Díaz-Canel acusa a EE. UU. de intentar ahogar a Cuba tras orden de Donald Trump que busca frenar el acceso a combustibles

El dictador cubano Miguel Díaz-Canel reaccionó públicamente a la reciente decisión del gobierno de Estados Unidos de intensificar la presión económica sobre Cuba mediante una medida orientada a limitar el suministro de petróleo hacia la isla, una acción que se produce en medio de una compleja crisis energética y económica.

El pronunciamiento del mandatario ocurre después de que el presidente estadounidense Donald Trump firmara una orden ejecutiva que declara a Cuba como una “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos, habilitando así la aplicación de sanciones y aranceles a países que mantengan vínculos energéticos con el gobierno cubano.


En su cuenta de Facebook el mandatario caribeño calificó la medida carente de argumentos para aplicarse y volvió a tocar el tema del embargo estadounidense a la isla que lleva más de sesenta años. “¿Acaso no decían el Secretario de Estado y sus arlequines que el bloqueo no existía? ¿Dónde están los que aburren con sus falsas historias de que es un simple ‘embargo en el comercio bilateral’?”, escribió Díaz-Canel.

En el tramo final de su intervención, y en línea con el tono que ha marcado todo su discurso, el líder sostuvo que este episodio representa una prueba más de la creciente escalada que atraviesa la situación “la naturaleza fascista, criminal y genocida de una camarilla que ha secuestrado los intereses del pueblo estadounidense con fines puramente personales”.

Una orden ejecutiva con alcance extraterritorial

Según el contenido del texto, la orden ejecutiva no se limita a una sanción directa contra Cuba, sino que amplía su alcance a terceros países que suministren petróleo o derivados a la isla. Esta característica le otorga un carácter extraterritorial, al permitir que Washington adopte medidas punitivas contra naciones que, sin ser parte del conflicto bilateral, mantengan relaciones comerciales con La Habana.

La estrategia busca reducir de forma drástica el acceso de Cuba a combustibles, afectando uno de los pilares básicos de su funcionamiento económico. Al penalizar a los proveedores, Estados Unidos intenta cerrar vías indirectas de abastecimiento que han permitido a la isla sostener, aunque de forma limitada, su sistema energético.

El informe señala a las autoridades cubanas por servir de plataforma a actividades de inteligencia vinculadas a Moscú y Pekín, dar cobijo a grupos como Hamas y Hezbollah, y alimentar focos de inestabilidad en la región a través de fenómenos que describe como “migración inducida y violencia”.


De acuerdo con fuentes citadas por The Wall Street Journal, este enfoque forma parte de una ofensiva política diseñada para precipitar un giro de poder en la Isla, partiendo de la premisa de que el sistema cubano se encuentra en su fase final y que la ventana de acción se está cerrando.

El momento elegido: una crisis energética persistente

La decisión se produce en un contexto particularmente sensible para Cuba, marcado por apagones frecuentes, escasez de combustible y limitaciones operativas en sectores clave. La falta de petróleo ha tenido repercusiones directas en la generación eléctrica, el transporte público, la actividad industrial y el funcionamiento de servicios esenciales.

Desde la perspectiva del gobierno cubano, estas dificultades no son únicamente el resultado de problemas internos, sino que están directamente vinculadas al endurecimiento de las sanciones estadounidenses, que restringen el acceso del país a mercados internacionales y a suministros estratégicos.

La postura del Ministerio de Relaciones Exteriores

Antes de la reacción presidencial, el canciller cubano Bruno Rodríguez ya había condenado públicamente la orden ejecutiva, a la que calificó como un “brutal acto de agresión”. Desde la Cancillería se sostiene que la medida tiene como propósito intimidar a terceros países y disuadirlos de mantener cualquier tipo de cooperación energética con Cuba.

El Ministerio de Relaciones Exteriores considera que esta política forma parte de una estrategia sistemática orientada a provocar un deterioro económico interno que genere mayor presión social dentro del país, trasladando el costo de las sanciones a la población.

Impacto potencial en la economía y la vida cotidiana

De concretarse una reducción significativa del suministro de petróleo, los efectos podrían sentirse de forma inmediata en múltiples áreas. La generación eléctrica, ya limitada, podría enfrentar nuevas restricciones, incrementando la frecuencia y duración de los apagones. El transporte público y la distribución de bienes también podrían verse afectados, con consecuencias directas para la movilidad y el abastecimiento.

Aunque el texto no detalla escenarios futuros, sí deja claro que el sector energético es uno de los puntos más vulnerables de la economía cubana, lo que convierte esta medida en un instrumento de alto impacto dentro del actual entramado de sanciones.

Un nuevo capítulo en la escalada de tensiones bilaterales

La orden ejecutiva se suma a una larga serie de sanciones y restricciones que han definido la relación entre Estados Unidos y Cuba durante décadas. Sin embargo, el énfasis en el suministro de petróleo introduce un elemento especialmente sensible, dada la dependencia de la isla de fuentes externas de energía.

Con este nuevo episodio, el enfrentamiento político y diplomático entre Washington y La Habana vuelve a intensificarse, trasladando parte del conflicto al plano internacional y aumentando la presión sobre países que mantienen vínculos energéticos con Cuba.


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