
El humorista y actor cubano Ulises Toirac volvió a colocar a ETECSA en el centro de la polémica al cuestionar qué ha ocurrido con los millones de dólares recaudados por la empresa estatal después del fuerte aumento de tarifas aplicado en mayo de 2025.
Su crítica no se limitó esta vez al precio del internet o a la lentitud de la conexión. El artista apuntó directamente a la falta de baterías de respaldo en las torres de telefonía móvil, una deficiencia que deja incomunicadas a numerosas comunidades cada vez que se interrumpe el suministro eléctrico.
Con el tono irónico y el lenguaje popular que caracterizan sus publicaciones, Toirac preguntó cómo era posible que ETECSA no hubiera protegido su infraestructura después de multiplicar sus ingresos en divisas.
“ETECSA mi niña!!! Con todo el baro que has recogido después del tarifazo pa enderezar a los que te estaban robando —baro en inglés americano fresco y lozano— ¿y no le pones baterías a tus torres?”, escribió el domingo 12 de julio en Facebook.
La publicación terminó con una pregunta que resume buena parte del malestar acumulado por los clientes de la compañía: “¿Ontá toa esa magua?”, una manera coloquial de preguntar dónde está todo el dinero recaudado.
El comentario adquirió especial repercusión porque llegó en medio de una combinación explosiva: tarifas más altas, apagones prolongados, pérdida frecuente de cobertura y ausencia de explicaciones detalladas sobre las inversiones realizadas por la empresa.
ETECSA recauda más, pero las comunicaciones continúan colapsando
La denuncia de Toirac expone una contradicción que afecta diariamente a los cubanos. ETECSA justificó la modificación de sus tarifas señalando que necesitaba obtener divisas para recuperar su infraestructura, adquirir equipamiento y sostener una red deteriorada por años de falta de mantenimiento.
Sin embargo, más de un año después de la aplicación de las nuevas condiciones comerciales, las quejas por la calidad del servicio no han disminuido.
Los usuarios denuncian conexiones lentas, llamadas que se interrumpen, dificultades para activar paquetes, fallas en las plataformas digitales y pérdida total de la cobertura durante los cortes eléctricos.
El problema se vuelve especialmente grave en las zonas donde los apagones duran varias horas. Cuando las baterías de respaldo de una radiobase se agotan, o cuando la instalación no dispone de esos equipos, los teléfonos dejan de recibir señal aunque conserven carga.
De esta manera, una interrupción eléctrica termina provocando también un apagón de las comunicaciones.
La caída de las torres puede afectar simultáneamente las llamadas telefónicas, el envío de mensajes, la navegación por internet y el acceso a plataformas utilizadas para pagos electrónicos o transferencias de dinero.
Para muchas familias, además, el teléfono móvil representa la principal vía de contacto con parientes que viven fuera del país. Perder la cobertura durante horas o días incrementa la incertidumbre y el aislamiento en medio de una crisis nacional.
La falta de baterías agrava el impacto de la crisis eléctrica
El señalamiento del humorista se apoya en una realidad reconocida por la propia empresa. Un directivo de ETECSA admitió en junio de 2026 que la compañía no tenía suficientes baterías para garantizar el respaldo energético de todas sus radiobases.
Estos dispositivos permiten que las torres sigan funcionando durante un tiempo limitado después de que se interrumpe el suministro eléctrico. No obstante, su autonomía depende de la capacidad, el estado técnico y el mantenimiento recibido.
En condiciones normales, una batería puede cubrir una interrupción relativamente breve. El problema aparece cuando los cortes se prolongan durante diez, quince o más horas, como ocurre actualmente en amplias zonas de Cuba.
En esos casos, incluso las instalaciones que poseen respaldo terminan apagándose si no reciben nuevamente electricidad o si no cuentan con generadores alternativos.
La situación se complica porque las baterías también sufren desgaste. Los ciclos repetidos de carga y descarga reducen su vida útil, mientras la falta de piezas y recursos dificulta su sustitución.
Por ello, la crisis energética no solo expone las carencias del sistema eléctrico. También revela la fragilidad de una infraestructura de telecomunicaciones que depende de una red nacional incapaz de ofrecer un suministro estable.
El cuarto apagón total de 2026 dejó al descubierto la magnitud de la crisis
La nueva publicación de Toirac llegó pocos días después de otro momento crítico para el Sistema Electroenergético Nacional.
El 10 de julio de 2026 se produjo el cuarto apagón total registrado en Cuba durante el año. La generación disponible se situó en aproximadamente 935 megavatios frente a una demanda estimada de 3,100 megavatios, lo que reflejó la enorme brecha entre la electricidad necesaria y la capacidad real del país para producirla.
