“Make Cuba Great Again”: la gorra que encendió un nuevo debate sobre libertad de Cuba desde las propias entrañas del régimen

Foto: Video de Instagram de elieserelbayardo

La difusión de un video en redes sociales donde varios jóvenes cubanos defienden el uso de una gorra roja con la frase “Make Cuba Great Again” ha provocado una intensa discusión pública dentro y fuera de la Isla. El caso ha generado comentarios cruzados sobre libertad de expresión, símbolos políticos y cultura de la intolerancia en Cuba y en gran parte del exilio que respalda esta iniciativa.

Lo que para algunos fue una simple provocación estética, para otros se convirtió en un acto político con implicaciones ideológicas. La controversia no se centró únicamente en la prenda, sino en lo que representa dentro del contexto cubano actual.


El material audiovisual comenzó a circular en Instagram a través del influencer cubano Elieser El Bayardo, quien lo publicó junto a un texto que estableció el encuadre y la orientación del intercambio generado en redes.

«Make Cuba Great Again. Hoy más que nunca la libertad también implica madurez y tolerancia: aceptar que no todos pensarán igual ni representarán nuestras ideas. El debate alrededor de una gorra recuerda que una Cuba verdaderamente libre no se construye desde la intolerancia sino desde el respeto, la convivencia y el derecho de cada persona a expresarse sin miedo», escribió, escribió el creador de contenido junto a un video de jóvenes en la isla que promocionan estos mensajes de libertad frente a las narices del régimen cubano.

En las imágenes participan Anna Sofía Benítez Silvente, conocida como Anna Bensi, junto al propio Elieser y miembros del proyecto Fuera de la Caja. Durante el video, el grupo aborda las críticas surgidas en torno a una gorra roja que recuerda al diseño popularizado por Donald Trump, aunque con una consigna distinta.

El símbolo que encendió la polémica

La gorra roja evoca inevitablemente el eslogan utilizado en campañas del presidente estadounidense Donald Trump. Sin embargo, los jóvenes protagonistas del video sostienen que su intención no es replicar una agenda extranjera, sino utilizar un símbolo provocador para abrir una conversación más profunda sobre la libertad en Cuba.

«Esta gorra está generando debate, incluso en ambas orillas. (…) Pero la pregunta no es si te gusta o no la gorra, la pregunta es otra: ¿estamos preparados, el cubano está preparado para convivir con lo que no nos representa?», pregunta El Bayardo.


El paralelismo visual con el lema político estadounidense fue suficiente para activar críticas y sospechas en redes sociales. Para algunos usuarios, el gesto es interpretado como una toma de posición ideológica; para otros, como un ejercicio legítimo de expresión individual.

“Si no somos libres mentalmente…”

El eje central del mensaje de los jóvenes es que la libertad no puede limitarse a cambios superficiales o a la sustitución de consignas. Según plantean, mientras no exista una transformación en la mentalidad colectiva —especialmente en torno a la tolerancia y la aceptación de la diversidad de opiniones— ningún cambio estructural tendrá resultados reales.

«Algún día llegaremos a una Cuba libre, pero si no somos libres mentalmente no habremos logrado nada. La libertad no empieza en las calles, la libertad empieza en la cabeza, empieza cuando aceptamos que no todos van a pensar como nosotros», dicen en el video.

En su intervención insisten en que el problema no es la gorra, sino la reacción que genera. A su juicio, la intolerancia hacia quien piensa distinto es el verdadero obstáculo para cualquier proceso de transformación nacional.

Más de seis décadas de polarización

Los jóvenes hacen referencia indirecta al modelo político vigente en Cuba durante más de seis décadas, señalando que el disenso ha tenido históricamente consecuencias como vigilancia, sanciones, exclusión social, cárcel o exilio.

«Ya vivimos 67 años en un sistema donde disentir ha tenido consecuencias, vamos a repetir ese modelo, pero con otro color», advirtieron los jovencitos. En ese contexto, argumentan que cambiar símbolos sin desmontar patrones autoritarios reproduciría las mismas dinámicas de exclusión. La discusión, por tanto, no gira solo en torno a un accesorio, sino a la cultura política que lo rodea.

Libertad como convivencia, no como unanimidad

Uno de los puntos más destacados del mensaje es la definición de libertad que proponen: no se trata de que todos piensen igual, sino de que puedan coexistir posturas diferentes sin miedo. «La diversidad de ideas no es una amenaza, es la prueba real de que un país es libre», resaltaron.

Para ellos, una Cuba verdaderamente libre implicaría que cualquier persona pueda vestirse, opinar y manifestar sus ideas sin temor a represalias sociales o institucionales. La pluralidad, sostienen, es la base de una sociedad abierta.

«Ser libre no es pensar igual, es poder convivir sin miedo, es aceptar que habrá quien no se vista como tú, no vote como tú, no piense como tú y aun así entender que también tiene derecho a dar su voz», explicaron con claridad y sin tapujos. «Una Cuba no será aquella donde todos piensen igual, aquella en donde nadie tenga miedo de pensar distinto», concluyeron.

Reacciones en redes sociales

La difusión del video provocó una reacción inmediata en plataformas como Facebook, Instagram y X (antes Twitter), donde el debate se polarizó rápidamente. Por un lado, numerosos usuarios respaldaron el mensaje de los jóvenes, interpretándolo como un llamado legítimo a la tolerancia y al respeto por la diversidad de pensamiento.

Algunos comentarios destacaron que el verdadero problema no es la gorra ni el eslogan, sino la dificultad histórica de aceptar opiniones distintas dentro del debate público cubano. Varios internautas coincidieron en que la libertad comienza por permitir que otros se expresen sin temor, incluso cuando el mensaje resulte incómodo.

En contraste, otros usuarios cuestionaron el uso de un símbolo que remite al eslogan político asociado al expresidente estadounidense Donald Trump. Para este sector, la prenda no puede desligarse de su carga ideológica y consideran que su utilización implica necesariamente una postura política definida. Algunos calificaron la acción como provocación innecesaria en un contexto ya marcado por tensiones políticas.

También surgieron opiniones intermedias. Algunos internautas señalaron que, más allá del símbolo específico, el debate evidencia una discusión más profunda sobre pluralismo, identidad política y el derecho a disentir en Cuba. Otros enfatizaron que el episodio refleja una fractura generacional en la manera de abordar la conversación pública.

Más allá de la gorra: un debate generacional

El episodio pone en evidencia el papel creciente de las nuevas generaciones en el debate público. A diferencia de etapas anteriores, donde la expresión política estaba fuertemente restringida al ámbito institucional, hoy las plataformas digitales permiten que jóvenes ciudadanos articulen mensajes que alcanzan audiencias amplias.

La discusión también revela una tensión persistente entre cambio simbólico y transformación estructural. ¿Puede haber una renovación política sin una transformación cultural previa? ¿Es posible construir pluralismo sin desmontar patrones de intolerancia?

Un síntoma del momento que vive Cuba

Más que un episodio aislado, la polémica parece ser un reflejo del momento que atraviesa la sociedad cubana: un escenario marcado por crisis económica, migración masiva, debates identitarios y cuestionamientos al modelo político vigente.

En ese contexto, incluso una prenda de vestir puede convertirse en detonante de una conversación nacional sobre libertad, derechos y convivencia. La pregunta que deja abierta el debate es profunda: si no existe libertad mental, ¿puede existir libertad real?


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