
El Gobierno de Estados Unidos colocó nuevamente a Cuba en el centro de su agenda de seguridad nacional al publicar un informe que atribuye al régimen de La Habana más de seis décadas de espionaje, infiltración institucional, subversión política y operaciones de influencia dentro del territorio estadounidense.
El documento, titulado Cuba: La Capital del Comunismo del Siglo XXI, fue difundido por el Departamento de Estado y promovido públicamente por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien aseguró que los estadounidenses tienen derecho a conocer la dimensión de las actividades desarrolladas por la inteligencia cubana desde los primeros años posteriores al triunfo de la revolución de 1959.
La tesis expuesta por Washington es que las operaciones cubanas no constituyeron acciones aisladas ni se limitaron al robo de información diplomática o militar. De acuerdo con el informe, La Habana habría desarrollado una estrategia de largo plazo destinada a penetrar instituciones gubernamentales, reclutar personas con acceso privilegiado, promover redes de respaldo político y alimentar movimientos radicales dentro de Estados Unidos.
“Durante más de seis décadas, el régimen cubano ha sido el principal patrocinador del izquierdismo radical y el tercermundismo en Estados Unidos”, afirmó Rubio al presentar el documento en sus redes sociales. El funcionario sostuvo que el Departamento de Estado busca revelar lo que calificó como la historia completa del espionaje y la subversión cubana en el país.
«El Departamento de Estado está exponiendo la historia completa del espionaje y la subversión cubana en nuestro país. El pueblo americano merece saberlo», advirtió Rubio.
Estados Unidos denuncia una operación construida durante décadas
Una de las principales advertencias del informe es que los servicios cubanos lograron actuar durante largos periodos dentro de algunas de las estructuras más sensibles del Gobierno estadounidense.
El documento señala que agentes o colaboradores vinculados a La Habana penetraron instituciones como el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Pentágono. Algunos habrían conseguido ocupar puestos de elevada responsabilidad y permanecer activos durante años sin ser identificados.
Según la interpretación de Washington, la estrategia cubana se basó en la paciencia y en la capacidad de detectar personas que podían convertirse en fuentes de información a medida que avanzaran profesionalmente dentro del Gobierno, las Fuerzas Armadas o la comunidad de inteligencia.
Esto habría permitido a Cuba obtener datos de valor estratégico pese a la enorme diferencia de recursos existente entre sus organismos de inteligencia y las agencias estadounidenses.
El informe presenta estas operaciones como una política de Estado sostenida bajo diferentes administraciones cubanas. Su objetivo habría sido conocer anticipadamente las decisiones de Washington, proteger los intereses del régimen y debilitar la capacidad estadounidense para actuar en Cuba y en otras zonas de América Latina.
Víctor Manuel Rocha, uno de los casos más profundos de infiltración
Entre los expedientes mencionados destaca el del exdiplomático Víctor Manuel Rocha, acusado de trabajar clandestinamente para Cuba durante aproximadamente medio siglo. Rocha desarrolló una extensa carrera dentro del servicio exterior estadounidense y ocupó puestos que le proporcionaron acceso directo a información reservada sobre América Latina, seguridad regional y política exterior.
Entre sus responsabilidades estuvieron la de embajador de Estados Unidos en Bolivia, director de Asuntos Interamericanos del Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Bill Clinton y asesor del Comando Sur, la estructura militar encargada de las operaciones estadounidenses en América Latina y el Caribe.
Según el artículo de referencia, su colaboración con Cuba habría comenzado alrededor de 1973 y se prolongó hasta su arresto en diciembre de 2023. La duración de la operación convirtió su caso en uno de los ejemplos más alarmantes sobre la capacidad de la inteligencia cubana para mantener fuentes encubiertas dentro del Gobierno estadounidense.
El entonces fiscal general Merrick Garland describió el expediente como una de las infiltraciones más profundas y prolongadas sufridas por el Gobierno de Estados Unidos a manos de un agente extranjero.
La gravedad del caso no se explica únicamente por los cargos que ocupó Rocha. También reside en la posibilidad de que participara durante décadas en la elaboración o ejecución de políticas relacionadas precisamente con la región donde Cuba tenía intereses estratégicos.
En 2026, el Departamento de Justicia presentó además una demanda para revocarle la ciudadanía estadounidense, una medida que amplía las consecuencias legales derivadas de su cooperación con La Habana.
Ana Belén Montes y el acceso cubano a secretos de defensa
Otro de los casos utilizados por el Departamento de Estado para demostrar el alcance de la infiltración es el de Ana Belén Montes, quien trabajó como analista de alto nivel en la Agencia de Inteligencia de Defensa.
