Tanto para los turistas como para los nacionales se hacía pintoresco ver a los comerciantes de libros, publicaciones y antigüedades en las inmediaciones de la Plaza de Armas en el centro histórico de La Habana.

Sin embargo, luego de años de que los vendedores de libros se emplazaran en este sitio, dándole aires de cultura a los habaneros, a inicios de marzo de este año, fueron desalojados de esa zona histórica que ya les pertenecía, y fueron trasladados a la antigua Casa de Justicia Santa Ana, situada en Baratillo y Jústiz, Habana Vieja.

Durante más de 20 años habían permanecido los libreros y vendedores de antigüedades en las proximidades de Plaza de Armas; pero en aquel entonces, cuando se les preguntó a funcionarios de la Oficina del Historiados de la Ciudad (OHC) acerca del desalojo, arguyeron que a finales de 2016 se dictaminó prohibir toda “comercialización en espacios públicos por el deterioro de los sitios históricos”.

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Aunque hay poca distancia entre la Plaza de Armas, y la antigua Casa de la Justicia, los libreros sabían que la reubicación disminuiría sus ventas a causa de que por la nueva zona había menor tránsito de turistas.

La situación se complicó aún más, cuando las condiciones de hacinamiento del nuevo lugar obligaron a los vendedores a instaurar dos turnos de trabajo.

El pasado 4 de julio, la sección sindical de los libreros de la feria de publicaciones y antigüedades presentaron en un “informe de bienvenida” a la inmobiliaria Fénix S.A., entidad a la que actualmente tributan, sus nuevas circunstancias, sin embargo al problema no se le ha dado solución.

Uno de los comerciantes, fundador del gremio creado por Eusebio Leal Spengler, y bajo el amparo del Decreto-Ley 143/1993, solicitó “en representación de todos los libreros” no personalizar la declaración con nombres. Hasta el 1 de marzo del año en curso, cuando fueron desalojados, “éramos el atractivo del Casco Histórico, útil para los restaurantes y otros expendios de la zona. Durante casi un cuarto de siglo fuimos voluntad y representación a pesar de los inconvenientes padecidos”, añadió, y reveló la cifra real que ingresaba el gremio al presupuesto del Estado, cuando se les permitía vender en los espacios de Plaza de Armas: 1.257 600 pesos, equivalentes a 52.400 CUC.

El librero señaló que con la reubicación lo perdieron todo, incluido “espacio-cliente-ingreso”.

Pero en aproximadamente diez meses de reclamaciones el gremio apenas ha logrado renegociar “el pago por el alquiler del espacio”, y creen que el conjunto de sus peticiones, mientras permanecen en Santa Ana, “son justas”.

Los comerciantes enumeran las modificaciones constructivas al inmueble para evitar las inclemencias del sol, la recolocación de carteles promocionales, la reubicación hacia la actual sede de la funcionaria del Fondo de Bienes Culturales, y la exclusividad del parqueo colindante para los ómnibus de Transgaviota y Transtur que “diariamente parquean en la nave de San José”.

Los libreros subrayan, “nuestros aportes, desde que surgimos como gremio, van más allá de lo mercantil”.

Prioridad del gremio han sido los precios preferenciales “para los cubanos de a pie”, y los préstamos de libros a estudiantes que acuden a los servicios de la biblioteca Rubén Martínez Villena.

“Fuimos pioneros desde 1994, en el Casco Histórico, en donar voluntariamente un dólar por solicitud expresa de Eusebio Leal”, detalla el comerciante. Resaltando que el donativo se convirtió de buenas a primera en un “tributo-obligación de pago mensual”.

Mes tras mes, los vendedores de libros, publicaciones y antigüedades ingresan al presupuesto nacional, 350 CUP a la ONAT, 262 CUP por seguridad social, 35 CUP por contribución a la conservación del centro histórico, y otras cifras no precisadas de la cuota sindical y el día de la patria.

Un miembro de la sección sindical, alega: “Nosotros además exportamos cultura revolucionaria”, en referencia a que nunca se ha invitado a libreros para participar de la Feria Internacional del Libro (evento exclusivamente estatal, y en convenio con los países invitados). “Es absurdo que perteneciendo al sindicato de Cultura no podamos interactuar en el sábado del libro o un viernes con la Banda de conciertos”, se queja el sindicalista, que lamenta la exclusión del gremio, “desde los tiempos inmemoriales”, de cualquier proyecto sociocultural y piensa que “nunca se vincularon los fines culturales con los fines económicos como deseaba Fidel Castro”.

Los libreros no tienen mucha fe en que la Dirección Adjunta de Inversiones de la OHC logre en un plazo prudente “darle cumplimiento a la fase dos del proyecto para que la antigua Casa de Jústiz y Santa Ana nos brinde la funcionalidad de un espacio rentable y estético”.

Aunque ratifica que la aspiración de los comerciantes, no es ser reubicados en los almacenes de San José “ni permanecer en el patio de Juan Francisco Manzano, el primer poeta negro cubano, sino retornar a la Plaza de Armas”, lugar que hicieron suyo por excelencia.

(Con información de Martí Noticias)