
Cubanos residentes en Estados Unidos que viajaron recientemente a la Isla regresaron con una percepción coincidente: la vida en Cuba se ha vuelto cada vez más difícil de sostener. A su llegada al Aeropuerto Internacional de Miami, compartieron testimonios que dibujan un panorama marcado por la escasez prolongada, el deterioro de los servicios básicos y un profundo desgaste emocional entre quienes permanecen en el país.
Las declaraciones recogidas por el periodista cubano Javier Díaz tras el reencuentro con varios viajeros, reflejan una realidad cotidiana en la que las carencias materiales se combinan con un clima de miedo e incertidumbre que atraviesa a amplios sectores de la población.
El impacto de ver la realidad de primera mano
Un joven entrevistado afirmó que su familia solo sabía quejarse de lo difícil que está la situación en todos los sentidos. Varios de los entrevistados aseguran que, aunque estaban informados sobre la situación del país antes de viajar, la experiencia directa resultó más dura de lo esperado. Describen un entorno donde la precariedad se percibe en cada aspecto de la vida diaria: desde la infraestructura deteriorada hasta la expresión de cansancio en las personas.
Calles poco iluminadas, comercios con escasa oferta y largas horas dedicadas a resolver necesidades básicas forman parte del escenario observado. Para muchos, el contraste con la vida fuera de la Isla hace aún más evidente la magnitud de la crisis.
Apagones prolongados y carencias que definen el día a día
Uno de los elementos más reiterados en los testimonios es la crisis energética. Los visitantes relatan apagones frecuentes y de larga duración que alteran por completo la rutina de las familias. La falta de electricidad afecta la conservación de alimentos, el acceso al agua, el descanso nocturno y el funcionamiento de pequeños negocios.
A estas dificultades se suma la escasez de productos básicos y combustible, lo que obliga a las personas a reorganizar constantemente su vida en función de lo que esté disponible. El artículo también menciona la reducción de servicios de transporte, como los ferris hacia la Isla de la Juventud, una señal del retroceso general en la movilidad interna.
Escasez como estado permanente
Los entrevistados coinciden en que la escasez ha dejado de ser una situación temporal para convertirse en una condición estructural. Resolver lo básico implica largas gestiones, dependencia de terceros y una planificación diaria que gira en torno a la incertidumbre.
Según relatan, las familias viven en un constante ejercicio de adaptación, tratando de cubrir necesidades elementales en un contexto donde los recursos son insuficientes y las opciones cada vez más limitadas. “La gente está ansiosa, porque está pasando, que tiene poca comida, que no tiene luz, que no tiene agua…”, comentó un hombre.
Un clima de miedo e incertidumbre generalizada
Más allá de las carencias materiales, los testimonios apuntan a un ambiente emocional marcado por el miedo. Durante su estancia, algunos visitantes percibieron preocupación entre la población por el futuro inmediato del país, con conversaciones dominadas por la ansiedad y la inseguridad.
“Es una situación angustiante porque no se sabe qué va a pasar, es impredecible, todas las personas tienen miedo, la mayoría de las personas tienen miedo”, dijo una señora al reportero quien añadió que en su vecindario muchas familias están preocupadas por sus hijos ante una posible intervención militar de Estados Unidos.
El artículo recoge expresiones de temor ante posibles escenarios de mayor inestabilidad, lo que contribuye a un clima de tensión constante. Este sentimiento, aseguran, forma parte de la vida diaria y condiciona la manera en que las personas se relacionan y toman decisiones.
El desgaste emocional de las familias
Las visitas a familiares revelaron un patrón común: agotamiento psicológico y emocional. Los cubanos que permanecen en la Isla, según relatan los entrevistados, viven atrapados en una rutina de quejas, frustración y resignación ante la falta de soluciones visibles.
Las conversaciones familiares estuvieron marcadas por relatos de cansancio acumulado, estrés y una sensación general de estancamiento. Este desgaste, señalan, no distingue edades y afecta tanto a jóvenes como a adultos mayores.
“No se puede continuar viviendo así”
La frase se repite entre los testimonios recogidos y resume el sentir de quienes regresan tras constatar la realidad de la Isla. Para ellos, la combinación de apagones, escasez, miedo e incertidumbre ha configurado una situación que consideran insostenible.
“un cambio tiene que haber, porque así no se puede continuar viviendo, eso no es calidad de vida, estamos en un infierno sobreviviendo”, aseguró la señora respondiendo a la pregunta del periodista sobre una posible solución para la isla.
Aunque las experiencias son individuales, el artículo subraya que se trata de una percepción ampliamente compartida, que coincide con otros reportes recientes publicados por CiberCuba sobre el deterioro acelerado de las condiciones de vida en Cuba.





