
Un reportaje de The Wall Street Journal sostiene que Estados Unidos está evaluando activamente distintas alternativas para propiciar un cambio político en Cuba antes de que concluya el año, en lo que funcionarios estadounidenses describen como una coyuntura excepcionalmente frágil para el sistema gobernante de la isla.
El análisis, basado en fuentes vinculadas a la administración del presidente Donald Trump, apunta a que Washington percibe una combinación de factores internos y externos que han debilitado al gobierno cubano a niveles no vistos en décadas.
Una crisis estructural que se profundiza
El artículo describe a Cuba inmersa en una crisis económica de gran escala, caracterizada por la escasez crónica de alimentos, medicinas y combustible, así como por prolongados apagones que afectan tanto a la población como a sectores productivos clave. La inflación, la caída del poder adquisitivo y el deterioro de los servicios básicos han erosionado las condiciones de vida de millones de ciudadanos.
Según el Wall Street Journal, este contexto ha incrementado la presión social sobre el Estado cubano y ha reducido su capacidad para responder de manera efectiva a las demandas internas, debilitando uno de los pilares históricos de estabilidad del sistema.
Migración masiva y pérdida de capital humano
Otro elemento destacado es el impacto de la emigración a gran escala. El texto subraya que la salida continua de ciudadanos, incluidos profesionales y trabajadores jóvenes, ha provocado una pérdida significativa de capital humano, afectando tanto a la economía como a la estructura social del país.
Desde la óptica de Washington, este fenómeno no solo refleja el malestar interno, sino que también limita la capacidad del gobierno cubano para sostener el aparato productivo y administrativo en el mediano plazo.
El fin de los respaldos externos tradicionales
El reportaje enfatiza la reducción del apoyo externo como un factor determinante en la actual debilidad del régimen. En particular, señala la disminución del respaldo energético y financiero procedente de Venezuela, que durante años permitió a La Habana amortiguar el impacto de su ineficiencia económica interna.
Funcionarios citados por el diario consideran que esta pérdida de apoyo ha dejado al gobierno cubano con menos recursos para enfrentar la crisis, aumentando su dependencia de medidas internas de ajuste y de un control político más estricto.
“Venezuela ya no necesita protección de los matones y extorsionadores que la mantuvieron secuestrada durante tantos años…Venezuela tiene ahora a los Estados Unidos de América, el ejército más poderoso del mundo (¡por mucho!), para protegerla, y la protegeremos… No habrá más petróleo ni dinero para Cuba, cero. Recomiendo encarecidamente que lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde», dijo Trump recientemente.
Una estrategia sin intervención militar
El Wall Street Journal aclara que la administración estadounidense no contempla una acción militar directa. En su lugar, el enfoque descrito se basa en una combinación de presión económica, aislamiento diplomático y evaluación de posibles fracturas internas dentro del aparato estatal cubano.
Según el reporte, Washington estaría analizando si existen sectores dentro del propio sistema que, ante la magnitud de la crisis, pudieran estar dispuestos a considerar una transición política o a distanciarse del liderazgo actual.
Evaluaciones internas sin un plan definido
Pese a la intensidad del análisis, el artículo subraya que no existe un plan público ni una estrategia formalmente anunciada para provocar un cambio de gobierno en Cuba. Las discusiones se mantienen en un plano interno y exploratorio, sin un calendario concreto ni acciones específicas divulgadas oficialmente.
Esta ausencia de una hoja de ruta clara refleja, según el diario, tanto la complejidad del escenario cubano como los riesgos políticos y geopolíticos asociados a un eventual colapso del sistema.
La respuesta de La Habana y el discurso de soberanía
Desde el lado cubano, el gobierno encabezado por Miguel Díaz-Canel ha reiterado su rechazo a cualquier intento de injerencia extranjera. El liderazgo de la isla insiste en que las dificultades económicas son consecuencia directa de las sanciones estadounidenses y mantiene un discurso centrado en la defensa de la soberanía y la continuidad del modelo político vigente.
El artículo señala que, pese a la presión externa y al deterioro interno, las autoridades cubanas continúan proyectando una imagen de control institucional y resistencia política.
Un escenario abierto y de alta incertidumbre
El análisis concluye que, aunque en Washington existe la percepción de que Cuba atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente, el desenlace es incierto. Factores como la cohesión interna del aparato estatal, la reacción de la población y la evolución del contexto regional serán determinantes en los próximos meses.
Por ahora, el reportaje de The Wall Street Journal refleja una intensificación del debate estratégico dentro del gobierno estadounidense más que la inminencia de una acción concreta, en medio de una crisis cubana que continúa profundizándose y atrayendo la atención internacional.





