
Cuba volvió a enfrentar un apagón generalizado tras la desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), un evento que dejó a amplias zonas del país sin electricidad y agravó aún más la crisis energética que atraviesa la isla desde hace varios años.
De acuerdo con la Unión Eléctrica (UNE) el colapso del sistema eléctrico provocó la interrupción del servicio en numerosas provincias y obligó a las autoridades a activar protocolos de emergencia para intentar restablecer gradualmente la red. El incidente ocurre en un momento especialmente delicado para el país, donde los apagones prolongados ya forman parte de la rutina diaria de millones de ciudadanos.
“Ocurrió una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Comienzan a implementarse los protocolos para el restablecimiento. Continuaremos informando”, explicó la UNE en su cuenta de Facebook al mediodía de este lunes.
Este nuevo evento vuelve a poner en evidencia las debilidades estructurales de la red energética cubana, una infraestructura envejecida que opera bajo presión constante debido a la escasez de combustible, las averías recurrentes en centrales termoeléctricas y la falta de inversiones sostenidas durante décadas.
El colapso del Sistema Electroenergético Nacional
El apagón se produjo después de que el Sistema Electroenergético Nacional quedara completamente desconectado, una situación conocida técnicamente como “cero energético”. Cuando ocurre este tipo de colapso, todas las plantas generadoras dejan de operar de manera sincronizada, lo que provoca la pérdida total del suministro eléctrico en la red nacional.
En Cuba, el SEN está compuesto por un conjunto de centrales termoeléctricas, plantas de generación distribuida, parques solares y unidades de generación móvil que trabajan interconectadas a través de una extensa red de transmisión. Sin embargo, el sistema opera con márgenes muy reducidos de estabilidad debido a la limitada capacidad de generación disponible.
Cuando se produce una avería importante, una sobrecarga o una desconexión en cascada dentro de la red, el sistema puede perder estabilidad rápidamente y provocar un colapso general. Este tipo de eventos ya ha ocurrido en otras ocasiones en los últimos años, reflejando la fragilidad estructural del sistema energético cubano.
El Ministerio de Energía y Minas indicó por su parte en su cuenta de X que se han iniciado averiguaciones para determinar qué provocó el apagón, aunque hasta ahora no se han divulgado detalles adicionales sobre el incidente.
El informe publicado por la Unión Eléctrica (UNE) para el 16 de marzo reflejaba que la jornada previa estuvo marcada por apagones durante todo el día debido a un déficit en la capacidad de generación eléctrica, una situación que además se extendió a las primeras horas de la madrugada.
Durante esa jornada, el momento de mayor impacto en el servicio se registró a las 7:20 de la noche, cuando la afectación alcanzó los 1.891 megavatios. La empresa explicó que ese nivel superó lo que se había previsto inicialmente, ya que el consumo de electricidad fue mayor al estimado en los pronósticos.
Incluso antes de que se produjera la desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), el sistema ya atravesaba un escenario muy delicado. A las 6:00 de la mañana del propio 16 de marzo, la UNE reportaba una disponibilidad de apenas 1.140 megavatios frente a una demanda que ascendía a 2.347, lo que implicaba un déficit inmediato de 1.220 megavatios.
Las proyecciones para el mediodía tampoco eran alentadoras, ya que se estimaba que la afectación en el servicio eléctrico rondaría los 1.250 megavatios.
Cómo funciona el proceso para recuperar la electricidad
Tras la desconexión total del sistema eléctrico, los técnicos deben iniciar un complejo proceso conocido como “arranque en negro”, que permite reiniciar la red eléctrica desde cero. Este procedimiento comienza con el encendido de determinadas plantas generadoras que tienen la capacidad de arrancar sin depender de la red nacional. Estas unidades producen los primeros bloques de electricidad necesarios para alimentar subestaciones y reactivar gradualmente otros generadores.
A partir de ese punto, los ingenieros comienzan a sincronizar progresivamente las centrales eléctricas y a reconectar circuitos de transmisión para reconstruir la red. Este proceso requiere precisión técnica y coordinación entre múltiples instalaciones del país.
Si se intenta restaurar el sistema demasiado rápido, existe el riesgo de que se produzca una nueva caída del sistema eléctrico, por lo que las autoridades suelen realizar la reconexión de manera escalonada.
Dependiendo del estado de las plantas generadoras y de la disponibilidad de combustible, la recuperación completa del servicio puede tardar varias horas o incluso prolongarse durante un día entero en algunas regiones.
Un sistema eléctrico envejecido y vulnerable
La crisis energética en Cuba está estrechamente vinculada al deterioro de su infraestructura eléctrica, gran parte de la cual fue construida entre las décadas de 1970 y 1980. Muchas de las principales centrales termoeléctricas del país —como las de Mariel, Nuevitas, Felton o Renté— han superado ampliamente su vida útil técnica y operan con constantes fallas y reparaciones de emergencia.
