
La audiencia celebrada el viernes pasado cerró el proceso judicial contra Derek Rosa dejó una de las escenas más contundentes del caso cuando su padrastro, Frank Ramos, tomó la palabra ante el tribunal. Su intervención, marcada por la emoción y la firmeza, trasladó el foco del expediente penal al impacto humano del crimen y a las secuelas que persisten más allá de la sentencia.
En una sala en silencio, Ramos habló directamente al adolescente por primera vez desde el asesinato de su madre. No fue un discurso breve ni protocolar: fue un testimonio que reconstruyó la historia familiar previa, el golpe devastador de la tragedia y las consecuencias que continúan marcando su vida cotidiana.
Una familia que parecía estable antes del crimen
Durante su declaración, el padrastro evocó los años previos al homicidio, describiendo una convivencia familiar que, según dijo, era cercana y estable. Aseguró que siempre trató a Derek como a un hijo y que nunca imaginó que la relación terminaría de esa forma. “Para mí, tú fuiste como un hijo, éramos una familia muy unida”, dijo visiblemente emocionado y mirando fijamente al acusado.
Ese contraste entre la normalidad previa y el crimen fue uno de los ejes de su mensaje. Ramos subrayó que la violencia no solo irrumpió de manera abrupta, sino que destruyó un entorno familiar que, hasta entonces, se percibía como funcional y unido.
El recuerdo de la madre y el vacío que dejó
Uno de los momentos más sensibles de su intervención estuvo dedicado a la memoria de la madre de Derek. El padrastro la describió como una mujer entregada a sus hijos y comprometida con la familia, destacando su rol central en la dinámica del hogar.
“Tu mamá fue una madre amorosa y dedicada, una excelente persona. Su partida destruyó a nuestra familia y cambió mi vida para siempre”, dijo con la voz entrecortada.
Según expresó, su muerte no solo significó la pérdida de una vida, sino el colapso emocional de toda la familia. El vacío dejado por la víctima afirmó, sigue presente en cada aspecto de la rutina diaria, desde la crianza de la hija menor hasta la reconstrucción de un hogar marcado por el duelo.
“Nada justifica lo ocurrido”: afecto y reproche en un mismo mensaje
Aunque Ramos reconoció el cariño que alguna vez sintió por Derek, fue categórico al señalar que ningún vínculo afectivo puede justificar el crimen. En su mensaje, dejó claro que el amor pasado no borra la responsabilidad ni atenúa la gravedad de los hechos.
“Después de esta tragedia me quedé solo con tu hermanita. Nada puede justificar lo que hiciste ni devolvernos a tu madre, pero creo firmemente que debes asumir la responsabilidad y pagar las consecuencias de tus actos”, comentó subrayando que la violencia cometida cambió de forma permanente la vida de todos los involucrados.
Las consecuencias después del juicio
Más allá del asesinato, Ramos expuso ante la corte las secuelas que han seguido al crimen. Relató que, tras la muerte de su esposa, tuvo que asumir en solitario la crianza de la hija menor, enfrentando un proceso de duelo prolongado y una nueva realidad familiar.
“Durante estos dos años también he sido difamado y acosado, lo que ha afectado gravemente mi tranquilidad y mi vida personal”, explicó ante los presentes.
También mencionó el impacto de la exposición pública del caso. Según explicó, la atención mediática y los comentarios externos han generado episodios de estigmatización y presión emocional que afectan tanto a él como a la niña, ampliando el daño más allá del ámbito judicial.
Un mensaje directo al acusado
El testimonio estuvo dirigido de forma explícita a Derek, en un intento de confrontarlo con las consecuencias reales de sus decisiones. No se trató de una declaración orientada a castigar simbólicamente, sino de una confrontación directa con la magnitud del daño causado.
Para quienes presenciaron la audiencia, ese momento condensó el drama central del caso: la ruptura definitiva de los lazos familiares y la imposibilidad de volver al punto anterior a la tragedia.
La ocurrencia del crimen y el recorrido por las audiencias judiciales
El caso que hoy conmociona al sur de Florida se originó en octubre de 2023, cuando Rosa, entonces de 13 años, atacó mortalmente a su madre Irina García mientras dormía en el apartamento familiar en Hialeah. El hecho, ocurrido en horas de la madrugada, provocó una inmediata respuesta policial y dio inicio a una investigación que, desde sus primeras horas, generó un fuerte impacto público por la edad del acusado y la brutalidad del crimen.
Tras su arresto, el adolescente fue presentado ante la corte en una audiencia inicial donde se formalizaron los cargos y se determinó su reclusión en un centro juvenil mientras avanzaba el proceso. Desde ese primer momento, el caso atrajo atención mediática y social, convirtiéndose en uno de los procesos más seguidos en Miami-Dade durante los meses posteriores.
En audiencias sucesivas, la fiscalía expuso los elementos centrales de la acusación, mientras la defensa solicitó evaluaciones psicológicas y debatió el marco legal aplicable a un menor acusado de homicidio. Estas comparecencias permitieron al tribunal establecer las bases del caso, definir la competencia de la corte y delimitar las opciones legales disponibles.
Con el avance del proceso, se produjo una audiencia clave en la que Derek Rosa aceptó su responsabilidad penal, lo que evitó un juicio con jurado y condujo directamente a la fase de sentencia. Ese paso marcó un punto de inflexión, al trasladar el foco desde la determinación de culpabilidad hacia el impacto del crimen y las consecuencias legales.
La audiencia final, en la que se dictó sentencia, estuvo dedicada en gran parte a los testimonios de impacto familiar. Fue en ese contexto donde el padrastro del adolescente tomó la palabra, ofreciendo un relato que reconstruyó el antes y el después del crimen desde la perspectiva de quienes quedaron atrás.
Así, el proceso judicial cerró no solo con una resolución legal, sino con una exposición pública del daño emocional que acompañó cada una de las etapas del caso.
Un cierre judicial con fuerte impacto humano
Las palabras del padrastro se convirtieron en uno de los elementos más recordados de la audiencia final. Su testimonio aportó una dimensión humana al proceso judicial, mostrando cómo un crimen trasciende las cifras y los cargos legales para instalarse en la vida diaria de quienes sobreviven.
El caso de Derek Rosa queda así marcado no solo por la sentencia, sino por el relato de una familia que, según las propias palabras de su padrastro, quedó “rota para siempre” por un acto de violencia cuyas consecuencias continúan desarrollándose fuera de la sala del tribunal.





