Díaz-Canel revive los fantasmas del Período Especial en Cuba al anunciar un plan de contingencia similar a la conocida «Opción Cero»

El régimen cubano anunció que en los próximos días hará público un plan de medidas extraordinarias inspirado en la llamada “Opción Cero”, un esquema aplicado durante por el dictador fallecido Fidel Castro en el Período Especial de los años noventa para enfrentar una situación de colapso económico y energético. El anuncio, realizado por el gobernante Miguel Díaz-Canel, llega en un contexto marcado por apagones prolongados, escasez de combustible, caída de la producción y un deterioro sostenido de las condiciones de vida en la Isla.

Aunque las autoridades no han divulgado aún el contenido completo del plan, el mensaje oficial deja claro que se trata de un paquete de ajustes severos, orientado a redistribuir recursos, reducir consumos y priorizar únicamente los sectores considerados esenciales para el funcionamiento mínimo del país.


Un escenario de emergencia reconocido por el Gobierno

Durante su intervención, Díaz-Canel reconoció abiertamente la gravedad del momento económico que atraviesa Cuba y aseguró que el país se enfrenta a “limitaciones extremas” en el acceso a combustibles, divisas y suministros básicos. Según explicó, estas dificultades obligan al Estado a replantear su funcionamiento, adoptando decisiones “complejas” que impactarán de forma directa en la vida cotidiana de la población.

El mandatario insistió en que el país no cuenta con márgenes de maniobra suficientes y que, ante la falta de recursos, será necesario concentrar esfuerzos en garantizar lo imprescindible, aun cuando ello implique nuevos sacrificios para la ciudadanía.

Las autoridades informaron que el paquete de medidas evaluado recientemente por el Consejo de Ministros y el Consejo de Defensa Nacional será presentado públicamente en los próximos días. La implementación quedará a cargo de cada ministerio, que deberá explicar las acciones bajo su competencia.

En ese escenario, ya se anticipan limitaciones en áreas clave como el comercio interno, donde el Ministerio de Comercio Interior ha admitido que la distribución de la canasta básica no alcanzará a todas las bodegas del país.

Sectores priorizados y ajustes inevitables

De acuerdo con la información ofrecida, las medidas buscarán proteger sectores estratégicos como la generación eléctrica, la producción y distribución de alimentos, los servicios básicos y determinadas áreas clave del aparato estatal. En contraste, otras actividades económicas podrían enfrentar recortes, paralizaciones temporales o limitaciones operativas.


Aunque no se han detallado nombres ni plazos, el anuncio sugiere que el ajuste no se limitará al sector energético, sino que abarcará múltiples esferas de la economía, tanto estatales como vinculadas indirectamente al consumo de recursos.

Austeridad, resistencia y reducción del consumo

Uno de los ejes centrales del anuncio es el llamado a la austeridad. El plan, según adelantó el propio presidente, estará enfocado en reducir consumos energéticos, racionalizar servicios y limitar actividades no prioritarias, bajo la premisa de “resistir” la crisis con los recursos disponibles.

El discurso retoma una narrativa ya habitual en las intervenciones oficiales: el sacrificio como única alternativa, descartando soluciones inmediatas y apelando a la capacidad de la población para soportar un escenario prolongado de restricciones.

El peso simbólico de la “Opción Cero”

La mención directa a la “Opción Cero” no es menor. Aquella estrategia, aplicada tras la desaparición de la Unión Soviética, implicó una drástica reducción del consumo, apagones de más de 12 horas, colapso del transporte público y una escasez generalizada de alimentos y bienes básicos.

Aunque las autoridades sostienen que el nuevo plan será “adaptado” a las condiciones actuales, la comparación con los años más duros del Período Especial ha generado alarma y preocupación, al evocar uno de los capítulos más traumáticos de la historia reciente del país en donde el país adoptó un enfoque de cero importaciones, ayuda externa y combustible.

La crisis energética como detonante principal

El contexto energético ocupa un lugar central en el anuncio presidencial. Cuba atraviesa una de las peores crisis eléctricas de los últimos años, con centrales termoeléctricas obsoletas, averías frecuentes y una fuerte dependencia del combustible importado.

La falta de suministro estable ha provocado apagones de larga duración en amplias zonas del país, afectando la producción, el comercio y la vida doméstica. El Gobierno reconoce que, sin una solución inmediata a este problema, resulta imposible sostener niveles normales de actividad económica.

De acuerdo con especialistas, la Isla contaría actualmente con reservas de combustible suficientes apenas para unas dos semanas, luego del envío recibido desde México en enero. No obstante, la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 29 de ese mes establece sanciones contra cualquier actor que suministre hidrocarburos a Cuba, lo que ha provocado la suspensión de los envíos tanto desde México como desde Venezuela.

En ese contexto, Miguel Díaz-Canel reconoció que la escasez energética se ha convertido en uno de los factores más graves que enfrenta el país, al punto de que Cuba acumula ya cuatro semanas sin producir electricidad mediante el sistema de generación distribuida.

El economista Pedro Monreal advierte que, aunque las decisiones adoptadas recientemente evocan en algunos aspectos las aplicadas durante el llamado “Período Especial”, el contexto actual es sustancialmente diferente, debido a transformaciones relevantes que ha experimentado el sistema económico cubano desde entonces.

Según Monreal, las primeras decisiones, concebidas inicialmente como acciones transitorias para enfrentar un choque externo, evolucionaron con el tiempo hacia un proceso de cambios más amplio. En ese camino se produjeron ajustes significativos, como la autorización del uso del dólar y la reapertura de los mercados campesinos.

Expectativa, incertidumbre y preocupación social

El anuncio se produce en un momento de creciente malestar social, marcado por la inflación, el deterioro del poder adquisitivo, el desabastecimiento crónico y una ola migratoria sin precedentes. Para muchos cubanos, la referencia a un plan de austeridad extrema refuerza la percepción de que la crisis no solo continuará, sino que podría profundizarse y se teme que sea peor que la de hace 35 años atrás.

Mientras el Gobierno promete divulgar próximamente los detalles del paquete de medidas, la población permanece a la expectativa, consciente de que las decisiones anunciadas tendrán un impacto directo en la vida diaria. Lejos de ofrecer alivio inmediato, el mensaje oficial confirma que Cuba se adentra en una nueva etapa de ajustes, restricciones y resistencia, con un horizonte económico aún incierto.


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