Entre las incidencias reportadas, la Unión Eléctrica (UNE) señaló fallas en varias unidades generadoras del país, entre ellas la unidad 5 de la central termoeléctrica (CTE) de Mariel; las unidades 2 y 3 de la CTE de Santa Cruz; la unidad 2 de la CTE Felton; y las unidades 3 y 6 de la CTE Antonio Maceo.
A estas averías se añadían además labores de mantenimiento programado en otras instalaciones del sistema eléctrico, específicamente en la unidad 6 de la CTE Mariel, la unidad 5 de la CTE Nuevitas y la unidad 4 de la CTE Carlos Manuel de Céspedes, ubicada en la provincia de Cienfuegos.
La falta de inversiones suficientes para modernizar la red, sumada a décadas de explotación intensiva de las plantas generadoras, ha creado un sistema energético altamente frágil.
A pesar de ese escenario complejo, la Unión Eléctrica estimaba que durante el horario pico podría incorporarse al sistema la unidad 4 de la central termoeléctrica de Cienfuegos, con una capacidad de 80 megavatios, la cual se encontraba en fase de arranque.
Bajo esa previsión, la empresa calculaba que la disponibilidad total alcanzaría los 1.220 megavatios frente a una demanda máxima proyectada de 3.150. Ese desbalance suponía un déficit de 1.930 megavatios y una afectación estimada de aproximadamente 1.960 megavatios durante el momento de mayor consumo eléctrico.
Ademá con los 52 nuevos parques solares fotovoltaicos generaron en conjunto 4.262 megavatios hora, alcanzando una potencia máxima de 732 megavatios alrededor del mediodía. No obstante, ese aporte energético resultó insuficiente para frenar el deterioro de la situación eléctrica ni para evitar la posterior desconexión total del sistema.
Escasez de combustible y déficit de generación
A la fragilidad estructural del sistema eléctrico se suma la escasez de combustible, uno de los factores que más ha agravado la crisis energética en los últimos meses. Las autoridades cubanas han reconocido recientemente que el país ha enfrentado dificultades para asegurar el suministro de petróleo necesario para alimentar las centrales eléctricas. En algunos momentos, incluso se ha reportado la ausencia de cargamentos de combustible durante semanas.
La reducción de los envíos de petróleo desde aliados tradicionales como Venezuela, así como problemas logísticos y financieros para adquirir combustible en el mercado internacional, han limitado aún más la capacidad de generación del país. Como consecuencia, el sistema eléctrico opera frecuentemente con déficits diarios de generación, lo que obliga a implementar apagones programados que en algunas provincias superan las diez o doce horas al día.
Consecuencias para la vida cotidiana de los cubanos
Los apagones prolongados tienen un impacto directo en la vida diaria de la población. La falta de electricidad afecta desde las tareas domésticas más básicas hasta el funcionamiento de servicios esenciales. Muchas familias enfrentan dificultades para conservar alimentos debido a la falta de refrigeración, especialmente en un contexto donde los productos son escasos y costosos.
Los cortes eléctricos también afectan el suministro de agua potable, ya que en muchas ciudades el bombeo depende de sistemas eléctricos. Cuando ocurre un apagón prolongado, numerosos barrios pueden quedarse sin agua durante horas.
En el sector económico, los apagones reducen la productividad de empresas estatales y negocios privados, interrumpen procesos industriales y complican el funcionamiento de comercios y restaurantes. Además, el calor tropical agrava el impacto de los apagones, ya que millones de personas deben pasar largas horas sin ventilación ni aire acondicionado.
Creciente malestar social por los apagones
El deterioro del sistema eléctrico se ha convertido en uno de los principales focos de descontento social en Cuba. En los últimos años, los apagones prolongados han desencadenado protestas espontáneas en varias ciudades del país. En algunos casos, los ciudadanos han salido a las calles a exigir soluciones ante los extensos cortes eléctricos.
Las redes sociales también se han convertido en un espacio donde miles de cubanos denuncian los apagones, comparten imágenes de barrios completamente a oscuras y critican la situación energética del país.
Para muchos analistas, los apagones representan uno de los síntomas más visibles de la crisis económica que atraviesa la isla, marcada también por escasez de alimentos, combustible y medicamentos.
Un desafío estructural para el futuro energético del país
El nuevo colapso del Sistema Electroenergético Nacional vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de modernizar la infraestructura energética de Cuba. Especialistas han señalado que el país requiere inversiones multimillonarias para renovar sus centrales termoeléctricas, ampliar el uso de energías renovables y mejorar la red de transmisión eléctrica.
En los últimos años se han impulsado algunos proyectos solares y eólicos, pero estos aún representan una fracción pequeña de la generación total del país. Mientras tanto, el sistema continúa operando con márgenes mínimos de estabilidad, lo que significa que cualquier avería significativa puede provocar nuevamente un apagón de gran magnitud.
La desconexión total del sistema eléctrico registrada ahora es un recordatorio más de la profunda vulnerabilidad energética que enfrenta Cuba, una crisis que sigue afectando directamente la vida de millones de ciudadanos en toda la isla.





