carece de reservas suficientes para compensar fallas inesperadas.


Déficit energético estructural: generación insuficiente frente a una alta demanda

El SEN ya enfrentaba un desequilibrio crítico entre generación y consumo antes de esta avería. Con una disponibilidad de aproximadamente 1,927 MW frente a una demanda estimada superior a los 3,500 MW, el déficit superaba los 1,600 MW, lo que obligaba a aplicar apagones programados de gran escala.

La pérdida de unos 55 MW adicionales, correspondientes a la unidad afectada, agrava aún más este escenario. Aunque en términos absolutos pueda parecer una cifra limitada, dentro de un sistema altamente tensionado representa la diferencia entre estabilidad parcial y colapso operativo en determinadas regiones.

Este déficit no es coyuntural, sino estructural: responde a años de limitaciones en la capacidad de generación, ausencia de inversiones sostenidas y una creciente demanda energética que el sistema no logra satisfacer.

Múltiples fallas simultáneas: el sistema opera con capacidades reducidas

La complejidad de la crisis radica en la simultaneidad de fallas y mantenimientos que afectan a varias plantas clave. Entre las unidades fuera de servicio destacan la Unidad 2 de la termoeléctrica Felton, afectada por avería, así como instalaciones en Mariel, Renté y Nuevitas, sometidas a procesos de mantenimiento o reparación prolongados.

A este panorama se suman limitaciones térmicas que restringen más de 526 MW de generación, así como un déficit cercano a los 931 MW asociado a la falta de combustible, uno de los factores más determinantes en la actual crisis.


Esta combinación de fallas técnicas y limitaciones logísticas evidencia un sistema que no solo enfrenta problemas de infraestructura, sino también dificultades en el abastecimiento energético necesario para sostener la operación de sus plantas.

La salida de la CTE Antonio Guiteras y el agravamiento del sistema

Uno de los eventos más críticos recientes fue la desconexión el pasado lunes de la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, la mayor generadora del país, con una capacidad cercana a los 250 MW. La avería en su caldera provocó un impacto inmediato en la red, disparando los niveles de afectación eléctrica hasta alcanzar cifras cercanas a los 1,871 MW.

La importancia de esta planta radica en su peso dentro del sistema: su salida reduce de manera significativa la capacidad de generación base, obligando a redistribuir cargas y aumentar los apagones en amplias zonas del país.

Desde entonces, el SEN no ha logrado recuperar su estabilidad, y cada nueva incidencia —como la ocurrida en la planta Ernesto Guevara— amplifica los efectos acumulativos de una red debilitada.

La central termoeléctrica Ernesto Guevara de la Serna está integrada a la Empresa Santa Cruz del Norte, entidad que lidera la producción de electricidad en el país. Con una capacidad de 480 megavatios, esta instalación representa cerca del 12% del total de la generación eléctrica nacional.

La instalación funciona utilizando crudo nacional, lo que reduce la necesidad de importar combustible por un valor aproximado de 400,000 dólares diarios. Sin embargo, sus unidades han presentado fallas frecuentes durante 2025 y 2026.

En particular, la Unidad 1 había quedado fuera de servicio el 15 de febrero de 2026, mientras que la Unidad 3 sufrió una salida de emergencia en octubre de 2025 y volvió a fallar en diciembre del mismo año, lo que en ese momento profundizó un déficit energético que superaba los 1,900 MW.

Apagones prolongados y efectos acumulativos en la población

Los apagones en Cuba han evolucionado hacia un fenómeno prolongado y generalizado. En numerosas provincias, los cortes de electricidad superan las 20 horas diarias, lo que impacta directamente en la vida cotidiana de millones de personas.

El 16 de marzo de 2026 se produjo un colapso total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) que se extendió por 29 horas y 29 minutos, seguido de otro apagón general el 22 de marzo. Posteriormente, el 1 de abril se registró una afectación máxima de 1,945 MW. En medio de este escenario, la población enfrenta cortes de electricidad que pueden prolongarse hasta 24 horas al día en distintas zonas del país.

Las consecuencias abarcan múltiples dimensiones: deterioro de alimentos por falta de refrigeración, interrupciones en el suministro de agua debido a la dependencia de sistemas eléctricos de bombeo, afectaciones en hospitales y centros de salud, así como paralización parcial de la actividad económica.

Asimismo, la inestabilidad del servicio limita el acceso a internet y telecomunicaciones, afectando tanto el ámbito personal como el laboral. La incertidumbre en los horarios de apagones también dificulta la planificación de actividades básicas, generando un desgaste social sostenido.

Factores estructurales: envejecimiento, combustible y falta de mantenimiento

El deterioro del sistema eléctrico cubano responde a una combinación de factores estructurales. Entre los más relevantes se encuentran el envejecimiento del parque termoeléctrico, compuesto en gran medida por unidades con décadas de explotación, la falta de mantenimiento adecuado y la escasez de recursos para modernizar la infraestructura.

A esto se suma la limitada disponibilidad de combustible, que restringe la operación de plantas generadoras y reduce la capacidad de respuesta ante picos de demanda.

La Central Ernesto Guevara, por ejemplo, ha registrado múltiples fallas en los últimos años, lo que evidencia no solo problemas técnicos puntuales, sino también un patrón de vulnerabilidad persistente en instalaciones clave.

Un sistema sin capacidad de recuperación inmediata

Uno de los elementos más preocupantes es la ausencia de margen operativo dentro del SEN. Sin reservas energéticas ni capacidad de generación flexible, el sistema depende de la estabilidad de cada unidad en funcionamiento.

Esto significa que cualquier nueva avería —incluso de pequeña magnitud— puede desencadenar afectaciones masivas, ampliando los apagones y dificultando la recuperación del sistema.

La falta de redundancia y de mecanismos de respaldo convierte al sistema eléctrico cubano en una red altamente vulnerable, expuesta a fallos recurrentes y con limitada capacidad de recuperación a corto plazo.

Perspectivas: una crisis prolongada sin solución inmediata

El escenario energético en Cuba apunta a una continuidad de la crisis en el corto y mediano plazo. La combinación de fallas técnicas, limitaciones de combustible y deterioro de la infraestructura sugiere que los apagones seguirán siendo una constante.

La salida de la Unidad 1 de la CTE Ernesto Guevara no constituye un evento aislado, sino un reflejo de una problemática estructural que afecta a todo el sistema.

En este contexto, la crisis eléctrica se consolida como uno de los principales desafíos del país, con repercusiones directas en la economía, la estabilidad social y la calidad de vida de la población.


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