La Habana vuelve a apagarse: un disparo automático deja a media ciudad sin electricidad en plena crisis energética

Un apagón masivo dejó sin suministro eléctrico a amplias zonas de La Habana este 20 de febrero de 2026, tras registrarse un disparo automático de frecuencia (DAF) en el sistema electroenergético nacional. La interrupción impactó de forma simultánea a varios municipios densamente poblados, generando una paralización repentina en hogares, comercios y servicios.

De acuerdo con el periodista Lázaro Manuel Alonso el evento técnico provocó la salida de servicio de subestaciones estratégicas como Plaza, Príncipe, Tropical y Rincón (en Boyeros), lo que dejó sin electricidad a territorios como Boyeros, Playa, Marianao, Plaza, Cerro y Centro Habana. La magnitud del corte hizo que durante varias horas buena parte de la capital permaneciera a oscuras.


La posible avería y el mecanismo de protección del sistema

Autoridades del Ministerio de Energía y Minas indicaron que la avería primaria podría haberse originado en una subestación vinculada a la CUJAE. El disparo automático de frecuencia es un mecanismo de protección diseñado para evitar un colapso mayor del sistema cuando se produce un desequilibrio crítico entre generación y demanda.

En términos técnicos, cuando la frecuencia del sistema cae por debajo de niveles seguros debido a falta de generación disponible, el sistema desconecta cargas de manera automática para estabilizar la red. Sin embargo, en un contexto de generación limitada, este tipo de protección puede traducirse en apagones de gran escala, como ocurrió en esta ocasión.

Las autoridades informaron que brigadas técnicas fueron activadas para restablecer el servicio de forma gradual, aunque no ofrecieron un cronograma preciso para la normalización total.

Déficit energético: el trasfondo estructural

El apagón se produce en medio de un escenario de severo déficit energético. Reportes recientes de la Unión Eléctrica estimaban para el horario pico una disponibilidad muy inferior a la demanda nacional.

De cara al período de máxima demanda eléctrica previsto para este viernes, la Unión Eléctrica (UNE) estimó que se sumarían nuevas capacidades al sistema nacional, entre ellas la puesta en marcha de la planta de fuel en Mariel con un aporte de 90 MW, la operación de cinco motores instalados en la patana de Regla que añadirían 40 MW, así como la reincorporación de la unidad 1 de la termoeléctrica de Felton, con una generación adicional de 75 MW.


A esta situación se sumó la salida de servicio de la Unidad 1 de la CTE Ernesto Guevara de la Serna, afectada por una falla en su regulador de velocidad. La desconexión de esta unidad redujo 44 MW del margen operativo de un sistema que ya funciona con reservas mínimas.

La combinación de termoeléctricas envejecidas, mantenimiento insuficiente, escasez de combustible y limitaciones financieras ha llevado a que el sistema eléctrico cubano opere bajo una tensión constante. En este contexto, cualquier fallo puntual puede desencadenar efectos en cadena de gran alcance.

Impacto social y reacción ciudadana

El apagón tuvo repercusiones inmediatas en la vida cotidiana de miles de habaneros. En zonas residenciales y comerciales, el corte paralizó actividades domésticas, interrumpió la conservación de alimentos y afectó pequeños negocios que dependen de la refrigeración y de sistemas electrónicos.

En redes sociales, residentes de distintos municipios reportaron la extensión del corte y compartieron imágenes de calles completamente a oscuras. El episodio reactivó el debate público sobre la estabilidad del sistema eléctrico y la frecuencia creciente de interrupciones no programadas.

Para muchos ciudadanos, la situación refuerza la percepción de vulnerabilidad del sistema energético, especialmente en un contexto donde los apagones programados ya forman parte de la rutina en varias provincias del país.

Un escenario de incertidumbre para 2026

El apagón masivo en La Habana no es un hecho aislado, sino un síntoma de una crisis energética prolongada. Expertos coinciden en que mientras persistan los altos niveles de déficit de generación y las limitaciones estructurales, el sistema continuará expuesto a fallas de gran impacto.

La recuperación del servicio, aunque progresiva, no elimina las interrogantes de fondo: la necesidad de modernizar infraestructuras, asegurar suministros de combustible y diversificar la matriz energética. En un país donde la electricidad es un eje central para la actividad económica y la vida cotidiana, cada interrupción masiva se convierte en un recordatorio de los desafíos pendientes.

El evento de este 20 de febrero vuelve a colocar la crisis eléctrica en el centro del debate nacional, en un año que se perfila como decisivo para la estabilidad energética del país.


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