Las instalaciones de Tarará al este de La Habana, que nacieron con la revolución se encuentran ahora prácticamente en ruinas. Ubicado en una hermosa zona costera, a mediados del siglo pasado, residían en la urbanización “la crema y nata de la burguesía habanera”, en esa época se erigieron 525 casas, que familias a poco tiempo de estrenarlas, debieron abandonar en su mayoría para emigrar, por la llegada de Fidel Castro al poder.

La glamorosa villa también fue hace unos 40 años atrás, la Ciudad de los Pioneros José Martí, un campamento estudiantil que anualmente recibía miles de niños.

Durante años el dinero de la URSS apuntaló el enorme complejo, que contaba con siete comedores, cinco bloques docentes, un centro cultural, un parque de diversiones, un atractivo teleférico y un hospital.

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En los 90 pasó a ser el hogar transitorio de niños afectados por el accidente nuclear de Chernóbil, en Tarará se les atendía como parte de un programa auspiciado por el Ministerio de Salud Pública.

Partes de la antigua urbanización donde veraneaban las adineradas familias cubanas, actualmente pertenece a GAESA, consorcio de los militares cubanos que controla más del 60% de la economía antillana.

La cúpula militar castrista explota las construcciones capitalistas en esa zona del este de la capital, rentando las casas a turistas y a diplomáticos, a un elevado precio de 190 dólares diarios, revela un reporte de Diario de Cuba. No obstante GAESA también ha tenido que construir nuevas residencias para este lucrativo negocio.

Sin embargo los proyectos de carácter social se han esfumado de ex ciudad-campamento. Pero como bien los militares cubanos arreglan la parte que les interesa, y que les genera ingresos a sus arcas, otras como antiguas residencias, la tarja que indica el embarcadero donde Ernest Hemingway atracaba su yate, la iglesia de Santa Elena, el viejo teleférico y los albergues docentes perecen en el abandono.

(Con información de Diario de Cuba y 14yMedio)