Entre apagones y crisis: Cuba espera una temporada ciclónica poco activa según el Instituto de Meteorología

Cuba podría enfrentar en 2026 una temporada ciclónica menos intensa que las registradas en años recientes, aunque las autoridades meteorológicas advirtieron que el peligro para la isla continúa siendo significativo debido a la posibilidad de impactos directos de tormentas tropicales y huracanes.

El Instituto de Meteorología de Cuba (INSMET) divulgó este martes su primer pronóstico oficial para la temporada ciclónica en el Atlántico Norte, una etapa que comenzará oficialmente el próximo 1 de junio y se extenderá hasta el 30 de noviembre.


De acuerdo con las estimaciones preliminares, durante este período podrían formarse 11 ciclones tropicales en toda la cuenca atlántica, una cifra inferior al promedio histórico y también menor a la actividad registrada en temporadas recientes marcadas por tormentas destructivas y huracanes de gran intensidad.

Sin embargo, los expertos alertaron que una temporada menos activa no implica necesariamente una reducción del peligro para Cuba, especialmente en un contexto de fragilidad energética, deterioro habitacional y vulnerabilidad de las infraestructuras. La experiencia de años anteriores demuestra que un solo huracán de gran intensidad puede provocar daños multimillonarios y afectar durante meses la recuperación económica y social del país.

¿Cuántos ciclones y huracanes podrían formarse en 2026?

Según el informe presentado por el INSMET, de los 11 ciclones tropicales previstos para este año, al menos cinco podrían evolucionar hasta convertirse en huracanes, mientras que dos alcanzarían gran intensidad, es decir, categorías 3, 4 o 5 en la escala Saffir-Simpson.

La mayor parte de los sistemas previstos se desarrollaría en el océano Atlántico, aunque también existirían condiciones favorables para la formación de fenómenos en el mar Caribe y el golfo de México, zonas históricamente vinculadas a trayectorias peligrosas para Cuba.

Los especialistas explicaron que la región del Atlántico tropical continúa mostrando temperaturas oceánicas elevadas, un elemento clave para alimentar tormentas tropicales y huracanes. Aunque la actividad prevista es moderada, el calor acumulado en las aguas del Caribe y el Atlántico occidental sigue siendo un factor de preocupación para los meteorólogos.


Además, históricamente los meses de agosto, septiembre y octubre concentran la mayor cantidad de ciclones en el Caribe, período en el que Cuba suele permanecer bajo vigilancia constante debido a su posición geográfica estratégica dentro de las rutas ciclónicas del Atlántico.

Cuba tiene un 40 % de probabilidad de recibir el impacto de un huracán

Uno de los elementos que más llamó la atención del pronóstico es que, pese a la menor actividad ciclónica prevista, el riesgo para Cuba continúa siendo considerable.

El INSMET señaló que existe un 40 % de probabilidad de que al menos un huracán afecte el territorio nacional durante esta temporada, un porcentaje incluso superior al promedio histórico de la isla, calculado en torno al 35 %.

Además, las autoridades estiman un 75 % de probabilidades de que una tormenta tropical impacte directamente a Cuba en los próximos meses.

Estas cifras mantienen en alerta a las provincias costeras y a las regiones más vulnerables del país, donde miles de viviendas presentan daños estructurales acumulados tras años de huracanes, apagones y falta de recursos para reparaciones.

En provincias del oriente cubano y zonas costeras del occidente, muchas familias aún viven bajo techos improvisados o estructuras deterioradas por fenómenos anteriores, lo que incrementa significativamente el nivel de riesgo ante fuertes vientos, lluvias intensas y penetraciones del mar.

Expertos en reducción de desastres señalan además que el deterioro de sistemas de drenaje urbano y alcantarillado podría provocar inundaciones severas incluso con tormentas tropicales de menor intensidad.

El Niño podría ser clave en el comportamiento de la temporada

El principal factor que estaría detrás de la reducción de la actividad ciclónica es la posible aparición del fenómeno climático El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), previsto para comenzar a desarrollarse entre junio y julio.

Los especialistas explicaron que cuando El Niño alcanza una intensidad moderada o fuerte, genera condiciones atmosféricas desfavorables para la formación y fortalecimiento de ciclones tropicales en el Atlántico.

Entre esos factores se encuentra el aumento de los vientos en altura, conocido como cizalladura vertical, capaz de debilitar los sistemas tropicales antes de que logren intensificarse.

Sin embargo, el INSMET aclaró que el fenómeno todavía se encuentra en fase de evolución y que existen incertidumbres sobre su intensidad real durante la segunda mitad del año.

Los meteorólogos cubanos explicaron que un evento El Niño débil tendría un efecto limitado sobre la actividad ciclónica, mientras que un episodio moderado o fuerte sí podría reducir significativamente la cantidad de tormentas y huracanes.

A pesar de ello, los expertos recuerdan que incluso en temporadas influenciadas por El Niño pueden desarrollarse ciclones extremadamente destructivos, como ha ocurrido en diferentes años del historial meteorológico del Atlántico.

El recuerdo de temporadas devastadoras mantiene la preocupación

Aunque el pronóstico apunta a una actividad inferior a la habitual, el temor en Cuba sigue presente debido a los graves daños que han dejado fenómenos recientes en diferentes provincias del país.

