
El Senado de Estados Unidos aprobó una resolución destinada a limitar la capacidad del presidente Donald Trump para ordenar acciones militares contra Venezuela sin autorización previa del Congreso, en una votación que ha generado amplio debate político y jurídico en Estados Unidos y que vuelve a colocar en el centro la separación de poderes en materia de política exterior.
La resolución fue adoptada por un margen estrecho y contó con el respaldo de la totalidad del bloque demócrata incluyendo Tim Kaine y de un grupo de senadores republicanos, entre ellos Rand Paul, Josh Hawley, Lisa Murkowski, Susan Collins y Todd Young reflejando una preocupación bipartidista sobre el uso de la fuerza militar sin control legislativo contra la nación sudamericana. Aunque el texto no tiene carácter vinculante por sí mismo, sí representa una advertencia política clara al Ejecutivo y marca una posición institucional del Senado.
“Es hora de que el Congreso ejerza su control sobre acciones militares de este tipo, y es hora de sacar esto del secreto y ponerlo a la luz”, dijo Kaine. El legislador alertó que el asalto, durante el cual resultaron heridos militares estadounidenses, marca un preocupante aumento en la intensidad del conflicto y subraya la necesidad de un debate público amplio, así como de un estricto control y revisión constitucional de las acciones emprendidas.
El contexto que impulsó la medida
La iniciativa surge tras una operación militar estadounidense en territorio venezolano que, según varios legisladores, se llevó a cabo sin una consulta adecuada al Congreso. Dicha operación culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, un hecho que elevó las tensiones regionales y provocó cuestionamientos inmediatos en Washington sobre los límites de la autoridad presidencial.
Para los senadores que promovieron la resolución, este episodio evidenció la necesidad de reforzar los mecanismos de supervisión legislativa, especialmente cuando las decisiones del Ejecutivo pueden derivar en conflictos prolongados o tener consecuencias geopolíticas de gran alcance.
Qué establece la resolución
El texto aprobado reafirma que cualquier acción militar futura contra Venezuela debe contar con la autorización expresa del Congreso antes de las 48 horas, salvo en casos estrictamente defensivos o de emergencia inmediata. En ese sentido, recuerda que el presidente no puede iniciar hostilidades prolongadas de manera unilateral, una prerrogativa que la Constitución reserva al poder legislativo.
Si bien la resolución no impide automáticamente nuevas operaciones, sí condiciona políticamente al Ejecutivo y sienta las bases para eventuales acciones legislativas más contundentes, como leyes vinculantes o restricciones presupuestarias.
La resolución busca impedir que Trump vuelva a ejecutar acciones como la captura de Maduro sin la participación del Legislativo, limitando el despliegue de tropas, los bombardeos u otras operaciones militares en territorio venezolano sin la autorización explícita del Congreso.
La Ley de Poderes de Guerra en el centro del debate
El argumento legal de fondo se apoya en la Ley de Poderes de Guerra de 1973, una norma aprobada tras la guerra de Vietnam para limitar la capacidad del presidente de involucrar al país en conflictos armados sin el consentimiento del Congreso.
“El pueblo estadounidense se pregunta qué diablos está pasando en Venezuela y por qué este presidente, que hizo campaña con el lema ‘Estados Unidos primero’, ahora dedica todo su tiempo a escapadas en el extranjero”, dijo el demócrata Chuck Schumer.
Los defensores de la resolución sostienen que esta ley sigue siendo un pilar del control democrático y que su incumplimiento debilita el equilibrio constitucional. Según varios senadores, el Ejecutivo debe informar con antelación y obtener autorización cuando las operaciones superan acciones puntuales o encubiertas.
Desde la otra orilla, los críticos argumentan que el presidente necesita margen de maniobra para actuar con rapidez ante amenazas externas, especialmente en contextos de seguridad nacional complejos.