Dos días antes, el sistema había reportado un déficit de 2,341 megavatios. La afectación alcanzó alrededor del 73% de la población durante el horario de mayor consumo, según los datos citados en el texto de referencia.
En Matanzas se reportaron cortes eléctricos de hasta 87 horas consecutivas durante julio, mientras en La Habana las interrupciones rondaban un promedio de 15 horas diarias.
Estas cifras ayudan a explicar por qué las baterías tradicionales resultan insuficientes. Ningún sistema de respaldo concebido para emergencias breves puede sostener indefinidamente una red de telecomunicaciones sometida a apagones de esa duración.
Cuando las torres quedan fuera de servicio, los usuarios pueden pasar horas sin posibilidad de comunicarse, incluso en situaciones de urgencia médica, accidentes, incendios o cualquier otra emergencia.
También quedan afectados los pequeños negocios privados que utilizan internet para coordinar entregas, cobrar servicios, anunciar productos o mantener contacto con clientes.
El tarifazo que cambió el acceso a internet en Cuba
ETECSA aplicó el 30 de mayo de 2025 una profunda modificación de sus tarifas que restringió las recargas y compras realizadas en pesos cubanos, al tiempo que amplió las ofertas pagadas en divisas.
El cambio provocó un fuerte rechazo porque obligó a muchas personas a depender de dólares o de familiares residentes en el extranjero para mantener un nivel de conectividad que antes podían pagar en moneda nacional.
De acuerdo con los datos divulgados en el texto de referencia, la medida multiplicó por 13 el costo efectivo de determinados servicios de internet móvil.
La empresa defendió entonces la decisión argumentando que el modelo anterior era insostenible y que necesitaba captar moneda extranjera para comprar tecnología, piezas, baterías y otros recursos que no se producen en Cuba.
No obstante, el nuevo esquema profundizó la desigualdad en el acceso a las comunicaciones.
Quienes reciben remesas o tienen familiares en el exterior pueden adquirir paquetes y ofertas internacionales con mayor facilidad. En cambio, los trabajadores y jubilados que dependen exclusivamente de ingresos en pesos enfrentan mayores limitaciones para conectarse.
El internet dejó así de ser únicamente un servicio tecnológico para convertirse también en otro indicador de la brecha económica existente dentro de la sociedad cubana.
De 10,000 a 540,000 dólares diarios
Uno de los elementos que más alimenta la polémica es el crecimiento de los ingresos de ETECSA tras el aumento de precios.
Según cifras reconocidas por el primer ministro Manuel Marrero Cruz y recogidas por la publicación, la compañía pasó de recaudar aproximadamente 10,000 dólares diarios a ingresar alrededor de 540,000 dólares cada día.
Esto representa un incremento de 54 veces en la captación diaria de divisas.
En los primeros 46 días posteriores al tarifazo, la empresa habría acumulado cerca de 24.8 millones de dólares.
La cifra despertó expectativas sobre una rápida recuperación de la red. Los clientes esperaban que el dinero se utilizara para sustituir baterías, reparar radiobases, comprar nuevos equipos, ampliar la capacidad de transmisión y mejorar la velocidad de internet.
Sin embargo, esas transformaciones no han sido perceptibles para una parte considerable de los usuarios.
Las interrupciones continúan, el servicio se degrada durante las horas de mayor demanda y numerosas zonas pierden la señal cuando falla la electricidad.
Esta diferencia entre los ingresos anunciados y la experiencia cotidiana de los clientes es precisamente el centro de la crítica lanzada por Toirac.
¿En qué se gastaron los millones recaudados?
ETECSA no ha presentado públicamente un desglose exhaustivo que permita conocer cómo fueron utilizados los ingresos adicionales obtenidos después del tarifazo.
No se sabe con precisión cuánto dinero fue destinado a comprar baterías, cuántas radiobases recibieron sistemas de respaldo, qué equipos fueron importados ni qué porcentaje se empleó en reparaciones o expansión de la cobertura.
La falta de información alimenta las sospechas sobre la gestión de los recursos.
El cuestionamiento no implica necesariamente que no se hayan realizado inversiones, sino que la empresa no ha comunicado de manera suficientemente clara su alcance, costo y resultados.
En un contexto de tarifas elevadas y deterioro generalizado, la transparencia adquiere una importancia especial.
Los usuarios quieren saber no solo cuánto recauda el monopolio, sino también qué mejoras concretas reciben a cambio de los pagos realizados en divisas.
La ausencia de competencia refuerza esa demanda. Los clientes no tienen la posibilidad de abandonar ETECSA y contratar a otra compañía con mejores precios o cobertura.
Por tanto, la rendición de cuentas pública se convierte en uno de los pocos mecanismos disponibles para evaluar el desempeño de la empresa.
Cuba continúa entre los países con peor conexión
El incremento de los ingresos tampoco se ha traducido en una mejora suficiente de la velocidad de navegación.
