Alligator Alcatraz vuelve a estar en el debate: Abogada de El Chulo rompe el silencio y denuncia que lo maltrataron y aislaron en el centro de detención

Foto: Video de Instagram de gladyscarredegua y elchulo

El reguetonero cubano El Chulo, cuyo nombre real es Abel Díaz Rodríguez, se encuentra nuevamente en el centro de la controversia tras la denuncia presentada por su equipo legal sobre presuntos malos tratos dentro del centro de detención migratoria Alligator Alcatraz en los Everglades..

De acuerdo con declaraciones ofrecidas por su abogada Gladys Carredeguas en su cuenta de Instagram, al artista lo golpearon y derribaron al suelo para después enviarlo a una celda de aislamiento —conocida entre los reclusos como “el hueco”— luego de un incidente ocurrido dentro de la instalación.


El origen del altercado

Según defendió la letrada el conflicto se produjo cuando varios detenidos exigieron medicamentos urgentes para un interno de edad avanzada que, presuntamente, no estaba recibiendo la atención médica necesaria. En ese contexto, El Chulo habría intervenido o apoyado la reclamación, lo que derivó en la respuesta disciplinaria que ahora se denuncia como agresión física y castigo desproporcionado.

La abogada sostuvo que a su cliente lo sometieron con fuerza y aislado como medida de represalia. Hasta el momento, no se ha divulgado una postura oficial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) respecto a estas acusaciones. “Si escuchaste que El Chulo fue golpeado y puesto en solitario, eso es real”, aseguró la abogada quien hace unos días visitó el controvertido centro de detención.

Señalamientos sobre las condiciones de detención

El equipo legal también cuestionó las condiciones generales dentro del centro, describiendo problemas relacionados con la alimentación y la asistencia médica. Según las declaraciones recogidas, existirían dificultades para acceder a medicamentos y atención oportuna, especialmente en el caso de internos con padecimientos crónicos o de edad avanzada.

Otra abogada que visitó la instalación indicó que el artista se encontraba “deprimido” y que había presentado mareos y vómitos tras ingerir agua en el lugar. Estos elementos han sido utilizados por la defensa para reforzar su argumento sobre un entorno que consideran inadecuado.

El centro se conoce como “Alligator Alcatraz”, una instalación que en ocasiones es objeto de debate en redes sociales y espacios mediáticos por sus condiciones y protocolos de seguridad.


Situación migratoria y antecedentes

El Chulo permanece bajo custodia desde el 22 de enero debido a una orden de deportación pendiente desde 2018, según explicó su defensa. El proceso no estaría relacionado con nuevos cargos criminales, sino con un expediente migratorio previo.

En el pasado, autoridades migratorias lo vincularon con la organización Latin Kings, señalamiento que su equipo legal ha negado de forma reiterada. La defensa sostiene que no existen pruebas concluyentes que respalden esa relación como algunos detenidos que si pertenecen a esa pandilla y desmienten que el cantante sea parte del clan.

Reacciones y debate público

La denuncia ha provocado reacciones en redes sociales, donde seguidores del artista y activistas por los derechos de los migrantes han pedido transparencia y revisión del caso. Algunos usuarios han solicitado investigaciones independientes sobre el trato a los detenidos en centros migratorios federales.

El propio artista habría enviado un mensaje solicitando apoyo y visibilidad para su situación y la de otros internos. La defensa insiste en que se garantice su integridad física, acceso a atención médica adecuada y revisión de las medidas disciplinarias adoptadas.

Un caso que trasciende lo individual

Más allá de la situación particular del reguetonero, el caso vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre las condiciones en centros de detención migratoria en Estados Unidos, especialmente cuando involucran a figuras públicas que amplifican la atención mediática.

Mientras el proceso legal continúa, la denuncia de su abogada abre un nuevo capítulo en la trayectoria judicial del artista y plantea interrogantes sobre los protocolos de actuación en este tipo de instalaciones.


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