
Después de más de seis meses marcados por la angustia, la incertidumbre médica y complejos trámites migratorios, la niña cubana Mía Rey Jiménez, de apenas dos años, llegó finalmente a Miami para comenzar un tratamiento especializado contra un neuroblastoma metastásico, una forma agresiva de cáncer infantil que compromete seriamente su pronóstico de vida.
La llegada de Mía a Estados Unidos no solo representa un alivio para su familia, sino que también ha conmovido a amplios sectores de la comunidad cubana dentro y fuera de la isla, que han seguido de cerca su historia como un símbolo de lucha, resiliencia y esperanza frente a las limitaciones del sistema sanitario cubano para atender enfermedades complejas.
Un diagnóstico devastador que cambió el rumbo de la familia
El neuroblastoma metastásico es un cáncer poco frecuente, pero altamente agresivo, que afecta principalmente a niños pequeños. En el caso de Mía, el diagnóstico llegó cuando aún no había cumplido los dos años, obligando a sus padres a tomar decisiones urgentes en medio de un escenario adverso.
En Matanzas, Cuba, la familia se enfrentó a la falta de tratamientos avanzados y protocolos especializados para este tipo de enfermedad oncológica. Ante la progresión del tumor y el riesgo vital que implicaba, los padres optaron por salir del país en busca de alternativas médicas que ofrecieran mayores probabilidades de supervivencia para su hija.
Un largo recorrido médico por Centroamérica
El camino hacia una atención más especializada no fue inmediato. La familia viajó primero a Nicaragua y luego a Costa Rica, donde Mía logró recibir atención médica más avanzada que la disponible en la isla. En territorio costarricense, a la menor la sometieron a sesiones de quimioterapia y a una cirugía de alto riesgo, en un intento por frenar el avance del cáncer.
“Gracias a Dios salió bien, porque ella es una guerrera, ella tiene ganas de vivir”, comentó su madre Liudmila Jiménez Matos quien no ha perdido las esperanzas de ver curada a su pequeña.
A pesar de estos esfuerzos, los médicos advirtieron que el tumor se encontraba en una fase muy avanzada y que las posibilidades de curación seguían siendo limitadas (40%) puesto que el tumor había afectado a la vena aorta y la cava. El tiempo jugaba en contra, y la necesidad de acceder a un centro de alta especialización se volvía cada vez más urgente.
Además advirtieron que Mía continúa enfrentando un cuadro complejo: persiste una lesión pulmonar y la enfermedad se ha extendido a la médula ósea, afectando seriamente la capacidad de su cuerpo para generar células madre.
La visa humanitaria: un obstáculo clave
Con la mirada puesta en Estados Unidos, la familia inició gestiones para obtener una visa humanitaria que permitiera trasladar a Mía al hospital Nicklaus Children’s, en Miami especializado en oncología. Sin embargo, la solicitud la denegaron inicialmente, lo que representó un duro golpe para los padres y prolongó semanas de angustia e incertidumbre.
La negativa puso de manifiesto las dificultades que enfrentan muchas familias migrantes cuando intentan acceder a tratamientos médicos de emergencia, incluso en casos infantiles con riesgo vital, donde cada día puede marcar la diferencia.
No obstante, un grupo de abogados de The Founders Law se hizo cargo del caso de forma gratuita y presentaron una apelación formal para convencer a las autoridades migratorias, pero no recibieron respuesta alguna.
Intervención política y giro en el caso
El caso de Mía comenzó a ganar visibilidad pública, especialmente entre la diáspora cubana y activistas que reclamaban una solución humanitaria urgente. En ese contexto, intervino la congresista María Elvira Salazar, quien, junto a un equipo legal, impulsó gestiones ante las autoridades migratorias estadounidenses. “La oficina de María Elvira Salazar trabajó mano a mano con nosotros, y honestamente hizo un tremendo trabajo”, dijo Lissette Herrera de la firma de abogados mencionada.
Tras semanas de trámites y evaluaciones, se concedió finalmente una excepción humanitaria, permitiendo la entrada legal de la niña y su familia a Estados Unidos con el único objetivo de recibir atención médica especializada.
“Más feliz no puedo estar. Va a ser recibida por unos médicos que la están esperando hace mucho tiempo. Eso simplemente es amor por su profesión y por salvar otra niña más”, dijo Jiménez al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Miami.
Un aterrizaje cargado de esperanza en Miami
El arribo de Mía a Miami sus familiares lo describen como un momento profundamente emotivo. Después de meses de traslados, hospitales y trámites, el vuelo que la llevó a suelo estadounidense simbolizó una nueva oportunidad de vida.
Una vez en la ciudad, a la menor la trasladaron al Nicklaus Children’s Hospital, uno de los centros pediátricos de referencia en el sur de Florida y reconocido internacionalmente por sus programas de oncología infantil.
Un pronóstico más alentador gracias a la medicina especializada
Según la información divulgada tras la evaluación inicial, los especialistas del hospital consideran que Mía puede acceder ahora a protocolos de tratamiento avanzados, inexistentes en etapas anteriores de su recorrido médico. Las estimaciones médicas elevan sus probabilidades de éxito hasta un 85 %, una cifra significativamente más alta que la que se manejaba antes de su llegada a Estados Unidos.
El plan terapéutico incluye tratamientos oncológicos de última generación, seguimiento multidisciplinario y cuidados intensivos adaptados a su corta edad y a la agresividad del tumor.
Un caso que trasciende lo individual
La historia de Mía ha trascendido el ámbito familiar para convertirse en un reflejo de una problemática más amplia: la dificultad de acceso a tratamientos médicos complejos en Cuba y la dependencia de vías excepcionales —humanitarias, legales o políticas— para que pacientes graves puedan recibir atención fuera del país.
También pone en evidencia el papel que juegan las comunidades migrantes, los activistas y los representantes políticos en la resolución de casos humanitarios urgentes, especialmente cuando se trata de niños con enfermedades potencialmente mortales.
Esperanza, comunidad y futuro
Mientras Mía inicia su tratamiento en Miami, su familia se aferra a la esperanza de una recuperación que parecía inalcanzable meses atrás. Su historia continúa generando muestras de apoyo y solidaridad, al tiempo que reabre el debate sobre el acceso a la salud, la migración humanitaria y las desigualdades en la atención médica especializada.
Para muchos, el caso de esta niña cubana resume una realidad dolorosa, pero también demuestra que, en medio de la adversidad, la combinación de solidaridad, visibilidad pública y voluntad política puede abrir caminos donde antes solo había incertidumbre.





