
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó este martes ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado que a Washington “le encantaría ver un cambio de régimen en Cuba”, una declaración que vuelve a colocar a la isla en el centro del debate sobre la política exterior estadounidense hacia América Latina.
Las palabras de Rubio se produjeron durante una audiencia legislativa en la que lo interrogaron sobre si la administración del presidente Donald Trump contempla aplicar en Cuba una estrategia similar a la utilizada recientemente en Venezuela. En su respuesta, el jefe de la diplomacia estadounidense dejó claro que, aunque un cambio político en la isla sería deseable para Estados Unidos, no implica necesariamente una acción directa o una intervención militar para provocarlo.
“Que nos encantaría ver un cambio de régimen allí, sin duda”, expresó Rubio. “Eso no significa que estemos planeando cómo provocar ese cambio, pero claramente nos gustaría verlo”.
Una declaración directa, pero con matices
Rubio subrayó que un eventual cambio de régimen en Cuba sería beneficioso para los intereses de Estados Unidos, en especial desde la óptica de derechos humanos, estabilidad regional y gobernanza democrática. Sin embargo, también marcó límites claros al precisar que Washington no está diseñando una operación para forzar ese escenario, diferenciando el deseo político de una acción concreta.
El secretario de Estado enmarcó sus comentarios dentro de una crítica más amplia al sistema político cubano, al que describió como un régimen autoritario con décadas de control político, represión y ausencia de libertades fundamentales. Según Rubio, la política estadounidense no busca imponer un modelo externo, sino crear condiciones para que los propios cubanos puedan vivir sin temor a su gobierno.
“Nos encantaría ver cambiar el régimen allí. Nos gustaría. Eso no significa que vayamos a hacerlo cambiar, pero sin duda nos gustaría verlo cambiar. Sería un gran beneficio para los Estados Unidos si Cuba ya no estuviera gobernada por un régimen autocrático”, dijo el secretario.
El peso de la Ley Helms-Burton
Durante su intervención, Rubio recordó que la relación de Estados Unidos con Cuba está regida por la Ley Helms-Burton, aprobada en 1996, que codificó el embargo económico y estableció que su levantamiento solo puede producirse tras una transición democrática verificable en la isla. “Está en la ley. Para que podamos levantar el embargo, debe haber un cambio de régimen”, añadió Rubio.
Ese marco legal, señaló, limita el margen de maniobra de cualquier administración estadounidense, independientemente de cambios políticos en Washington. En ese sentido, reafirmó que la política hacia Cuba no es únicamente una decisión del Ejecutivo, sino una estrategia definida por el Congreso y anclada en la legislación vigente.
Cuba y el precedente venezolano
Las declaraciones de Rubio surgieron en una audiencia centrada principalmente en Venezuela, donde el secretario de Estado detalló la postura de Estados Unidos tras la captura del presidente Nicolás Maduro y defendió el papel de Washington como garante de una transición política en ese país.
“Queremos una Venezuela amiga, estable y democrática, y estamos preparados para usar la fuerza si otros métodos fracasan”, dijo Marco.
Fue en ese contexto que un senador demócrata preguntó si la Casa Blanca contempla un enfoque similar para Cuba. La respuesta de Rubio estableció una línea de continuidad discursiva, pero también una diferenciación estratégica: mientras que Venezuela enfrenta un escenario de transición activa, Cuba permanece bajo un esquema de presión política y económica de largo plazo.
Presión sin detallar medidas concretas
Rubio no descartó el uso de herramientas de presión económica, política o informativa contra el Gobierno cubano, aunque evitó precisar qué medidas específicas podrían adoptarse en el corto o mediano plazo. Sus declaraciones sugieren que la estrategia estadounidense seguirá basándose en sanciones, aislamiento diplomático y control sobre flujos financieros vinculados al Estado cubano y sus empresas.
Al mismo tiempo, insistió en que el objetivo declarado de Washington es respaldar al pueblo cubano, no castigar a la población, una afirmación recurrente en el discurso oficial estadounidense, pero que continúa siendo objeto de debate internacional.
Un mensaje político con impacto regional
Aunque Rubio dejó claro que no existe un plan inmediato para provocar un cambio de régimen en Cuba, sus palabras representan una de las declaraciones más explícitas de un alto funcionario estadounidense sobre el futuro político de la isla en los últimos años.
El mensaje llega en un momento de alta tensión en América Latina, marcado por reconfiguraciones de poder, presiones diplomáticas y una política exterior estadounidense más confrontativa frente a gobiernos considerados autoritarios en la región.
En el caso cubano, las declaraciones del secretario de Estado confirman que La Habana seguirá siendo un eje central de la agenda hemisférica de Washington, con una estrategia que combina presión política, restricciones económicas y un discurso abiertamente crítico hacia el régimen.




