
El gobierno de Cuba volvió a cerrar de manera tajante la puerta a cualquier negociación con Estados Unidos que incluya el tema de los presos políticos. La posición fue expresada por el vicecanciller Carlos Fernández de Cossío, quien dejó claro que la excarcelación de detenidos no forma parte —ni formará— de la agenda de diálogo con Washington.
Las declaraciones se producen en un contexto de crecientes especulaciones sobre posibles contactos bilaterales y ante la presión internacional por la situación de los presos en la Isla. Sin embargo, el régimen insiste en marcar límites estrictos a cualquier intercambio con la Casa Blanca.
Cuba niega la existencia de negociaciones formales con EE. UU.
Uno de los puntos más subrayados por el vicecanciller fue la negación de una mesa de negociación formal entre ambos gobiernos. Según explicó, no existe un proceso estructurado ni conversaciones oficiales con una agenda definida, sino únicamente intercambios ocasionales de mensajes.
El funcionario rechazó que exista, por ahora, cualquier negociación estructurada o concertada entre La Habana y Washington, dejando claro que no hay una mesa de diálogo en marcha. Sin embargo, admitió que se han producido contactos discretos entre ambas partes, y sostuvo que el Gobierno estadounidense tiene pleno conocimiento de la posición cubana sobre una eventual apertura al diálogo, una opción que —según afirmó— no ha sido cerrada ni desestimada.
Con esta afirmación, La Habana busca desmentir versiones que apuntan a un diálogo en curso y recalcar que no hay compromisos ni acuerdos en discusión. El régimen también rechazó la idea de que estos contactos puedan interpretarse como negociaciones políticas o diplomáticas de fondo.
Rechazo a mediadores y canales alternativos
Fernández de Cossío fue igualmente claro al descartar la participación de terceros actores como mediadores en un eventual acercamiento. Ni gobiernos extranjeros ni instituciones religiosas tendrían un papel en las conversaciones, que —de existir— solo serían directas entre ambos Estados.
Esta postura refuerza la visión del régimen de que cualquier intento de intermediación externa constituye una intromisión en asuntos que considera bilaterales y sujetos a su propio control político.
Las palabras del vicecanciller chocan con el discurso sostenido recientemente por Donald Trump, quien ha reiterado que su gobierno sí mantiene conversaciones con las autoridades cubanas, incluso a un nivel que calificó como “alto”. En jornadas anteriores, el mandatario estadounidense también aludió abiertamente a la opción de alcanzar un acuerdo con La Habana, enmarcando esa posibilidad dentro de la profunda crisis que enfrenta la Isla.
El tema de los presos como “asunto interno”
El eje central del pronunciamiento oficial gira en torno a la negativa absoluta a discutir la situación de los presos. El vicecanciller insistió en que se trata de un asunto interno, vinculado al sistema judicial cubano, y por tanto ajeno a cualquier negociación con otro país.
En ese sentido, rechazó que Estados Unidos condicione el diálogo a la liberación de detenidos o a revisiones de procesos judiciales. Para el régimen, aceptar ese tipo de exigencias equivaldría a permitir una injerencia directa en su soberanía.
Sin vínculo entre presos, economía y crisis energética
Otro aspecto relevante de las declaraciones fue el rechazo a vincular la situación de los presos con la crisis económica y energética que atraviesa Cuba. Fernández de Cossío negó que exista relación entre el acceso a recursos como el petróleo, las sanciones económicas o las dificultades financieras del país y la excarcelación de detenidos.
“No vemos razón, no vemos qué vínculo tiene un tema [bloqueo petrolero] con el otro [presos]. No tenemos intención de hablar sobre eso, no es parte del diálogo bilateral entre dos países”, mencionó. El mensaje oficial es claro: ni la escasez, ni las presiones económicas, ni la crisis estructural abrirán la puerta a concesiones políticas en este terreno.
Líneas rojas del régimen: sistema político y Constitución
El funcionario delineó con precisión las líneas rojas del gobierno cubano. Entre los temas excluidos de cualquier diálogo se encuentran la Constitución, el sistema socialista y la organización política del país.
Para ilustrar su postura, comparó estas exigencias con lo que consideró escenarios inaceptables, como que Cuba pretendiera discutir con Estados Unidos su sistema judicial o sus políticas migratorias realizadas en ciudades como Minneapolis. Con ello, el régimen refuerza su narrativa de defensa de la soberanía frente a presiones externas.
Disposición al diálogo bajo condiciones estrictas
Pese al tono firme, Fernández de Cossío afirmó que Cuba no descarta dialogar con Washington, siempre que exista voluntad mutua, respeto y seriedad. No obstante, dejó claro que ese diálogo estaría estrictamente delimitado y no incluiría demandas relacionadas con presos, derechos políticos o cambios en el sistema.
El vicecanciller reconoció que el país atraviesa un momento complejo, con opciones limitadas y grandes desafíos económicos, pero subrayó que esas dificultades no modificarán la postura del régimen frente a lo que considera imposiciones externas.
“Tenemos opciones limitadas y tenemos además una necesidad reorganizativa en el país que implica que nos va a costar mucho trabajo, va a requerir mucha creatividad. Un proceso de reorganización que hemos previsto (…) y venimos preparando. No es algo sencillo, es algo difícil para la gestión del Gobierno y es algo muy difícil para la población en su conjunto”, concluyó.
Un mensaje político en medio de la presión internacional
Las declaraciones del gobierno cubano se producen en un escenario de creciente presión internacional por la situación de los presos y los derechos humanos. Con este pronunciamiento, La Habana envía un mensaje inequívoco: cualquier acercamiento con Estados Unidos tendrá límites claros y no incluirá concesiones en materia judicial o política.
La postura reafirma una línea histórica del régimen y vuelve a descartar que la liberación de presos se convierta en moneda de cambio dentro de una eventual agenda bilateral, incluso en un contexto de crisis interna y aislamiento diplomático.





