
Una sola pregunta fue suficiente para remover emociones profundas entre varios artistas cubanos que viven fuera del país: ¿Qué harías si pudieras regresar a Cuba? Las respuestas, recogidas en un video difundido por CiberCuba, conforman un retrato íntimo del exilio, marcado por la nostalgia, la memoria personal y una esperanza que, pese al tiempo y la distancia, permanece intacta.
Las declaraciones fueron realizadas por actores y creadores vinculados a la puesta en escena de la obra “Fresa y Chocolate”, presentada actualmente en Miami. Desde ese contexto artístico, los testimonios trascienden el escenario y se convierten en una reflexión colectiva sobre lo que significa Cuba para quienes no han podido volver.
Regresar no como gesto político, sino humano
Lejos de grandes consignas, los artistas coinciden en que el primer impulso ante un eventual regreso sería profundamente personal. Roberto San Martín expresó que lo primero que haría sería visitar la tumba de sus abuelos. “Me gustaría ir a visitar la tumba de mis abuelos, que no me pude despedir de ellos. Creo que tengo esa deuda pendiente” comentó.
Ese sentimiento de deuda emocional se repite en otras voces. Albertico Pujol habló de reencontrarse con un amigo apenas pisar el aeropuerto y convencerlo de emigrar al país de las oportunidades. Me bajaría en el aeropuerto. Ahí me iba a estar esperando seguramente Ernesto Giménez. Y ahí mismo, con la maleta en la mano, le digo: ‘¿Tú estás aquí todavía, chico? Dale, vamos.’ Lo traería para acá dos minutos después”, dijo mientras sonreía.
Mientras tanto Luis Manuel Bangan evocó el balcón de la casa donde creció, un espacio cotidiano que encierra recuerdos de infancia y pertenencia. “Volvería al balcón de la casa donde crecí, que ya no es mi casa, donde tuve tantos momentos lindos conmigo mismo y hoy que soy otra persona, me gustaría volver a vivirlo”, menciona el joven.
La Cuba que vive en los lugares
Para otros artistas, la idea de regresar está ligada a recorrer espacios que forman parte de la identidad colectiva cubana. Yerlín Pérez mencionó caminar por la calle 23 y disfrutar un helado en Coppelia, una escena sencilla pero cargada de simbolismo para varias generaciones. «Voy a entrar, me voy a tomar un helado suavecito, rico, que yo espero que en ese momento haya todos los sabores”, advirtió la humorista.
En esa misma línea, Yuliet Cruz imaginó pasear por el Malecón junto a su familia y reencontrarse con amistades. “Ay, ir con mi familia hasta el Malecón, hablar con el mar, disfrutar, festejar, pasarla bien, reunirme con los amigos, ver a la gente, saludarnos de lejos”, añadió la esposa de Leoni Torres.
Jeffry Batista expresó su deseo de recorrer toda la isla, reconectarse con su cultura y redescubrir el país que dejó atrás. “Alquilar un carro y recorrer toda Cuba para así empaparme de su cultura y de lo lindo que es”, manifestó el joven actor.
Estos testimonios muestran una Cuba que no se define por titulares ni discursos, sino por calles, rutinas y vínculos afectivos que permanecen vivos en la memoria del exilio.
El regreso como esperanza compartida
Aunque la nostalgia atraviesa todas las respuestas, el mensaje final del video no es de resignación. Susana Pérez cerró con una nota de optimismo al imaginar un atardecer en el Malecón y expresar su convicción de que ese regreso será posible. “¿Pero sabes qué cosa es lo más lindo? Que eso va a ocurrir pronto, más pronto de lo que nos imaginamos», concluyó.
Esa frase funciona como hilo conductor del conjunto: la idea de volver no es solo un anhelo individual, sino una esperanza colectiva ligada a la posibilidad de una Cuba donde regresar no sea un sueño aplazado.
Un país que sigue esperando a los suyos
Las respuestas de estos artistas no hablan solo de nostalgia, hablan de una herida que sigue abierta. Cuba no es, para ellos, un punto en el mapa ni un recuerdo lejano: es una tumba que no pudieron visitar, un balcón que aún los espera, un helado pendiente en Coppelia, un abrazo interrumpido por la distancia.
El exilio ha obligado a miles de cubanos a construir nuevas vidas lejos de casa, pero no ha logrado borrar el deseo profundo de volver. Ese anhelo persiste incluso cuando el regreso parece imposible, cuando el tiempo pasa y las ausencias se acumulan.
Quizás por eso estas palabras conmueven tanto. Porque no reclaman, no acusan, no prometen. Solo recuerdan que hay un país fragmentado, con una parte de su gente viviendo lejos, soñando con el día en que volver no sea un acto de fe, sino un derecho.
Mientras tanto, Cuba sigue siendo esa idea que se lleva a todas partes. Y quienes se marcharon continúan esperando, convencidos de que algún día ese regreso dejará de ser un sueño para convertirse, por fin, en realidad.