Según los datos citados por el medio, Cuba mantenía una velocidad promedio de banda ancha fija de apenas 3.84 megabits por segundo y ocupaba el puesto 153 en una clasificación internacional elaborada por Speedtest.
La cifra evidencia la distancia que todavía separa al país de otros mercados regionales donde los usuarios disponen de conexiones considerablemente más rápidas.
La baja velocidad no solo dificulta el consumo de contenidos audiovisuales. También afecta la educación a distancia, el teletrabajo, las videollamadas, el comercio electrónico y el acceso a plataformas profesionales.
Para los trabajadores privados, artistas, periodistas independientes y emprendedores, una conexión inestable puede representar pérdidas económicas directas.
Los estudiantes, por su parte, encuentran obstáculos para descargar documentos, consultar materiales o participar en actividades académicas en línea.
En medio de apagones extensos, estas limitaciones se multiplican: primero se pierde la electricidad y, poco después, desaparece también la cobertura móvil.
Los pagos en divisas contrastan con la precariedad del servicio
Otro de los aspectos más cuestionados es que una parte creciente del servicio se comercializa mediante pagos vinculados a monedas extranjeras.
Las recargas internacionales realizadas por familiares emigrados constituyen una importante fuente de divisas para ETECSA.
Ese flujo coloca a la diáspora cubana en una posición central dentro del financiamiento del sistema de telecomunicaciones, pues muchas familias dependen de recargas enviadas desde Estados Unidos, España, México y otros países.
Pese a ello, quienes reciben esos beneficios dentro de Cuba no tienen garantía de una conexión estable.
Un cliente puede disponer de saldo, datos móviles y un paquete activo, pero quedar completamente incomunicado si la radiobase de su zona deja de operar.
Esta situación genera una percepción de injusticia: el servicio se cobra en moneda fuerte, pero su funcionamiento continúa dependiendo de una infraestructura vulnerable y de un sistema eléctrico en crisis.
Toirac ya había exigido explicaciones a ETECSA
La publicación del 12 de julio no fue el primer cuestionamiento del humorista sobre el destino de los fondos.
En junio de 2026, Toirac ya había preguntado públicamente dónde estaba el dinero recaudado por ETECSA y qué mejoras concretas se habían realizado después del aumento tarifario. La empresa no ofreció entonces una respuesta pública detallada, según el artículo de referencia.
Su insistencia demuestra que la preocupación va más allá de una falla puntual en el servicio.
El artista cuestiona el modelo de gestión de una compañía que recibe millones de dólares, mantiene precios elevados y, al mismo tiempo, no logra garantizar comunicaciones básicas durante los apagones.
La sátira le permite trasladar un problema técnico y financiero al lenguaje cotidiano de los cubanos.
En lugar de utilizar cifras aisladas o explicaciones empresariales, Toirac formula una pregunta directa que cualquier cliente puede comprender: si se recaudó tanto dinero, ¿por qué las torres siguen sin baterías?
Sus críticas provocaron una citación de la Seguridad del Estado
Los pronunciamientos públicos del humorista sobre ETECSA ya le habían generado presiones.
En junio de 2025 fue citado por la Seguridad del Estado. Según contó posteriormente, los agentes le comunicaron que sus críticas contra la compañía estatal habían causado incomodidad.
Toirac señaló entonces que, aparentemente, a las autoridades no les gustaban sus publicaciones sobre el monopolio de las telecomunicaciones.
La citación ocurrió poco después del tarifazo y mostró la sensibilidad política que rodea cualquier cuestionamiento público a una de las empresas estratégicas del Estado cubano.
A pesar de ello, el artista ha continuado opinando sobre la crisis económica, la escasez, los apagones y el deterioro de los servicios.
Sus publicaciones suelen combinar humor, frustración y crítica social, una fórmula que conecta con personas que viven diariamente los mismos problemas.
ETECSA conserva su monopolio durante varias décadas más
ETECSA controla los principales servicios de telefonía fija, telefonía móvil y acceso a internet en Cuba.
El Gobierno extendió su concesión hasta 2036, con la posibilidad de prolongarla nuevamente hasta 2066.
Esto significa que la compañía podría conservar durante décadas su posición exclusiva dentro del mercado cubano de las telecomunicaciones.
La ausencia de competidores reduce la presión comercial para mejorar la calidad, bajar los precios o brindar una atención más eficiente.
En otros mercados, un usuario inconforme puede cambiar de proveedor. En Cuba, esa opción no existe.
Todos los clientes dependen de la misma empresa, de sus tarifas, de su infraestructura y de las decisiones administrativas tomadas por el Estado.
Ese monopolio convierte cualquier fallo técnico en un problema nacional. Cuando ETECSA presenta dificultades, no existe una segunda red capaz de absorber a los usuarios afectados.
