
El sistema de transporte público urbano en La Habana enfrenta una de sus peores crisis recientes tras la paralización total de los ómnibus, provocada por el déficit de combustible. La situación se confirmó por la página oficial Transportación Habana TH en Facebook, que informó que ninguna ruta se encuentra actualmente en funcionamiento.
La suspensión del servicio deja sin transporte a miles de personas en una ciudad donde el ómnibus continúa siendo el medio de movilidad más utilizado para cubrir trayectos largos y cotidianos, desde el traslado al trabajo hasta el acceso a centros educativos y de salud.
Ómnibus detenidos y una ciudad sin movilidad regular
Según el comunicado oficial, la falta de combustible obligó a detener completamente la circulación del transporte urbano. La medida afecta todas las rutas habituales, sin excepciones, lo que genera un vacío total en la red de movilidad pública de la capital.
“Lamentablemente, queremos informarle que el déficit de combustible para el Transporte Público Urbano se mantiene hasta este momento… Por lo cual no hay servicios en ninguna de las rutas disponibles”, dice el texto de la empresa.
Esta paralización no solo interrumpe los desplazamientos diarios, sino que rompe la ya frágil planificación de horarios de miles de ciudadanos que dependen exclusivamente del transporte estatal para cumplir con sus obligaciones laborales y personales.
El déficit de combustible como causa directa
La información oficial atribuye el colapso del transporte urbano directamente a la escasez de combustible, sin mencionar otras causas técnicas o logísticas. La falta de suministro impide mantener la operación mínima de los ómnibus, incluso en rutas consideradas prioritarias.
El reconocimiento explícito del déficit refleja la gravedad de la situación y confirma que el problema no es puntual ni aislado, sino estructural dentro del actual contexto de limitaciones energéticas.
Minutos más tarde, la entidad Transportación Habana TH admitió en una nueva comunicación que el panorama es alarmante en toda La Habana y que la escasez de combustible impide sostener los recorridos habituales. “No hay combustible para asegurar los recorridos de ninguna ruta principal, alimentadora o complementaria en ninguna terminal de la ciudad”, destacó la empresa estatal.

Una suspensión “temporal” marcada por la incertidumbre
Aunque las autoridades describieron la paralización como temporal, el comunicado no ofrece fechas, cronogramas ni garantías sobre el restablecimiento del servicio. La ausencia de un plazo concreto deja a la población en un escenario de total incertidumbre.
Para los usuarios, la falta de información clara complica aún más la reorganización de rutinas diarias, en especial para quienes deben recorrer largas distancias dentro de la ciudad.
Microbuses como alternativa insuficiente
El texto oficial menciona que algunos microbuses, conocidos como “Gazelles” y “Foton”, podrían operar de manera muy limitada, siempre que se logre asegurar combustible por vías alternativas. Sin embargo, estas unidades no tienen la capacidad ni la frecuencia necesarias para sustituir el sistema regular de ómnibus.
En la práctica, su funcionamiento parcial solo cubre una fracción mínima de la demanda y no representa una solución real al colapso del transporte urbano.

Consecuencias directas en la vida cotidiana
La paralización total del transporte público impacta de manera directa en la vida diaria de los habaneros. La imposibilidad de desplazarse con normalidad afecta la asistencia al trabajo, la puntualidad escolar y el acceso a servicios básicos, especialmente para personas mayores y familias con recursos limitados.
En una ciudad extensa y densamente poblada, la ausencia de ómnibus convierte cada traslado en un desafío adicional, aumentando los tiempos de espera y la dependencia de soluciones informales.
Un reflejo del deterioro de los servicios públicos
El colapso del transporte urbano se suma a otros episodios de afectación de servicios esenciales vinculados a la escasez de recursos energéticos. La suspensión total de los ómnibus evidencia la fragilidad del sistema y la vulnerabilidad de la población ante la falta de combustible.
Mientras no se anuncien soluciones concretas ni se garantice un suministro estable, el transporte urbano en La Habana permanece detenido, profundizando las dificultades de movilidad y marcando un nuevo episodio en el deterioro de los servicios públicos de la capital.





