Son miles los cubanos que aún hoy en día continúan arriesgando su vida para ser libres, incluso cuando ya Estados Unidos no los acogerá. Este es el caso de Leisy Zayas, de 39 años de edad, quien acompañada por cerca de 23 inmigrantes más de diferentes nacionalidades, ha tenido que atravesar peligrosos bosques y selvas.

Según publica Cubanet, esta camagüeyana, partió de Cuba hacia Guyana y tuvo que dejar a sus dos hijos. Pocos días después de llegar al país se dirigió hacia Brasil y luego a Perú, en donde pretendía obtener un status legal.

“Intenté hacer papeles pero no me dieron oportunidad alguna, por lo que comencé a trabajar, ilegalmente por supuesto. Pude reunir algún dinero y seguí mi camino hacia los Estados Unidos que es mi meta final; la idea de estar con mis hijos me da fuerzas y me calma la desesperación”, explicó.

Después de esto atravesó selvas, cruzó ríos y hasta escaló montañas hasta llegar a Honduras.

“El hambre es lo que más nos golpea por esos montes. Apenas podemos comer una vez al día, y caminamos hasta 12 y 15 horas diarias sin parar, incluso a veces botamos alimentos por el camino porque las energías no te dan para cargar nada, hasta una aguja te pesa como mil kilogramos”, agregó.

Además de los peligros de la naturaleza, está el miedo a ser asaltados y hasta asesinados por delincuentes que rondan esos lugares, pero su meta sigue siendo vencer esos obstáculos y nunca más regresar a la isla.

“Me cansé de las injusticias de las cuales somos víctimas constantemente los cubanos, por eso salí corriendo de Cuba a lo que sea, todo por el bienestar de mis hijos, y ojalá no me cojan antes de llegar a Estados Unidos porque si no todo este sacrificio habrá sido en vano”, Zayas con respecto a su salida de Cuba en donde tenía una cafetería con la que podía mantener a sus hijos y esposo, quien había sufrido un infarto cerebral.