Régimen cubano denuncia “fines oportunistas” en la ayuda enviada desde Estados Unidos para los damnificados por el huracán Melissa

Foto: Cuenta de X de USA en Español y video de YouTube de Martí Noticias

El gobierno de Cuba arremetió contra la ayuda humanitaria enviada desde Estados Unidos tras el reciente huracán que golpeó con fuerza el oriente de la isla, al considerar que la asistencia responde a “fines oportunistas” y busca obtener réditos políticos en un contexto de profunda crisis económica y social.

La denuncia fue formulada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), que cuestionó no solo la intención del envío, sino también los canales utilizados para hacer llegar la ayuda a la población afectada.


El reclamo oficial: ayuda sin coordinación con el Estado

En un comunicado difundido por medios oficiales, las autoridades cubanas señalaron que el envío de asistencia no fue coordinado directamente entre ambos gobiernos, un requisito que, según La Habana, resulta imprescindible incluso en situaciones de emergencia. El MINREX sostuvo que el Ejecutivo cubano tuvo conocimiento del operativo a través de la Iglesia Católica, que actúa como intermediaria en la recepción y distribución de los insumos.

“El gobierno de EE.UU. está aprovechando con fines oportunistas y de manipulación política lo que parecería un gesto humanitario”, insistió el comunicado en X y subrayó que esta debe canalizarse mediante los mecanismos estatales establecidos, a fin de garantizar —según su versión— una distribución ordenada y acorde con las prioridades nacionales.

Qué incluye la ayuda y cómo se está distribuyendo

La asistencia enviada desde Estados Unidos incluye 528 kits de alimentos, 668 kits con productos de higiene personal y suministros básicos para el acceso a agua potable los cuales llegaron al Aeropuerto Internacional de Holguín. El paquete tiene un valor estimado de varios millones de dólares y se distribuirá principalmente por Cáritas Cuba, junto a otras organizaciones vinculadas a la Iglesia Católica.

Las provincias beneficiadas se concentran en el oriente del país, una de las regiones más castigadas por el paso del huracán, entre ellas Holguín, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo, donde miles de familias sufrieron daños en viviendas, cortes prolongados de electricidad y escasez de alimentos y agua.


De acuerdo con lo informado por el Departamento de Estado, esta acción forma parte de un fondo de tres millones de dólares destinado a asistencia en casos de desastre, aprobado por la administración del presidente Donald Trump.

Los suministros se trasladarán a través de vuelos chárter y embarcaciones marítimas, con el objetivo de beneficiar a cerca de 6,000 familias residentes en las provincias más golpeadas: Holguín, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo. Entre los productos a enviar habrá frijoles, arroz, aceite, azúcar entre otros de primera necesidad, también se donarán linternas, mantas, sábanas y ollas.

Un trasfondo marcado por la desconfianza

El choque en torno a la ayuda humanitaria no ocurre en el vacío. Se produce en medio de una relación históricamente tensa entre La Habana y Washington, marcada por sanciones, acusaciones mutuas y profundas diferencias políticas. El Gobierno de la isla volvió a dejar claro que toda ayuda humanitaria, independientemente de su procedencia, deberá canalizarse obligatoriamente a través de las estructuras oficiales encargadas de su recepción, organización y posterior distribución.

“Como principio, Cuba no se opone a la asistencia procedente de gobiernos u organizaciones, siempre que beneficie al pueblo y no se utilicen las necesidades de los damnificados para lucrar políticamente bajo el disfraz de gesto humanitario”, destaca el comunicado del régimen de La Habana.

Desde el lado estadounidense, así como desde sectores del exilio cubano, se ha defendido la entrega directa de la ayuda a la población, argumentando que los canales oficiales suelen retrasar la distribución o politizarla, especialmente en un contexto de emergencia humanitaria. “Todos sabemos durante años que la dictadura asesina en Cuba se roba las donaciones y luego se las revende al pueblo a precios exorbitantes”, comentó el congresista cubanoamericano Carlos Giménez.

Por su parte, María Elvira Salazar enfatizó: “Estados Unidos siempre ha sido generoso con quienes luchan por la libertad y la democracia, incluido el oprimido pueblo de Cuba. Al pasar por encima del régimen, apoyamos su lucha por la libertad, no a su represor”.

La Iglesia como actor clave en la crisis

El papel de la Iglesia Católica vuelve a cobrar protagonismo como intermediaria en momentos críticos. En los últimos años, instituciones religiosas han asumido un rol creciente en la entrega de alimentos, medicinas y ayuda social, ante la incapacidad del Estado para cubrir las necesidades básicas de la población.

Este protagonismo, sin embargo, genera incomodidad en las autoridades, que insisten en mantener el control centralizado de la asistencia y recelan de cualquier iniciativa que escape a su supervisión directa.

Debate abierto sobre la ayuda humanitaria

El episodio reabre un debate recurrente dentro y fuera de la isla: ¿debe la ayuda humanitaria pasar obligatoriamente por el Estado o priorizar la llegada directa a quienes la necesitan con urgencia? Mientras el gobierno defiende la centralización como garantía de equidad y soberanía, críticos y organizaciones independientes sostienen que los mecanismos alternativos resultan más ágiles y efectivos en situaciones límite.

En medio de la recuperación tras el huracán, la polémica en torno a la ayuda humanitaria vuelve a reflejar las profundas fracturas políticas que atraviesan la relación entre Cuba y Estados Unidos, y pone en evidencia cómo incluso la asistencia ante desastres naturales se convierte en un nuevo escenario de confrontación ideológica y diplomática.


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