La empresa había reconocido que no podía modernizarse sin divisas
Antes del aumento tarifario, ETECSA reconoció que enfrentaba dificultades para financiar la modernización de sus redes.
La compañía aseguró que necesitaba divisas para importar tecnología y mantener equipos cuyo costo debía pagarse en el mercado internacional.
El tarifazo fue presentado como una respuesta a esa falta de recursos.
Sin embargo, la nueva recaudación también creó una obligación política y empresarial: demostrar que el dinero captado sería convertido en mejores servicios.
Más de un año después, la falta de resultados visibles ha debilitado ese argumento.
Las baterías ausentes o deterioradas se han convertido en un símbolo de las promesas incumplidas, porque representan una inversión básica para proteger las comunicaciones durante los apagones.
No se trata únicamente de instalar internet de mayor velocidad. La prioridad inmediata es evitar que la red existente desaparezca cuando falla la electricidad.
Quedarse sin señal puede convertirse en un problema de seguridad
La pérdida de conectividad tiene consecuencias que van mucho más allá de no poder revisar las redes sociales.
Durante una emergencia médica, una persona puede necesitar llamar a un familiar, solicitar transporte o comunicarse con un centro hospitalario.
En medio de un incendio, un accidente o una situación de violencia, la telefonía móvil puede ser la única vía disponible para pedir ayuda.
Si las torres están apagadas, incluso una llamada urgente se vuelve imposible.
La interrupción también afecta la coordinación entre comunidades, trabajadores y familiares. Personas mayores que viven solas pueden quedar sin contacto, mientras los emigrados pasan horas sin noticias de sus seres queridos.
En territorios rurales, donde la cobertura ya suele ser limitada, la salida de servicio de una sola radiobase puede dejar incomunicada a una extensa zona.
Por estas razones, las baterías de respaldo no deben considerarse un lujo tecnológico, sino una parte esencial de la seguridad de las comunicaciones.
Los negocios privados también sufren las consecuencias
El deterioro del servicio impacta directamente sobre el incipiente sector privado cubano.
Numerosos emprendedores utilizan WhatsApp, Telegram, Facebook e Instagram para recibir pedidos, promocionar productos y coordinar entregas.
Otros dependen de plataformas digitales para hacer transferencias, consultar cuentas o comunicarse con proveedores.
Cuando internet desaparece durante varias horas, las operaciones se paralizan.
Los negocios pierden ventas, no pueden responder a los clientes y enfrentan dificultades para organizar el trabajo.
La situación resulta particularmente frustrante porque muchos de ellos pagan paquetes de datos en divisas precisamente para mantener activas sus actividades económicas.
La conectividad es también indispensable para trabajadores que prestan servicios remotos a clientes en el extranjero. Una videollamada interrumpida o una jornada completa sin señal puede afectar contratos e ingresos.
La crisis de ETECSA refleja un deterioro más amplio
Las dificultades de la compañía no pueden analizarse de manera aislada.
La red de telecomunicaciones depende de un sistema eléctrico deteriorado, de importaciones que requieren divisas y de una economía nacional con una limitada capacidad de inversión.
Sin embargo, esa realidad no elimina las preguntas sobre la gestión de los recursos que la propia empresa ha logrado captar.
ETECSA recibió un fuerte incremento de ingresos después de imponer tarifas más costosas. Por ello, los usuarios esperan conocer qué parte de ese dinero se utilizó para resolver las vulnerabilidades más urgentes.
La compañía se encuentra en una posición especialmente sensible: cobra en divisas dentro de una economía empobrecida, opera sin competencia y controla un servicio esencial para la vida moderna.
En esas condiciones, la falta de transparencia y las fallas reiteradas tienen un impacto social mucho mayor.
Una pregunta que continúa sin respuesta
La nueva crítica de Ulises Toirac vuelve a resumir el descontento de millones de cubanos.
La empresa multiplicó sus ingresos, pero las torres continúan apagándose. Los clientes pagan paquetes en dólares, pero pierden la señal. El Gobierno extendió el monopolio, pero no ha aparecido una alternativa capaz de mejorar la conectividad.
Mientras tanto, los apagones se prolongan y las comunicaciones se vuelven cada vez más frágiles.
ETECSA sostiene que necesita divisas para modernizarse. Los usuarios, sin embargo, reclaman pruebas concretas de esa modernización: baterías nuevas, torres activas, mayor velocidad, estabilidad y cobertura.
Hasta que la empresa publique información detallada sobre sus inversiones y los resultados alcanzados, la pregunta lanzada por Toirac continuará vigente:
¿Dónde están los millones recaudados después del tarifazo y por qué todavía no se reflejan en un servicio capaz de resistir los apagones?





