Un migrante cubano de 30 años permanece desde hace dos años en Trinidad y Tobago a la espera de un proceso dilatado para obtener la condición de refugiado político.

Pero para Ruslan Adames Cisneros, la situación es aún más complicada que para el resto de los migrantes antillanos, además de varado está enfermo.

“No estoy gozando de buena salud, no tengo atención médica ni ayuda”, dijo Cisneros a Martí Noticias.

La organización local Living Water Community le ha proporcionado una ayuda, sin embargo la misma no es suficiente para suplir sus actuales gastos médicos.

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El migrante cubano llegó a ese país con su esposa, detrás quedó su hija de 9 años con una abuela en Cuba, y sobreviven allí gracias al dinero que le envía un tío que vive en Atlanta.

Según Ruslan Adames tiene “síntomas extraños” como falta de aire, mareos, calambres y dolor en el brazo izquierdo y el pecho.

El joven se dedicaba en Santiago de Cuba, de donde es originario a reparar equipos electrodomésticos, él es parte de unos mil migrantes cubanos que esperan en Trinidad y Tobago para obtener asilo político a través de la oficina en ese país del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Cisneros testimonió que entregó pruebas a la ACNUR de que estuvo en prisión dos años en 2012, cuando lo atraparon intentando ingresar a la Base Naval estadounidense en Guantánamo, pero el organismo no ha fallado a su favor.

Todos los migrantes antillanos en ese país, vieron sus planes truncados de llegar a EEUU tras la derogación de la política migratoria “pies secos, pies mojados” en enero del pasado año.

“Por tercera entrevista me dice que no dispone de ningún veredicto final conmigo (…) las pruebas mías como que podían ser una falsificación me dijo ella (la funcionaria) en mi cara”, contó.

El migrante varado se queja de que su salud se está deteriorando, y no tiene dinero para pagar chequeos médicos.

“Yo nunca salí de Cuba a Trinidad y Tobago por problemas económicos (…) bastante regular vivía en Cuba y vivía mejor que como estoy ahorita”, explicó.

“Estoy aquí sin resolver nada, ando como en un túnel oscuro y no veo una luz por ninguna parte, ni al final, nada”, añadió.

La ACNUR dio a conocer que las cifras de refugiados en Trinidad y Tobago creció un 40% de enero a junio de 2017, respecto al mismo lapso de tiempo el año anterior.

Ese país respeta la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y a otros documentos de la ONU, referidos al mismo tema entre 1967 y 2000.

(Con información de Martí Noticias)