Déficit eléctrico en Cuba alcanza los 1.760 MW y confirma la gravedad de la crisis energética

El desbalance entre la energía disponible y la demanda real provocó interrupciones extensas del servicio eléctrico en prácticamente todas las provincias. En varias zonas del interior del país, los apagones superaron las 20 horas acumuladas, mientras que La Habana, tradicionalmente más protegida en los esquemas de distribución, también experimentó cortes de hasta 15 horas en determinados circuitos.

Las quejas se multiplicaron a lo largo del día en redes sociales, donde residentes denunciaron la imposibilidad de cocinar, conservar alimentos o descansar en medio de altas temperaturas, una situación que agrava la ya compleja rutina diaria de millones de cubanos.


Durante el día de ayer, el sistema eléctrico nacional operó de manera inestable debido a una insuficiencia sostenida de capacidad, lo que provocó cortes continuos en el suministro. El momento de mayor impacto se produjo alrededor de las 6:20 de la tarde, cuando el déficit alcanzó los 1.844 megavatios, según informó la Unión Eléctrica (UNE).

En las primeras horas del día, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) contaba con una capacidad disponible de solo 1.255 MW, insuficiente para cubrir una demanda que ascendía a 1.745 MW, lo que se tradujo en una afectación inicial de 519 MW. Para el horario del mediodía, las proyecciones anticipaban que el déficit alcanzaría los 950 MW.

Termoeléctricas fuera de servicio y averías recurrentes

Según el parte de la Unión Eléctrica, la causa principal del colapso estuvo en la salida de servicio de múltiples unidades termoeléctricas, afectadas por averías técnicas y mantenimientos prolongados. Plantas clave del sistema, como las de Mariel, Santa Cruz del Norte, Felton, Renté y Cienfuegos, no lograron aportar la energía prevista, reduciendo de forma drástica la capacidad de generación base del país.

Estas instalaciones, muchas con décadas de explotación y sin modernizaciones profundas, sufren fallas recurrentes que obligan a desconexiones imprevistas, empeorando la inestabilidad del sistema y dificultando cualquier planificación eficiente de los cortes.

Falta de combustible y límites de la generación distribuida

A las averías técnicas se suma un problema estructural que persiste desde hace años: la escasez de combustible. La generación distribuida, que depende en gran medida de grupos electrógenos, también se vio limitada por la falta de diésel y fuel oil, reduciendo aún más el respaldo disponible para enfrentar la demanda.


En cuanto a la generación térmica, las restricciones acumuladas suman 525 MW. Para el horario de mayor consumo se contempla la incorporación de cinco motores del Fuel Moa, que aportarían 75 MW, junto con otros cinco motores de la patana de Regla, con una capacidad adicional de 64 MW.

Aun con estos refuerzos, la generación apenas alcanzaría los 1.394 MW frente a una demanda estimada de 3.100 MW, lo que derivaría en un déficit cercano a los 1.730 MW y una afectación total prevista de alrededor de 1.760 MW.

Aunque el Gobierno ha destacado la incorporación de 49 parques solares fotovoltaicos que aportan 2.091 MWh, la propia información oficial admite que su aporte sigue siendo insuficiente para compensar la caída de la generación térmica, especialmente durante el horario nocturno, cuando la demanda alcanza sus picos más altos.

En el caso de La Habana este jueves los residentes enfrentaron casi 15 horas sin fluido eléctrico. «La máxima suficiencia fue de 387MW a las 6:20 pm, por emergencia fueron 75 MW», dice la Empresa Eléctrica provincial en su cuenta de Facebook.

El servicio logró restablecerse por completo alrededor de las 8:20 de la noche. No obstante, la entidad alertó que, si no se registran mejoras en la disponibilidad del Sistema Electroenergético Nacional (SEN), podrían producirse nuevas interrupciones por contingencias energéticas, sin un cronograma definido.

Impacto directo en la economía y los servicios básicos

El deterioro del suministro eléctrico no solo afecta a los hogares. La crisis energética golpea de lleno a sectores clave como la industria, la agricultura, la producción y conservación de alimentos, el transporte y el bombeo de agua, provocando interrupciones en cadenas productivas ya debilitadas.

Pequeños negocios, trabajadores por cuenta propia y centros estatales ven limitada su operatividad diaria, mientras hospitales, escuelas y otras instituciones deben recurrir a soluciones de emergencia para mantener servicios mínimos.

Una crisis estructural sin solución inmediata

Especialistas coinciden en que el actual escenario no responde a un evento puntual, sino a una crisis estructural acumulada durante décadas, marcada por la falta de inversión, la obsolescencia tecnológica y la dependencia de soluciones temporales. Sin una modernización profunda del parque termoeléctrico y una garantía estable de combustible, los apagones masivos continúan consolidándose como parte del día a día en la Isla.

Mientras tanto, la población enfrenta una realidad cada vez más dura, en la que la electricidad —un servicio básico— se convierte en un recurso escaso e impredecible, con consecuencias directas sobre la calidad de vida y el ya frágil panorama económico del país.


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