A Montes la reclutaron los servicios cubanos en 1984 y durante años tuvo acceso a evaluaciones altamente sensibles sobre las capacidades militares de Cuba, las operaciones estadounidenses en América Latina y los métodos utilizados por las agencias de inteligencia.
El informe sostiene que entregó a La Habana las identidades de al menos cuatro agentes encubiertos, la ubicación de una instalación militar secreta en El Salvador y datos sobre un programa satelital valorado en miles de millones de dólares.
Su posición dentro de la comunidad de inteligencia le permitía influir además en los análisis que llegaban a funcionarios encargados de tomar decisiones. Por esa razón, el daño atribuido a Montes no habría consistido únicamente en revelar información, sino también en distorsionar potencialmente la manera en que Washington evaluaba las intenciones y capacidades del Gobierno cubano.
Michelle Van Cleave, exdirectora de Contrainteligencia Nacional, declaró ante el Congreso que Montes comprometió prácticamente todo lo que Estados Unidos conocía sobre Cuba en aquel momento.
Su caso continúa siendo estudiado como ejemplo de una infiltración ideológica. A diferencia de otros espías motivados principalmente por dinero, Montes habría actuado por convicciones políticas, una característica que puede dificultar la detección temprana de los colaboradores.
La inteligencia cubana y su estrategia de reclutamiento
Los servicios cubanos han sido descritos históricamente por antiguos funcionarios estadounidenses como estructuras más eficaces de lo que podría sugerir el tamaño o la situación económica de la isla. El informe cita a James Olson, exjefe de Contrainteligencia de la CIA, quien los calificó como unos de los mejores servicios de inteligencia.
Olson considera que los casos conocidos podrían ser apenas una pequeña parte de las infiltraciones que realmente existieron. Según su valoración, es posible que otras redes o fuentes hayan operado sin ser descubiertas.
«Son un adversario muy formidable. Eran muy profesionales, muy disciplinados y tenían una vendetta contra Estados Unidos… Los cubanos han penetrado nuestro gobierno. Les garantizo que solo conocemos la punta del iceberg. Son mucho mejores que el KGB», reconoció el exfuncionario americano.
Esa afirmación refuerza una de las principales preocupaciones del documento: que los expedientes públicamente revelados no permitan calcular el verdadero alcance de la penetración cubana.
A diferencia de operaciones destinadas a obtener resultados inmediatos, las redes de largo plazo pueden mantener a una fuente durante años en puestos de bajo o mediano nivel, esperando que con el tiempo alcance mayores responsabilidades. Este método reduce la necesidad de realizar acciones arriesgadas y permite que el agente se integre gradualmente en el entorno institucional hasta convertirse en una persona de confianza.
Una disputa que trasciende el espionaje convencional
El informe del Departamento de Estado amplía sus acusaciones más allá de los casos judiciales de espionaje. Washington sostiene que el Gobierno cubano también desarrolló un proyecto de influencia política basado en el marxismo, el anticolonialismo y el llamado “tercermundismo”, una corriente que presentó a Estados Unidos y a otras democracias occidentales como estructuras opresoras responsables de las desigualdades internacionales.
Según el documento, La Habana habría aprovechado conflictos raciales, movimientos contra la guerra y protestas sociales para promover narrativas destinadas a debilitar la confianza en las instituciones estadounidenses.
El reporte menciona la influencia cubana sobre organizaciones radicales del siglo XX como los Panteras Negras y Weather Underground. También intenta establecer vínculos ideológicos con movimientos más recientes, incluidos grupos contrarios a las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y organizaciones relacionadas con Black Lives Matter.
Estas últimas afirmaciones forman parte de la argumentación política del Departamento de Estado y deben diferenciarse de los casos de espionaje que sí derivaron en procesos judiciales y condenas.
La existencia de coincidencias ideológicas, contactos internacionales o simpatías políticas no demuestra por sí sola que todos los participantes en un movimiento actúen bajo órdenes de un Gobierno extranjero.
Sin embargo, el informe sostiene que Cuba utilizó históricamente una combinación de propaganda, apoyo político, entrenamiento y relaciones personales para ampliar su influencia dentro de determinados sectores de la izquierda estadounidense.
El papel de Cuba en los movimientos radicales de los años sesenta y setenta
La confrontación entre Cuba y Estados Unidos tuvo una dimensión especialmente intensa durante la Guerra Fría. Tras el establecimiento del Gobierno revolucionario encabezado por Fidel Castro y su alineamiento con la Unión Soviética, La Habana pasó a respaldar organizaciones políticas y movimientos guerrilleros en América Latina, África y otras regiones.
