
Nada de lo que hacen El Micha y Víctor Mesa debería leerse como un simple gesto casual. La foto de ambos juntos en Miami no es políticamente neutra, ni socialmente inocente. En una comunidad marcada por el exilio, la represión y la memoria histórica, posar sonrientes y sin matices junto a figuras asociadas —directa o simbólicamente— al sistema cubano resulta, como mínimo, una provocación innecesaria.
Presentar ese encuentro como algo “normal” ignora deliberadamente el peso que tienen los símbolos en la diáspora. No se trata de una amistad privada, sino de una imagen pública que termina normalizando relaciones que muchos cubanos consideran éticamente problemáticas.
El Micha ha declarado en distintas ocasiones su cansancio de vivir en Estados Unidos e incluso ha insinuado la posibilidad de regresar a Cuba. Esas declaraciones ya generaron malestar entre quienes ven en ellas una trivialización de la realidad que aún viven millones de cubanos en la isla.
Aparecer ahora junto a Víctor Mesa —figura emblemática del deporte cubano, pero también del aparato institucional— refuerza la percepción de una postura ambigua, calculada o sencillamente desconectada del sentir de gran parte del exilio. Más que un gesto cultural, la imagen sugiere una cercanía incómoda con estructuras que muchos consideran responsables del sufrimiento que los llevó a emigrar.
Un encuentro que despertó emociones contrapuestas
La fotografía muestra a ambos posando relajadamente en Miami, una ciudad que no solo es símbolo de la emigración cubana, sino también un territorio donde cualquier gesto público de artistas, atletas o celebridades es interpretado a través de la lente de su relación con la isla.
Las críticas se hicieron visibles de inmediato en redes sociales. Algunos usuarios calificaron el encuentro como una muestra de cercanía con estructuras políticas de la isla, usando expresiones que reflejan desconfianza acumulada y heridas históricas.
“Dos coroneles juntos, ¿quién tendrá más misiones para la dictadura?”. “Dos grandes chivatones”. “Deja que Al2 lo vea”. “En cada cuadra un comité”, expresaron algunos usuarios.
La foto transmite un mensaje contradictorio. Mientras algunos la defienden como un encuentro entre figuras públicas, para otros representa una validación silenciosa de vínculos con un sistema que sigue siendo motivo de dolor, división y trauma para miles de familias cubanas.
En tiempos donde se exige claridad, sensibilidad y coherencia, este tipo de gestos mediáticos revelan una preocupante falta de conciencia sobre el impacto que tienen las imágenes públicas. No todo lo que es viral es inocente, y no todo lo que se muestra como normal lo es para quienes han pagado un alto precio por marcharse.





