
Desde la madrugada, decenas de cubanos y otros inmigrantes se concentraron frente a una oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Florida con una inquietud común: no saber si podrán pasar la Navidad junto a sus familias en Estados Unidos o si enfrentarán una detención tras sus citas migratorias. La escena, repetida en varias ciudades del estado, refleja el clima de incertidumbre que atraviesan miles de personas inmersas en procesos migratorios aún sin definición.
De acuerdo con un reporte Orlando Sentinel el número de personas que acude diariamente a este tipo de citas en este lugar se ha triplicado desde abril, lo que ha intensificado la tensión en torno a los controles migratorios. Muchos llegan desde distintos puntos de Florida, tras horas de viaje, con documentos en mano y sin claridad sobre el resultado de su comparecencia ante ICE.
Para buena parte de los asistentes, el temor no está necesariamente vinculado a haber incumplido la ley, sino a la falta de información clara y a la percepción de cambios en los criterios de evaluación, especialmente en un contexto de mayor presión sobre las políticas de control migratorio. Entre los presentes hay solicitantes de asilo, personas con órdenes de supervisión, beneficiarios de parole y migrantes con procesos administrativos aún abiertos.
El impacto humano detrás de la espera
El artículo recoge testimonios que ilustran el peso emocional de esta situación. Uno de ellos es el de Pedro Yusbel González Guerra, cubano que llegó a Estados Unidos tras una peligrosa travesía marítima de tres días y hoy reside en Florida junto a su familia. Tras acudir a su cita con ICE, sus allegados quedaron a la espera de noticias sobre su estatus, sin información inmediata.
Hoy ha construido su vida en Florida junto a su esposa y sus dos hijos, uno de ellos nacido en Estados Unidos. Mientras aguarda una respuesta definitiva a su solicitud de asilo, se gana la vida trabajando en la construcción y en proyectos de energía solar, intentando dar estabilidad a su familia en medio de la incertidumbre migratoria. “Es imposible vivir en Cuba, por eso estamos aquí buscando refugio”, dijo González Guerra antes de entrar a su cita, pero su familia aún no sabe nada de él.
En contraste, Zureli Escalona, también cubana y quien fue acompañada de su esposo e hijo menor de edad, recibió una extensión de su estancia por un año adicional. Su reacción de alivio refleja el contraste entre quienes logran una respuesta favorable y quienes permanecen en una incertidumbre prolongada que se extiende por meses o incluso años.
Mientras tanto, la espera frente a las oficinas de ICE se ha convertido en un espacio de acompañamiento comunitario. Voluntarios y líderes religiosos se acercan para ofrecer café caliente, palabras de apoyo y oraciones, intentando aliviar la ansiedad de quienes enfrentan uno de los momentos más delicados de su proceso migratorio, justo en vísperas de las fiestas de fin de año.
Apartado legal: por qué estas citas generan temor
Abogados migratorios explican que estas comparecencias ante ICE forman parte de distintos mecanismos de supervisión, especialmente para personas que no están en detención, pero sí bajo control migratorio, como quienes poseen una orden de supervisión, un formulario I-220A o solicitudes de asilo pendientes.
Según especialistas consultados por medios locales, asistir a una cita no garantiza un resultado predecible. En algunos casos, ICE puede renovar permisos temporales o mantener al migrante bajo supervisión; en otros, puede modificar condiciones, emitir nuevas órdenes o, en situaciones específicas, proceder a una detención administrativa.
Juristas advierten que el temor se ha intensificado debido a una aplicación más estricta de la discrecionalidad de ICE, donde factores como antecedentes migratorios, cambios de dirección, errores documentales o reinterpretaciones internas pueden influir en decisiones que antes eran más rutinarias. Por ello, recomiendan acudir siempre con asesoría legal y documentación actualizada.
Florida, epicentro de la incertidumbre migratoria
Florida se ha convertido en uno de los estados con mayor concentración de citas migratorias de seguimiento, particularmente para cubanos, venezolanos, nicaragüenses y haitianos. Ciudades como Miami, Orlando y Tampa concentran a miles de personas bajo supervisión migratoria, muchas de ellas integradas al mercado laboral y con vínculos familiares estables.
Organizaciones locales señalan que el impacto va más allá del individuo. La posibilidad de detenciones inesperadas afecta a familias completas, genera ausencias laborales abruptas y provoca efectos económicos y emocionales en comunidades enteras, especialmente en zonas con alta presencia de inmigrantes.
En el caso de los cubanos, el impacto es aún más sensible debido a la larga espera de muchos por una resolución definitiva de su estatus, mientras enfrentan restricciones de viaje, dificultades para acceder a ciertos beneficios y el temor constante a un cambio en su situación legal.
Reacciones de abogados y organizaciones civiles
Abogados migratorios en Florida han expresado su preocupación por el nivel de ansiedad que generan estas citas, sobre todo durante la temporada navideña. Señalan que, aunque muchas comparecencias terminan sin consecuencias negativas, la falta de comunicación clara por parte de las autoridades alimenta rumores y pánico en redes sociales.
Organizaciones civiles defensoras de inmigrantes han pedido mayor transparencia y protocolos más humanitarios, especialmente para personas sin antecedentes penales y con arraigo familiar en Estados Unidos. También han reforzado campañas informativas para que los migrantes conozcan sus derechos, entiendan el alcance real de las citas con ICE y eviten decisiones impulsivas como no presentarse, lo que podría agravar su situación legal.
Al mismo tiempo, líderes comunitarios han subrayado la necesidad de asistencia legal accesible, recordando que muchas de las personas que hacen fila frente a ICE no cuentan con recursos suficientes para pagar representación privada.
A las afueras del edificio, voluntarios y líderes religiosos tratan de contener la ansiedad con oraciones, tazas de café caliente y palabras de consuelo. El pastor Sócrates Pérez, de la coalición “Los Inmigrantes Son Bienvenidos Aquí”, explicó al Orlando Sentinel que el miedo no surge de la nada: numerosos migrantes han visto cómo amigos o familiares fueron detenidos justamente al presentarse a sus citas con las autoridades migratorias.
Una Navidad marcada por la incertidumbre
La escena de cubanos haciendo fila frente a oficinas de ICE en Florida, en plena antesala de la Navidad, expone con crudeza una contradicción persistente del sistema migratorio estadounidense: la normalización de la incertidumbre como forma de control. Para miles de familias que ya trabajan, pagan impuestos y sostienen comunidades enteras, la falta de respuestas claras se traduce en miedo cotidiano y en una espera que no distingue fechas ni celebraciones.
Florida, por su peso demográfico y migratorio, se ha convertido en un termómetro de estas políticas. Cada cita migratoria que termina sin una definición refuerza un mensaje silencioso pero potente: la vida puede quedar suspendida en cualquier momento. No se trata únicamente de procedimientos administrativos, sino de decisiones que inciden directamente en la estabilidad emocional, laboral y familiar de personas que llevan años intentando regularizar su situación.
En un país que se define por el respeto al debido proceso y a la unidad familiar, la repetición de estas escenas plantea una pregunta de fondo que trasciende la coyuntura navideña: hasta qué punto la incertidumbre prolongada se ha convertido en una herramienta más del sistema migratorio. Para muchos cubanos y otros inmigrantes en Florida, la Navidad no llega marcada por luces ni celebraciones, sino por la espera frente a una puerta donde el futuro puede resolverse —o quedar en pausa— en cuestión de minutos.