Estados Unidos afirma que esa política también alcanzó a grupos radicales dentro de su propio territorio. El informe recuerda que el FBI contabilizó aproximadamente 2,500 atentados cometidos en Estados Unidos durante un periodo de 18 meses entre 1971 y 1972. La cifra equivale a un promedio cercano a cinco ataques diarios y refleja la intensidad de la violencia política que afectó al país durante aquellos años.
El Departamento de Estado relaciona parte de esa ola de atentados con organizaciones de extrema izquierda que habrían recibido apoyo, orientación, refugio o facilidades proporcionadas por Cuba.
El documento presenta este episodio como evidencia de que la política cubana no buscaba exclusivamente proteger al régimen frente a una intervención estadounidense, sino fomentar una transformación revolucionaria más amplia. La Habana, por su parte, ha defendido históricamente su respaldo a diferentes movimientos como parte de una política de solidaridad internacional y lucha contra el colonialismo.
Cuba como centro de operaciones durante la Guerra Fría
La ubicación geográfica de la isla convirtió a Cuba en un punto estratégico desde el inicio de su alianza con Moscú. Situada a unas 90 millas de Florida, la isla ofrecía a la Unión Soviética una plataforma cercana al territorio continental estadounidense. Esa importancia quedó demostrada durante la Crisis de los Misiles de 1962, cuando la instalación de armamento nuclear soviético en Cuba llevó al mundo al borde de una confrontación directa.
Aunque el informe analizado se concentra principalmente en el espionaje y las operaciones de influencia, ese antecedente explica por qué Washington observa con especial preocupación cualquier presencia militar o tecnológica de sus adversarios en la isla. Durante décadas, instalaciones de inteligencia ubicadas en Cuba permitieron recopilar señales, comunicaciones y datos relacionados con las actividades de Estados Unidos.
Con la desaparición de la Unión Soviética, algunas de esas capacidades disminuyeron, pero el Departamento de Estado sostiene que la creciente participación de China y Rusia está devolviendo a la isla parte de su antigua relevancia estratégica.
China y Rusia amplían sus capacidades de inteligencia desde Cuba
El componente más actual del informe se refiere al crecimiento de las operaciones rusas y chinas en territorio cubano. Según la publicación, China y Rusia han multiplicado por tres desde 2023 la cantidad de personal de inteligencia desplegado en instalaciones situadas en la isla.
Cuba posee 18 centros conocidos de inteligencia de señales, tres de ellos operados por China. Washington considera que esas instalaciones permiten recopilar comunicaciones electrónicas, rastrear movimientos militares y obtener información estratégica sobre el sureste de Estados Unidos.
La inteligencia de señales incluye la interceptación y análisis de comunicaciones, emisiones de radar, transmisiones militares, enlaces satelitales y otras fuentes electrónicas.
La proximidad de Cuba ofrece una ventaja importante para ese tipo de operaciones. Desde la isla es posible observar una región que incluye instalaciones militares, centros de lanzamiento espacial, bases navales, corredores marítimos y una amplia concentración de infraestructura federal. El informe sostiene que Moscú y Beijing consideran sus instalaciones cubanas entre sus puestos de escucha más importantes en el extranjero.
Por qué Florida tiene un valor estratégico especial
La posición de Cuba frente a Florida incrementa la preocupación de Washington. El estado alberga instalaciones militares y de seguridad consideradas esenciales, entre ellas la sede del Comando Sur, responsable de las operaciones estadounidenses en América Latina y el Caribe.
También se encuentran en Florida bases aéreas y navales, centros vinculados a la industria espacial y puertos fundamentales para el comercio y las operaciones militares. Una red de inteligencia desplegada desde Cuba podría intentar monitorear comunicaciones, ejercicios, movimientos de embarcaciones o actividades relacionadas con esas instalaciones.
La amenaza no implica necesariamente que todos los datos recopilados sean secretos. Una parte importante del trabajo moderno de inteligencia consiste en combinar información pública, señales electrónicas y patrones de actividad para construir evaluaciones estratégicas. La creciente digitalización de las comunicaciones amplía además el volumen de información potencialmente accesible.
La alianza entre La Habana, Moscú y Beijing
La relación de Cuba con Rusia y China responde tanto a intereses políticos como económicos y estratégicos. Moscú mantiene una relación histórica con La Habana heredada del periodo soviético y considera a Cuba un aliado capaz de proyectar influencia cerca de Estados Unidos.
China, por su parte, ha ampliado su presencia económica y diplomática en América Latina durante las últimas décadas. Para Beijing, Cuba puede ofrecer una ubicación excepcional para recopilar información sobre su principal competidor internacional. El Gobierno cubano obtiene a cambio apoyo político, cooperación tecnológica, inversiones y posibles líneas de financiamiento en momentos de grave crisis económica.