El reporte recordó el impacto del ciclón Melissa, considerado uno de los eventos meteorológicos más severos de los últimos tiempos en la isla.

Según datos oficiales, más de 116 mil viviendas resultaron afectadas y alrededor de 3,5 millones de personas sufrieron consecuencias directas del fenómeno, especialmente en territorios del oriente cubano.

Las afectaciones incluyeron colapsos parciales y totales de viviendas, daños en escuelas y hospitales, pérdidas agrícolas millonarias y extensos apagones que se prolongaron durante semanas en varias provincias.

En regiones agrícolas, las lluvias intensas y los fuertes vientos destruyeron cosechas completas de plátano, maíz y otros alimentos esenciales, agravando aún más el problema del abastecimiento en el país.

A esto se suma el delicado contexto económico y energético que atraviesa Cuba, marcado por apagones prolongados, escasez de combustible y dificultades para recuperar infraestructuras dañadas.

Especialistas consideran que un huracán de gran intensidad podría generar un escenario aún más complejo para el sistema eléctrico nacional, el abastecimiento de alimentos y los servicios básicos.

Pronósticos internacionales coinciden con el INSMET

Las previsiones del organismo meteorológico cubano coinciden en líneas generales con otros centros internacionales especializados. La Universidad Estatal de Colorado (CSU), considerada uno de los referentes mundiales en pronósticos ciclónicos, estimó recientemente que la temporada 2026 podría registrar 13 tormentas con nombre, seis huracanes y dos huracanes mayores.

Los expertos estadounidenses también señalaron que la posible transición hacia condiciones de El Niño contribuiría a limitar parcialmente la actividad ciclónica en el Atlántico. Sin embargo, tanto los pronósticos cubanos como los internacionales coinciden en una advertencia clave: basta un solo huracán de gran intensidad para provocar daños catastróficos, especialmente en países insulares vulnerables como Cuba.

Meteorólogos recuerdan además que algunas de las temporadas consideradas “moderadas” en el pasado terminaron dejando eventos extremadamente destructivos debido a trayectorias directas sobre zonas pobladas.

Cuba enfrenta la temporada ciclónica en medio de una crisis energética

La temporada ciclónica de 2026 llega en un momento especialmente delicado para Cuba. Durante los últimos meses, el país ha experimentado severas dificultades en la generación eléctrica, fallas constantes en termoeléctricas y problemas con el suministro de combustible, provocando apagones diarios en numerosas provincias.

Expertos advierten que los ciclones tropicales representan una amenaza adicional para un sistema energético que ya opera bajo fuerte presión y con limitada capacidad de respuesta ante emergencias.

Las redes eléctricas, muchas de ellas envejecidas y afectadas por años de falta de mantenimiento, podrían sufrir daños significativos incluso con tormentas moderadas.

En paralelo, la vulnerabilidad de las viviendas continúa siendo uno de los principales desafíos para las autoridades cubanas. Miles de inmuebles permanecen pendientes de reparación tras el impacto de ciclones anteriores y numerosos edificios presentan deterioro estructural en ciudades como La Habana, Santiago de Cuba y Holguín.

Además, muchas comunidades costeras continúan vulnerables debido al deterioro de carreteras, sistemas hidráulicos y obras de protección costera, lo que incrementa el riesgo ante inundaciones y penetraciones del mar.

INSMET actualizará el pronóstico en agosto

El Instituto de Meteorología confirmó que emitirá una actualización del pronóstico en agosto, cuando existan más datos sobre el comportamiento de las temperaturas oceánicas y la evolución de las condiciones atmosféricas en el Atlántico tropical.

Las autoridades reconocieron además que las previsiones emitidas para la temporada de 2025 terminaron siendo superadas ampliamente por la realidad, debido a que la actividad ciclónica fue mucho más intensa de lo previsto inicialmente.

Ese antecedente ha llevado a los especialistas a insistir en la necesidad de mantener la vigilancia constante y evitar una falsa sensación de seguridad ante un pronóstico menos activo.

Los meteorólogos señalaron que las condiciones climáticas pueden cambiar rápidamente durante el verano y modificar de forma considerable las perspectivas iniciales de la temporada.

Recomendaciones clave ante el inicio de la temporada ciclónica

Ante el inicio de la temporada, expertos en manejo de desastres recomiendan a las familias cubanas revisar techos y estructuras vulnerables, preparar reservas de agua y alimentos, asegurar documentos importantes y mantenerse informados a través de fuentes oficiales.

También insisten en la importancia de identificar zonas seguras y rutas de evacuación, especialmente en áreas propensas a inundaciones o cercanas al litoral.

Las autoridades recomiendan además disponer de linternas, radios de batería, medicamentos esenciales y reservas mínimas de combustible ante posibles interrupciones prolongadas de servicios básicos.

En comunidades costeras y rurales, los especialistas piden extremar las medidas preventivas debido al riesgo de aislamiento por inundaciones o caída de árboles y postes eléctricos.

La prevención continúa siendo una de las principales herramientas para reducir riesgos humanos y materiales durante la temporada ciclónica.


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