La corrupción que existe en las cárceles para mujeres en Cuba quedó recogida en varios testimonios del escritor Angel Santiesteban, quien tomó como centro de su narrativa varios casos de esos centro penitenciarios en donde la mayoría de las reclusas enfrentan cargos por malversación de bienes o prostitución, entre otros.

Según reporta Martí Noticias, un claro ejemplo de la desfachatez ocurre en el Centro Mixto para mujeres Macondo, nombre que recuerda al lugar que el escritor colombiano Gabriel García Márquez describía en “Cien años de soledad”.

Pero las más corruptas en la prisión no son las presas, sino las jefas. Destacan la directora María Elena Riveri y la jefa de Tratamiento Educativo Kenia Castañeda, quien antes de comenzar a trabajar en ese lugar vivía en una casa de madrea y con piso de tierra. Ahora su morada es de mampostería y tiene dos plantas gracias a la venta de pases de 24 y 48 horas, los que cuestan 25 y 50 cuc, respectivamente.

La ayuda solo alcanza para esas reclusas que pueden costear las salidas, para las otras no hay ningún beneficio porque no tienen nada que ofrecer.

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Las “fugas” ocurren antes de las siete am y se extienden hasta después de las seis de la tarde, cuando ya nadie está pendiente de quién entra o sale del reclusorio.

Asimismo, las presas con más dinero pueden disfrutar de la comida que les apetezca y son ubicadas exclusivamente en el pantry de la directora.

Un caso sonado fue el de una reclusa que ingresó a la prisión el pasado agosto para cumplir una pena de cinco años, pero su estancia en el lugar solo duró cinco meses puesto que con regalos como planchas de pelo, cortinas para la oficina de la directora y hasta celulares, quedó en libertad el 31 de agosto.

También se reporta el caso de una convicta que se hizo pasar por enferma y tomó pruebas comprometedoras de las jefas. Después de chantajearlas también salió en libertad.