Washington interpreta esa relación como una amenaza que supera el ámbito bilateral entre Cuba y Estados Unidos. La isla sería, según el informe, una plataforma desde la cual potencias rivales pueden desarrollar operaciones dirigidas contra intereses estadounidenses.
El endurecimiento de la política de Washington hacia Cuba
La publicación del documento ocurre en medio de una creciente presión de la administración del presidente Donald Trump contra La Habana durante 2026. El Gobierno estadounidense ha anunciado varias rondas de sanciones, restricciones contra entidades cubanas y medidas dirigidas a funcionarios considerados vinculados con las estructuras políticas, económicas o de inteligencia de la isla.
También se produjo la deportación de un exfuncionario del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, conocido por sus siglas ICAP. Washington considera que esa institución ha sido utilizada históricamente para promover relaciones políticas internacionales, construir redes de solidaridad y desarrollar campañas favorables al Gobierno cubano.
El artículo de referencia señala además que 145 organizaciones favorables a Cuba son investigadas por posibles violaciones de la Ley de Registro de Agentes Extranjeros.
Qué establece la Ley de Registro de Agentes Extranjeros
La Ley de Registro de Agentes Extranjeros, conocida como FARA por sus siglas en inglés, exige que determinadas personas o entidades que actúan bajo dirección, control o financiamiento de gobiernos extranjeros informen al Departamento de Justicia sobre sus actividades.
El propósito de la norma no es prohibir automáticamente la defensa pública de una causa internacional, sino garantizar transparencia cuando una organización realiza actividades políticas en representación de un actor extranjero. Por esa razón, la apertura de una investigación no equivale a una acusación formal ni demuestra que una organización haya cometido un delito.
Las autoridades deben establecer si existía una relación de dirección o control con una potencia extranjera y si las actividades realizadas estaban sujetas a los requisitos de registro. El interés sobre esas organizaciones refleja, sin embargo, la intención de Washington de examinar con mayor rigor las redes políticas, académicas y de solidaridad vinculadas con La Habana.
La narrativa de una confrontación ideológica
El informe concluye con una interpretación amplia del enfrentamiento entre Cuba y Estados Unidos. Según el Departamento de Estado, la agresión atribuida a La Habana nunca tuvo como causa fundamental una simple disputa por sanciones, soberanía o política económica.
«La agresión de Cuba contra Estados Unidos nunca fue, en el fondo, una disputa sobre política económica o soberanía. Fue una revolución contra la civilización occidental misma, librada en parte mediante el insidioso método de persuadir a los hijos de Occidente para que se volvieran contra su propia herencia», sostiene el Departamento de Estado.
Esta formulación muestra que la administración estadounidense busca colocar el conflicto con Cuba dentro de un marco internacional más amplio. La preocupación ya no se limita al Gobierno cubano ni a su capacidad militar. Incluye el uso de propaganda, redes sociales, organizaciones políticas, operaciones de inteligencia y alianzas con potencias como China y Rusia.
Una amenaza histórica que Washington considera vigente
El mensaje central de Marco Rubio es que las operaciones atribuidas a Cuba no pertenecen exclusivamente al pasado. Los casos de Víctor Manuel Rocha y Ana Belén Montes son presentados como ejemplos de una estrategia que consiguió penetrar instituciones estadounidenses durante décadas.
La expansión de instalaciones de inteligencia vinculadas a Rusia y China añade una dimensión tecnológica y geopolítica al problema. Washington considera que Cuba continúa teniendo valor estratégico pese al deterioro de su economía, la crisis de sus servicios públicos y la pérdida de influencia regional registrada desde el final de la Guerra Fría.
Su ubicación, sus relaciones internacionales y la experiencia de sus servicios de inteligencia permiten que la isla mantenga una relevancia superior a la que correspondería por el tamaño de su economía.
La difusión del informe podría servir como argumento para nuevas sanciones, controles migratorios, investigaciones de contrainteligencia y acciones legales relacionadas con personas u organizaciones sospechosas de actuar bajo la dirección de La Habana.
También podría profundizar la tensión diplomática entre ambos países y reforzar la cooperación de Estados Unidos con aliados regionales frente a las operaciones de China y Rusia en el Caribe.
Más de seis décadas después del comienzo del enfrentamiento entre Washington y el régimen cubano, el Departamento de Estado sostiene que la disputa se encuentra lejos de haber concluido.
La naturaleza de la amenaza habría cambiado: de los agentes tradicionales y las redes revolucionarias de la Guerra Fría a los sistemas de escucha electrónica, las campañas de influencia y la presencia tecnológica de potencias extranjeras.
Para la administración Trump, Cuba sigue siendo un punto estratégico desde el cual los principales adversarios de Estados Unidos pueden observar, influir y actuar a escasa distancia de las costas de Florida.