Divisiones dentro del Partido Republicano
Uno de los elementos más llamativos de la votación fue el respaldo de varios senadores republicanos a una iniciativa que limita al presidente Donald Trump. Este apoyo puso de manifiesto fisuras internas dentro del partido gobernante y una corriente que defiende una interpretación más estricta de los poderes constitucionales.
“Si el presidente decidiera: ‘¿Saben qué? Necesito desplegar tropas en Venezuela’, creo que eso requeriría la intervención del Congreso”, comentó Hawley. “El Congreso tiene tendencia a filtrar información. No sería bueno que filtraran información, creo que el resultado habría sido muy diferente”, agregó.
Para estos legisladores, la discusión no se centra únicamente en Venezuela, sino en establecer precedentes claros que eviten futuras acciones militares sin supervisión del Congreso, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.
De acuerdo con el secretario de Estado, Marco Rubio, se trató de una “misión condicionada” que exigía el máximo nivel de discreción. “Simplemente no es el tipo de operación en la que puedes llamar a la gente y decir: ‘Oye, quizás hagamos esto en algún momento de los próximos 15 días’”, explicó.
Repercusiones políticas y diplomáticas
Aunque la resolución puede ser vetada si se intenta convertir en ley, su aprobación eleva el costo político de cualquier intervención futura y envía un mensaje tanto al Ejecutivo como a la comunidad internacional. Analistas señalan que el Senado busca reafirmar su rol como contrapeso institucional y reducir el riesgo de decisiones unilaterales con consecuencias imprevisibles.
En el plano diplomático, la medida también introduce un elemento de cautela en la relación de Estados Unidos con América Latina, al subrayar que las acciones militares no cuentan con consenso automático dentro del sistema político estadounidense.
Una vez confirmada la operación —denominada Resolución Absoluta—, Trump justificó su decisión de no informar con antelación a los líderes del Capitolio, argumentando que hacerlo habría puesto en riesgo la seguridad de la misión.
Amenazas regionales y proyección estratégica global
El debate también se ha ampliado hacia otras señales de presión geopolítica impulsadas por Donald Trump. En el plano regional, legisladores y analistas advierten que Cuba podría convertirse en un próximo foco de tensiones, ante un discurso cada vez más duro de Washington que apunta a reforzar sanciones y medidas de seguridad bajo el argumento de contener amenazas en el Caribe. Aunque no se han anunciado operaciones concretas, el tono empleado ha reavivado temores sobre posibles acciones unilaterales con impacto directo en la isla y en la estabilidad regional.
En paralelo, la mirada de Trump se ha proyectado más allá del hemisferio occidental. Sus reiteradas declaraciones sobre Groenlandia han sido interpretadas como parte de una estrategia de reposicionamiento global, centrada en el control de territorios clave por su valor geopolítico, militar y económico. Para críticos en el Congreso, esta combinación de presión sobre Cuba y ambiciones en el Ártico refuerza la preocupación por una política exterior marcada por decisiones ejecutivas de alto impacto, tomadas sin suficiente consulta legislativa ni debate público previo.
“Estas tonterías sobre Groenlandia distraen del buen trabajo que está haciendo el presidente. Y los aficionados que dijeron que era una buena idea deberían perder sus trabajos”, advirtió el republicano Thom Tillis en un tono más desafiante.
Un precedente con alcance más amplio
Más allá del caso venezolano, la resolución podría influir en futuros debates sobre intervenciones en otras regiones, especialmente en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y redefiniciones estratégicas. Para muchos legisladores, el objetivo es claro: evitar que decisiones de enorme trascendencia se concentren en una sola figura del poder ejecutivo.
En definitiva, la votación del Senado no frena de inmediato la política exterior de la Casa Blanca, pero marca límites políticos y simbólicos que reconfiguran el debate sobre guerra, autoridad presidencial y control democrático en Estados Unidos, con Venezuela como epicentro de una discusión que trasciende fronteras.





