
El presidente cubano Miguel Díaz-Canel negó de forma categórica la existencia de negociaciones políticas o diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, luego de que el presidente estadounidense Donald Trump afirmara que “se está hablando con Cuba”, sin ofrecer detalles sobre la naturaleza ni el alcance de esos supuestos contactos.
La declaración de Díaz-Canel, difundida a través de medios oficiales y redes institucionales, busca frenar la ola de especulaciones que se generó tras los comentarios de Trump y reafirmar la postura oficial de La Habana en un momento de alta tensión política y económica para la isla.
Solo contactos técnicos y migratorios, según La Habana
De acuerdo con el mandatario, los únicos intercambios existentes entre ambos países se limitan a contactos técnicos en materia migratoria, establecidos en acuerdos previos y sin implicaciones políticas más amplias. Díaz-Canel subrayó que no existe un diálogo diplomático abierto, ni negociaciones de fondo relacionadas con sanciones, comercio, relaciones bilaterales o cambios en la política estadounidense hacia Cuba.
El dictador cubano insistió en que cualquier intento de presentar estos contactos técnicos como negociaciones políticas es incorrecto y responde, según su narrativa, a intereses externos o a interpretaciones interesadas del contexto actual.
Las declaraciones de Trump y la reacción inmediata del régimen
Las palabras del presidente Donald Trump generaron un fuerte impacto mediático, especialmente entre la diáspora cubana y en redes sociales, donde se interpretaron como una posible señal de acercamiento o presión negociadora. Sin embargo, desde La Habana se respondió con rapidez para desmentir cualquier lectura optimista sobre un cambio inmediato en las relaciones con Estados Unidos.
Díaz-Canel evitó entrar en detalles sobre la intención real de Trump, pero dejó claro que no hay conversaciones políticas en curso y que Cuba no participa en negociaciones “informales” o “paralelas” fuera de los canales oficiales reconocidos por su Gobierno.
Las condiciones que Cuba impone para sentarse a dialogar
Aunque negó negociaciones actuales, el presidente cubano reiteró que Cuba no descarta el diálogo con Washington, siempre que se respeten una serie de principios que el régimen considera innegociables. Entre ellos destacó:
El respeto a la soberanía y la independencia nacional, la igualdad entre los Estados, la no injerencia en los asuntos internos, el respeto al derecho internacional y la búsqueda de un beneficio mutuo real.
Estas condiciones han sido expuestas repetidamente por La Habana en foros internacionales y constituyen la base del discurso oficial cubano para justificar la falta de avances en la relación bilateral.
El embargo como eje central del discurso oficial
En su intervención, Díaz-Canel volvió a colocar en el centro del debate el embargo económico estadounidense, al que responsabilizó directamente de la profunda crisis económica que atraviesa el país. El mandatario insistió en que las sanciones afectan el acceso a alimentos, medicamentos, combustible y financiamiento internacional, y sostuvo que cualquier diálogo serio debería partir del levantamiento de esas medidas.
Asimismo, acusó a políticos del sur de Florida de utilizar el tema cubano con fines electorales y de mantener una política que, según él, perjudica tanto a la población de la isla como a los migrantes cubanos.
Migración, un tema sensible entre ambos países
El presidente cubano defendió que su Gobierno cumple con los acuerdos migratorios bilaterales, a pesar del aumento del éxodo y de las tensiones recurrentes en este ámbito. Según La Habana, los contactos técnicos existentes con Washington se centran precisamente en gestionar flujos migratorios y retornos, sin que ello implique una normalización política más amplia.
Este punto resulta especialmente relevante en un contexto marcado por la salida masiva de cubanos, la presión sobre las rutas migratorias y el impacto regional del fenómeno.
Un mensaje político hacia dentro y fuera de la isla
El pronunciamiento de Díaz-Canel no solo apunta al escenario internacional, sino también al consumo interno, en momentos en que la población enfrenta apagones prolongados, escasez de alimentos, inflación y un creciente malestar social. Al negar negociaciones, el Gobierno evita generar expectativas de alivio económico inmediato derivado de un posible acercamiento con Washington.
Al mismo tiempo, el mensaje busca marcar distancia con cualquier narrativa externa que sugiera concesiones, diálogos secretos o cambios de postura no controlados por el régimen.
Un escenario bilateral sin señales de deshielo inmediato
Por ahora, las relaciones entre Cuba y Estados Unidos continúan caracterizadas por contactos mínimos, desconfianza mutua y discursos enfrentados. Mientras desde Washington no se han confirmado ni detallado las afirmaciones de Trump, La Habana deja claro que no hay negociaciones en marcha y que cualquier acercamiento futuro dependerá de un giro sustancial en la política estadounidense.
Lejos de anunciar un deshielo, el intercambio de declaraciones refuerza la incertidumbre sobre el futuro de una relación bilateral que sigue siendo uno de los ejes más sensibles de la política regional y del debate político cubano.




