El pelotero industrialista Lázaro Vargas sueña con ver jugar a su hijo, Miguel Antonio en Grandes Ligas, y estaba dispuesto a hacer todo lo posible para ayudarlo, tanto es así, que dejó todo para acompañar a su “niño” de 18 años en ese arduo camino que va desde la agencia libre hasta la puerta de la MLB.

El doble medallista olímpico con la selección nacional cubana, acude a diario con Miguel Antonio a los gimnasios, a las cajas de bateo del profesor Ricardo Sosa en Hialeah, y no le quita la vista ni un momento.

Sobre el desarrollo de su hijo, el ex tercera base de los azules opina: “El niño está firmado por los Dodgers de Los Angeles. Se está preparando bien física y técnicamente todos los días. Es un muchacho muy bueno, con mucho talento y al que le queda un mundo por delante. Tiene que trabajar muy duro para llegar”.

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Acerca de las cualidades de Miguel Antonio, Vargas dice: “Es muy buen bateador con hombres en posición anotadora. Tiene mucha paciencia para batear y no le tira a muchas bolas malas…las otras, es muy buen corredor, tiene fuerza y yo no tenía nada de eso”.

El beisbolista de experiencia le aconseja a su hijo que debe trabajar duro, para alcanzar sus sueños, “ser el primero en llegar y el último que se va”.

Vargas intenta darle a Miguel consejos sinceros, y ser su mejor amigo; verlo jugar confiesa “es el orgullo más grande que yo puedo sentir en mi vida. Saber que está luchando por cumplir su sueño es algo muy importante para mí. Debo ayudarlo y apoyarlo hasta el final para que él sea feliz en su carrera”.

El periodista de El Nuevo Herald, le pregunta sobre el sueño de ver a su hijo en las Mayores, ya que él (Lázaro Vargas) pudo haber jugado en la MLB.

“Veo en él, el sueño de los dos. Yo quise haber jugado Grandes Ligas, y él puede hacerlo. Cuando lo logre, voy a sentirme realizado y orgulloso de que alguien en la casa pudo jugar Grandes Ligas”, detalló Vargas.