
El dictador cubano Miguel Díaz-Canel aseguró que el gobierno de la isla mantiene su disposición a dialogar con Estados Unidos, aunque dejó claro que cualquier acercamiento debe darse sin presiones externas ni condicionamientos políticos, en un contexto marcado por el recrudecimiento de las tensiones bilaterales y una profunda crisis interna en el país.
Las declaraciones se realizaron durante una inesperada comparecencia especial transmitida por la televisión estatal, en la que el mandatario abordó tanto la relación con Washington como la compleja situación económica y energética que enfrenta Cuba.
“Estamos dispuestos a dialogar, pero con respeto”
Según Díaz-Canel, La Habana estaría abierta a conversaciones con Estados Unidos sobre “cualquier tema”, siempre que se respete la soberanía nacional, la autodeterminación del país y se excluya cualquier forma de injerencia en los asuntos internos de la isla.
El gobernante insistió en que Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos y defendió la idea de una relación bilateral “civilizada” y basada en el respeto mutuo. Sin embargo, subrayó que el diálogo no puede desarrollarse bajo lo que calificó como políticas de presión, sanciones o exigencias unilaterales.
Temas abiertos a negociación
Durante su intervención, el presidente cubano enumeró varios asuntos en los que, según dijo, su gobierno estaría dispuesto a cooperar con Washington. Entre ellos mencionó la migración, la seguridad regional, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, así como temas vinculados al medio ambiente y la cooperación científica.
Estas áreas han sido tradicionalmente puntos de contacto entre ambos países, incluso en etapas de alta confrontación política, aunque sin avances sostenidos hacia una normalización más amplia de las relaciones.
Un mensaje en medio de tensiones renovadas
La intervención de Díaz-Canel se produce en un momento de endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba, con una postura que condiciona cualquier acercamiento a cambios verificables en materia democrática y de derechos humanos dentro de la isla.
Desde La Habana, el discurso oficial continúa atribuyendo buena parte de las dificultades económicas del país al impacto de las sanciones estadounidenses, mientras Washington sostiene que la crisis cubana responde principalmente a problemas estructurales del modelo económico y de gobernanza.
Crisis energética y advertencia de tiempos difíciles
Más allá del plano diplomático, el mandatario reconoció abiertamente la gravedad del momento que atraviesa el país. Admitió que el Gobierno se prepara para enfrentar un “desabastecimiento agudo de combustible”, una situación que podría profundizar los apagones, afectar el transporte y agravar la escasez de bienes esenciales.
“Vamos a vivir tiempos difíciles”, reconoció Díaz-Canel, al describir el escenario inmediato que enfrenta la población cubana, ya golpeada por la inflación, la escasez de alimentos y el deterioro de los servicios básicos.
Defensa y narrativa de país en paz
En su mensaje, el presidente también negó que Cuba se encuentre en “estado de guerra”, aunque confirmó la actualización de planes de defensa ante lo que describió como un entorno internacional adverso. Según explicó, estas medidas forman parte de la preparación del país, sin que ello implique una intención de confrontación armada.
El discurso buscó reforzar la imagen de Cuba como un país que apuesta por la paz, al tiempo que mantiene una narrativa de resistencia frente a presiones externas.
Un diálogo condicionado y un futuro incierto
Las declaraciones de Díaz-Canel reafirman una postura ya conocida del Gobierno cubano: apertura retórica al diálogo, pero bajo condiciones que chocan con las exigencias planteadas por Estados Unidos. Mientras tanto, la población enfrenta un escenario económico cada vez más complejo, en el que la diplomacia y la política exterior se entrelazan con la vida cotidiana.
El llamado al diálogo llega, así, en un momento en el que las relaciones bilaterales siguen estancadas y el margen de maniobra para una distensión real parece limitado, tanto por las posiciones de Washington como por la situación interna de la isla.





