
Durante una audiencia en el Senado de Estados Unidos, el senador republicano Marco Rubio volvió a dejar clara la postura de Washington respecto a Cuba: el embargo económico no es una herramienta flexible sujeta a decisiones administrativas, sino una política anclada en la ley federal estadounidense.
Rubio insistió en que cualquier intento de modificar sustancialmente la política hacia La Habana debe partir del cumplimiento de los requisitos legales establecidos, descartando la posibilidad de un levantamiento unilateral de las sanciones mientras el sistema político actual continúe en el poder.
El embargo como política codificada en la ley estadounidense
Uno de los puntos centrales de la intervención fue la referencia directa a la Ley Helms-Burton, aprobada en 1996, que convirtió el embargo en legislación federal. Según explicó Rubio, esta norma fija de manera explícita que solo un cambio político significativo en Cuba permitiría avanzar hacia su eliminación. “No es una mera preferencia política, sino parte de lo que exige la ley estadounidense”, explicó el secretario.
El senador subrayó que esta condición no responde a preferencias ideológicas de un partido o de una administración en particular, sino a un marco legal que limita el margen de maniobra del Ejecutivo estadounidense. En ese sentido, dejó claro que el debate sobre el embargo no es solo diplomático, sino fundamentalmente jurídico.
“Nos gustaría ver un cambio”, pero sin intervención directa
Durante la audiencia, Rubio reconoció que Estados Unidos desearía ver un cambio político en Cuba, una afirmación que ha sido recurrente en su discurso público. Sin embargo, matizó que ese deseo no implica que Washington tenga intención de provocar directamente dicho cambio.
El senador remarcó que cualquier transformación legítima debe surgir desde dentro de la isla, una aclaración que busca diferenciar la presión política y económica de una intervención directa en los asuntos internos cubanos. “El levantamiento de las sanciones y el embargo solo se concretará una vez que se produzca un cambio de régimen”, agregó.
El debate sobre una posible transición política en Cuba salió a relucir de manera directa a raíz de una pregunta del senador demócrata Brian Schatz, de Hawái, quien inquirió si el gobierno de Donald Trump, bajo cuyo mandato Rubio dirige la política exterior, contemplaría desistir de cualquier iniciativa encaminada a promover un cambio de régimen en la isla.
Rubio sostuvo que un cambio en la conducción política de Cuba sería un escenario deseable para la administración, pero se apresuró a precisar que esa aspiración no se traduciría en una intervención directa. En ese sentido, dejó claro que, aunque Washington observa con interés una eventual transformación, cualquier proceso de ese tipo tendría que nacer desde el propio interior de la isla y no como resultado de una acción impulsada desde el exterior.
“Nos encantaría que sucediera. Sería un beneficio para EEUU si Cuba no estuviera gobernada por un régimen autocrático”, explicó dejando entrever que EE.UU por el momento espera que los cambios en la isla se produzcan desde dentro.
La responsabilidad del régimen en la crisis económica
Otro eje de su intervención estuvo centrado en la crisis económica que atraviesa Cuba. Rubio sostuvo que los problemas estructurales del país responden principalmente al modelo de gobierno y a la gestión interna del régimen, rechazando la narrativa que atribuye la situación casi exclusivamente al embargo estadounidense.
“El modelo económico implementado no ha demostrado funcionalidad en ningún contexto global”, sostuvo, y añadió que la situación en la isla ha llegado a un punto tal que “ni siquiera los fundadores del pensamiento soviético reconocerían la versión actual del sistema en la isla”.
Rubio ilustró el deterioro económico del país recurriendo al caso del sector azucarero, al subrayar que una nación que durante décadas lideró la producción mundial de azúcar ha terminado dependiendo de importaciones para cubrir su propio consumo, una situación que, a su juicio, refleja con claridad el retroceso productivo de Cuba. “El sufrimiento en las zonas rurales es consecuencia directa de la incapacidad del régimen para manejar la economía nacional”, señaló.
Con este argumento, el senador volvió a señalar al sistema político cubano como el principal responsable del deterioro económico y social, una postura que refuerza la idea de que levantar las sanciones sin cambios internos no resolvería los problemas de fondo.
Cuba en el tablero de la política exterior regional
Las declaraciones de Rubio se produjeron en un contexto más amplio de discusión sobre la política exterior de Estados Unidos en América Latina, incluyendo la situación en Venezuela. En ese marco, Cuba volvió a ocupar un lugar central como símbolo de las tensiones históricas entre Washington y los gobiernos autoritarios de la región.
El mensaje transmitido durante la audiencia fue consistente con una línea de continuidad: la política de presión hacia La Habana se mantendrá mientras no se produzcan cambios políticos que cumplan con los requisitos establecidos por la legislación estadounidense.
Un mensaje con implicaciones a largo plazo
Más allá del debate inmediato, las palabras de Rubio refuerzan una señal clara para la comunidad internacional y para la diáspora cubana: el embargo no está sujeto a negociaciones coyunturales ni a gestos diplomáticos aislados. Su eventual levantamiento dependerá, según la ley vigente, de transformaciones profundas en el sistema político cubano.
Así, la intervención del senador volvió a poner sobre la mesa una realidad que marca la relación bilateral desde hace décadas y que, según dejó claro ante el Senado, no cambiará mientras no se modifiquen las condiciones políticas en la isla.



