
La Casa Blanca afirmó que Cuba necesita “cambios drásticos” para convertirse en una democracia “verdaderamente libre y próspera”, en declaraciones ofrecidas por su portavoz, Karoline Leavitt, en un contexto de creciente deterioro económico y energético en la isla.
El pronunciamiento, recogido por el diario español La Razón, se produce en medio de apagones prolongados, escasez de combustible y dificultades estructurales que afectan el funcionamiento cotidiano del país. Desde Washington se describió al sistema político cubano como “un régimen que está cayendo”, señalando que el país atraviesa una etapa de colapso que, a juicio de la administración estadounidense, exige transformaciones profundas.
Un mensaje político en medio de una crisis estructural
Las declaraciones no incluyeron anuncios de nuevas medidas concretas por parte de Estados Unidos, pero sí reforzaron el posicionamiento oficial de la actual administración sobre la situación interna de Cuba. La Casa Blanca reiteró su expectativa de que en el hemisferio occidental existan democracias estables y prósperas, incluyendo la isla.
«Queremos ver democracias florecientes y prósperas en todo el mundo, especialmente en nuestro propio hemisferio. No estoy hablando de ninguna acción por parte de Estados Unidos para llegar ahí, pero por supuesto a Estados Unidos le conviene que Cuba sea una democracia verdaderamente libre y próspera», comenta la vocera.
En ese contexto, sostuvo ante la prensa en Washington que el gobierno establecido en La Habana atraviesa una fase de deterioro que, a su juicio, anticipa su eventual colapso. «Su país está colapsando y por eso creemos que radica en su interés hacer cambios muy drásticos pronto», agregó Leavitt.
El mensaje llega en un momento particularmente delicado para el Gobierno cubano. La crisis energética ha impactado sectores estratégicos como el transporte, la industria y el comercio minorista, generando interrupciones en la cadena de suministros y afectaciones en servicios básicos. La combinación de escasez de combustible, inflación, desabastecimiento y dificultades financieras ha profundizado el malestar social y la incertidumbre económica.
El factor regional: México y los intentos de diálogo
En paralelo, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó la existencia de conversaciones destinadas a facilitar un eventual diálogo entre La Habana y Washington. Aunque no se han detallado los términos ni el alcance de esas gestiones, la referencia introduce un componente diplomático que podría influir en la dinámica bilateral.
«Hay pláticas para ver si es factible, pero depende de los dos gobiernos, no solamente de la voluntad del Gobierno de México», destacó Sheinbaum en la conferencia de prensa de este miércoles donde una vez más confirmó que seguirá enviando ayuda humanitaria al pueblo cubano en medio de la escasez de alimentos, medicinas y combustible, por mencionar algunos renglones.
La situación cubana también ha sido observada por la Organización de las Naciones Unidas, que ha advertido sobre el impacto de la crisis económica y energética en los derechos básicos de la población, incluyendo el acceso a alimentos, agua potable, electricidad y servicios de salud.
Entre presión internacional y desafíos internos
El pronunciamiento de la Casa Blanca se enmarca en una relación histórica marcada por tensiones políticas, sanciones económicas y ciclos de acercamiento y distanciamiento diplomático. En esta ocasión, el énfasis estuvo puesto en la necesidad de reformas estructurales profundas como condición para una transición hacia un modelo democrático.
Desde la perspectiva estadounidense, la estabilidad y prosperidad en la región dependen de sistemas políticos abiertos y economías funcionales. Sin embargo, el debate internacional continúa siendo complejo, ya que mientras algunos actores subrayan la necesidad de cambios internos en Cuba, otros señalan el impacto de las restricciones externas en el agravamiento de la crisis.
Un escenario abierto para 2026
El endurecimiento del discurso coincide con un momento de alta vulnerabilidad económica en la isla. La reducción de suministros energéticos, la caída de ingresos externos y la persistencia de limitaciones estructurales configuran un panorama incierto.
La evolución de este escenario dependerá tanto de decisiones internas en Cuba como de la dinámica diplomática regional y de la política exterior estadounidense. Por ahora, la Casa Blanca ha dejado claro su mensaje: sin transformaciones profundas, no será posible —según su posición— que Cuba se convierta en una democracia libre y próspera.
En un contexto de crisis multidimensional y atención internacional creciente, el rumbo político y económico de la isla continúa siendo uno de los focos centrales del debate hemisférico en 2026.





