Influencer cubano Alexander Otaola devuelve a Díaz-Canel su propia amenaza en medio de tensión con EE.UU: “Ahora es que tienes que dar la orden de combate”

Otaola y Díaz-Canel. Foto: Video de Facebook de Cubanos por el Mundo y Euronews

El influencer y presentador cubano Alexander Otaola volvió a colocar al Gobierno cubano en el centro del debate público al lanzar un reto directo al presidente Miguel Díaz-Canel, reutilizando una de las frases más polémicas de su mandato: “Ahora es que tienes que dar la orden de combate”. La expresión, pronunciada por Díaz-Canel durante las protestas del 11 de julio de 2021, reaparece ahora como un símbolo de confrontación política y memoria histórica.

El peso de una frase que marcó al país

La llamada “orden de combate” quedó asociada a uno de los episodios más tensos de la Cuba contemporánea. Hace casi cinco años ya, miles de ciudadanos salieron a las calles en distintas ciudades del país para protestar contra la escasez, los apagones y la falta de libertades. La respuesta oficial incluyó detenciones masivas, juicios sumarios y denuncias de represión, lo que convirtió aquella frase presidencial en un punto de quiebre para amplios sectores de la sociedad cubana y la comunidad internacional.


Al rescatarla, Otaola no solo apela a la memoria colectiva, sino que cuestiona la coherencia del poder político cubano: una dureza demostrada frente a manifestantes internos que, según él, no se sostiene ante escenarios de presión externa.

Las declaraciones de Otaola: un mensaje directo, provocador y cargado de simbolismo

En su intervención, Alexander Otaola no se limitó a citar una frase del pasado, sino que construyó un mensaje político con varias capas de lectura. Desde su programa subrayó una contradicción central del poder en Cuba: la rapidez con la que el Estado recurrió a la fuerza contra ciudadanos desarmados frente a la cautela —o incapacidad— para sostener un discurso de confrontación real ante presiones externas.

Otaola planteó que la “orden de combate” fue aplicada sin titubeos cuando el desafío provino del interior del país, pero que hoy el Gobierno evita llevar su retórica beligerante más allá del plano discursivo. En ese sentido, el mensaje fue formulado como un reto explícito a Miguel Díaz-Canel, al que emplazó a demostrar con hechos la firmeza que proclamó en 2021. El tono, deliberadamente irónico, buscó exponer lo que el presentador describe como una asimetría entre la dureza ejercida contra la población y la cautela mostrada ante actores internacionales.

El influencer también cuestionó la narrativa oficial de “resistencia heroica”, afirmando que se trata de un discurso desconectado de la realidad cotidiana de los cubanos. Según Otaola, mientras el Gobierno insiste en consignas de sacrificio y defensa de la soberanía, la población enfrenta una crisis marcada por la escasez, la migración masiva y el deterioro de los servicios básicos. En ese contraste, sostuvo, la frase presidencial pierde legitimidad y se convierte en un recordatorio incómodo del uso del poder coercitivo.

Además, Otaola vinculó sus declaraciones al papel de la diáspora cubana, a la que presentó como un actor político y comunicacional clave. Afirmó que el exilio mantiene viva la memoria de episodios como el 11J y evita que expresiones como la “orden de combate” queden relegadas al olvido o sean reinterpretadas por el discurso oficial. En ese marco, su reto no solo interpela al presidente cubano, sino que busca movilizar a la opinión pública dentro y fuera de la isla.


Finalmente, el comunicador dejó claro que su mensaje no pretende ser una llamada a la confrontación militar, sino una crítica simbólica al lenguaje del poder. Al reapropiarse de una consigna presidencial, Otaola transforma una frase concebida para reafirmar autoridad en un instrumento de cuestionamiento político, reforzando su estilo comunicativo: directo, provocador y diseñado para generar debate tanto en los medios como en las redes sociales.

Maniobras militares del régimen cubano ante el despliegue de medios de combate de EE. UU. en el Caribe

En paralelo al cruce de declaraciones y a la reactivación de consignas de confrontación, el Gobierno de Cuba ha intensificado en las últimas semanas su retórica y preparación militar, anunciando maniobras defensivas en respuesta al despliegue de medios de combate de Estados Unidos en el Caribe. Las autoridades cubanas han presentado estos ejercicios como una respuesta preventiva ante lo que describen como un aumento de la presión militar estadounidense en la región.

Según el discurso oficial, las maniobras buscan elevar el nivel de “disposición combativa” de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y demostrar la capacidad de defensa del país frente a un escenario externo adverso. Los ejercicios incluyen entrenamientos de tropas terrestres, movimientos de unidades navales y prácticas de defensa aérea, difundidos ampliamente por los medios estatales como señal de firmeza y preparación.

Sin embargo, analistas y voces críticas interpretan estas acciones como parte de una estrategia comunicacional más que como un cambio sustancial en el equilibrio militar. En un contexto de severas limitaciones económicas y tecnológicas, la capacidad real de las fuerzas cubanas para sostener un escenario de confrontación prolongada es objeto de cuestionamiento, incluso entre sectores tradicionalmente alineados con el discurso oficial.

El anuncio de las maniobras se produce además en un momento de alta sensibilidad interna, marcado por el descontento social, la crisis económica y la emigración masiva. Para observadores independientes, la exhibición de ejercicios militares cumple una doble función: proyectar una imagen de fortaleza hacia el exterior y reforzar el control interno mediante un discurso de amenaza permanente.

Desde Washington, el despliegue de medios de combate en el Caribe ha sido presentado como parte de operaciones regulares de seguridad regional y cooperación con aliados, sin referencias directas a una acción específica contra Cuba. No obstante, La Habana ha utilizado estos movimientos para reactivar su narrativa histórica de plaza sitiada, reforzando un lenguaje de confrontación que remite a etapas anteriores de la Guerra Fría.

Así, las maniobras militares anunciadas por el régimen cubano se insertan en un clima de tensión política y simbólica, donde el lenguaje bélico y los ejercicios defensivos funcionan como elementos centrales del discurso oficial. En ese escenario, la “orden de combate” vuelve a aparecer no solo como una consigna del pasado, sino como parte de una narrativa que el poder intenta revalidar en un contexto regional cada vez más complejo.

La diáspora como escenario del debate

El pronunciamiento tuvo una rápida repercusión entre la diáspora cubana, especialmente en el sur de Florida, donde Otaola cuenta con una audiencia amplia y políticamente activa. Para muchos exiliados, el mensaje reabre heridas del 11J y refuerza la narrativa de que el Gobierno utilizó la fuerza contra su propio pueblo mientras mantiene un discurso épico frente al exterior.

En redes sociales, las reacciones oscilaron entre el respaldo y la crítica. Algunos usuarios celebraron que se recuerde el significado de la “orden de combate”, mientras otros acusaron al influencer de recurrir a la provocación como estrategia mediática.

Una frase que trasciende el momento

Más allá del intercambio puntual, la reaparición de la “orden de combate” confirma su valor simbólico. Ya no es solo una consigna pronunciada en un contexto específico, sino un recordatorio constante del modo en que el poder respondió al descontento social. Al traerla de vuelta al debate, Otaola convierte una frase presidencial en un instrumento de cuestionamiento político.

Un debate que sigue abierto

El desafío lanzado desde Miami no altera por sí solo el curso de la política cubana, pero sí vuelve a poner en primer plano una discusión pendiente: el uso del lenguaje de confrontación por parte del Estado y sus consecuencias reales para la población. En un momento de máxima presión interna y externa, la frase que marcó al 11J regresa como símbolo de un poder que sigue siendo interpelado por su propio pasado.


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