Washington toma el control: Trump confirma que EE.UU garantizará el orden en Venezuela tras el arresto del dictador Nicolás Maduro

Donald Trump y Marco Rubio. Foto: Video de YouTube de RTVE Noticias

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este viernes que su gobierno asumirá un rol directo en la conducción de Venezuela tras la operación militar estadounidense que culminó con el arresto del dictador Nicolás Maduro y esposa, una declaración que marca un punto de inflexión sin precedentes en la política hemisférica.

Trump presentó la acción como el inicio de una “nueva etapa” para el país sudamericano, al que calificó como un “Estado capturado por el narcotráfico”, y sostuvo que Washington garantizará el orden, la estabilidad y la reconstrucción institucional tras la caída del régimen chavista.


«Vamos a gobernar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa. No queremos que alguien más entre y tenga la misma situación que hemos tenido durante muchos años», dijo Trump en conferencia de prensa desde Mar-a-Lago.

Las declaraciones, realizadas pocas horas después del operativo, los analistas la interpretan como un mensaje político de alto impacto, tanto para la región como para la comunidad internacional, en un contexto de fuerte incertidumbre sobre el futuro inmediato de Venezuela y el alcance real de la intervención estadounidense.

Trump no ofreció detalles de cómo sería ese liderazgo en Venezuela, pero aseguró que las compañías petroleras estadounidenses invertirán millones de dólares con el objetivo de «arreglar la infraestructura gravemente dañada y empezar a generar dinero para el país.»

Una operación militar sin precedentes en territorio venezolano

La madrugada del 3 de enero estuvo marcada por explosiones, sobrevuelos militares y movimientos de fuerzas especiales en distintos puntos estratégicos de Venezuela, principalmente en Caracas y zonas cercanas a instalaciones militares clave. Testigos reportaron detonaciones en áreas próximas a Fuerte Tiuna y la base aérea La Carlota, mientras videos difundidos en redes sociales mostraban el cielo capitalino iluminado por destellos y ráfagas.

Aunque el Pentágono no divulgó un parte operativo detallado, la Casa Blanca confirmó que se trató de una acción quirúrgica coordinada, destinada a desmantelar el círculo de seguridad del mandatario venezolano y neutralizar objetivos considerados estratégicos por Estados Unidos en su lucha contra el narcotráfico transnacional.


La magnitud del operativo, su ejecución en la capital venezolana y la ausencia de un anuncio previo al Congreso estadounidense subrayan la excepcionalidad del uso de la fuerza, incluso dentro del historial reciente de intervenciones de Washington en América Latina.

El arresto de Nicolás Maduro y su traslado fuera del país

Según Trump, fuerzas especiales estadounidenses lograron capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, durante el operativo, y evacuarlos de territorio venezolano bajo custodia militar. El presidente estadounidense afirmó que Maduro enfrentará cargos en Estados Unidos relacionados con narcoterrorismo, narcotráfico, crimen organizado y vínculos con estructuras calificadas por Washington como narcoterroristas.

Hasta el momento, no se ha informado oficialmente el lugar exacto donde se encuentran los detenidos, ni el calendario judicial que seguirán, lo que ha alimentado especulaciones y exigencias de información por parte de aliados y detractores de la operación.

Desde sectores del chavismo, voceros cercanos al gobierno venezolano denunciaron una “detención ilegal” y calificaron la acción como un “secuestro internacional”, mientras que la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien se encontraba fuera del país al momento de los hechos, exigió pruebas de vida y la restitución inmediata del mandatario.

Reacciones internas: entre el desconcierto y la incertidumbre

En Venezuela, la noticia del ataque y la captura de Maduro generó reacciones encontradas. Mientras sectores afines al oficialismo llamaron a la movilización y denunciaron una agresión extranjera, amplios segmentos de la población permanecieron en sus hogares ante el temor de una escalada militar o represalias internas.

La ausencia pública de un liderazgo claro dentro del chavismo, sumada a la falta de información oficial sobre la cadena de mando, ha incrementado la sensación de vacío de poder, particularmente en Caracas y otras ciudades clave.

Impacto regional e internacional

La respuesta internacional fue inmediata y polarizada. Gobiernos aliados de Estados Unidos expresaron respaldo a la operación, interpretándola como un golpe decisivo contra un régimen al que consideran autoritario y vinculado a actividades ilícitas. En contraste, varios países de América Latina, junto a actores globales como Rusia, China e Irán, condenaron la acción como una violación de la soberanía venezolana y del derecho internacional.

Organismos multilaterales, incluidos sectores de Naciones Unidas, han pedido explicaciones formales a Washington y alertado sobre los riesgos de establecer precedentes que normalicen el uso unilateral de la fuerza para remover gobiernos.

Las interrogantes legales y el debate en Estados Unidos

Dentro de Estados Unidos, la operación abrió un intenso debate jurídico y político. Expertos en derecho constitucional cuestionan si el presidente tenía autoridad para ordenar una acción militar de esta magnitud sin aprobación explícita del Congreso, mientras legisladores de ambos partidos exigen audiencias y mayor transparencia.

Asimismo, la idea de “gobernar Venezuela” plantea desafíos legales complejos, tanto bajo la legislación estadounidense como en el marco del derecho internacional humanitario y de ocupación.

Contexto histórico: una relación marcada por la confrontación

Durante gran parte del siglo XX, Venezuela fue un socio estratégico de Estados Unidos, especialmente en el ámbito energético. Esa relación comenzó a deteriorarse a finales de los años 90 con la llegada al poder de Hugo Chávez, quien impulsó una política exterior abiertamente confrontacional con Washington y fortaleció alianzas con países adversarios de EE. UU.

Tras la muerte de Chávez en 2013, el gobierno de Nicolás Maduro profundizó la crisis política y económica, lo que llevó a Estados Unidos a imponer sanciones financieras y petroleras, desconocer su legitimidad y, desde 2019, apoyar abiertamente a la oposición venezolana. En paralelo, la justicia estadounidense presentó acusaciones formales por narcotráfico contra altos funcionarios del régimen.

La operación militar y el arresto de Maduro representan el punto más extremo de esa escalada, marcando un quiebre histórico en la relación bilateral y abriendo una nueva etapa de alta incertidumbre para Venezuela y la región.

Un punto de quiebre para Venezuela y la región

La captura de Nicolás Maduro y las declaraciones de Trump representan uno de los episodios más disruptivos de la historia reciente de América Latina. Más allá del destino personal del líder chavista, el acontecimiento redefine el equilibrio de poder regional y abre un período de profunda incertidumbre sobre el futuro político, económico y social de Venezuela.

Mientras la Casa Blanca insiste en que se trata de una intervención orientada a la estabilidad y la democracia, críticos advierten que las consecuencias de esta acción podrían extenderse durante años, afectando no solo a Venezuela, sino al conjunto del hemisferio occidental.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *