La cantidad de ponches del jardinero villaclareño ya suena demasiado en apenas sus primeros 12 juegos de 2017: 13 ponches. Pero, en sí, ¿estamos viendo algo extraño en los resultados de Martín en el plato?

Pues no. En las últimas tres campañas Leonys ha ido perdiendo algo de tacto, en parte sacrificando un golpeo mucho más sólido. Por el cambio de estancia en el rectángulo ofensivo, fue que comenzó todo.

Luego de ser traspasado de los Rangers de Texas a los Marineros de Seattle en 2016, Martín comenzó a realizar ajustes con Edgar Martínez, su coach de bateo, sobre todo preocupándose por perfeccionar su contacto para generar más extra bases. El nuevo reajuste de postura, ha cambiado el ataque de Martín en el instante de trasladar el peso del bate y comenzar el ataque hacia la pelota, ahora con las piernas más cerradas que antes, y el bate más arriba y con una posición totalmente horizontal.

Gracias a su rapidez, Martín tuvo una campaña de 15 o más jonrones y al menos 20 bases robadas, siendo el cuarto jardinero central en lograrlo la pasada temporada, en una lista donde aparecen Mike Trout (Angelinos), Ian Desmond (Texas) y Odubel Herrera (Filis).

Ok, pero, indudablemente, la avería en el swing de Martin no corresponde exactamente a su cambio de postura, ya que, la contundencia de sus batazos ha aumentado.

Según www.fangraphs.com, Leonys ha aumentado —aunque la prueba es verdaderamente pequeña— de 29.5%, su más alto porcentaje de bolas golpeadas con contundencia, a 30.0%, lo que explica el ajuste en la mecánica, que no tiene realmente que significar un ascenso en el promedio de bateo.

También, podemos asumir, que los ponches y el pésimo resultado en sus puestas en juego, se derivan de una caída en la proporción de bolas conectadas fuera de la zona, donde ha perdido precisión considerablemente de un 56.0% en 2016 a 46.7% en lo que va de 2017.

Imagínense que, Martín, en su temporada más ponderada conectando pelotas alejadas de la zona de strike, apiló un 65.8%, demasiado superior a lo que hemos visto este año.

Lo peor, es que, los ponches, están haciéndole perder varias situaciones de remolcar carreras o adelantar corredores, y en sus primeras 44 apariciones en el cajón de bateo no ha podido enviar a ningún compañero al plato. En 2016, Martín tuvo 39 desafíos en donde se ponchó en dosis múltiples —90 totales—, a diferencia de sus juegos de multi-hits que fueron 32 —ahí pegó un total de 72—.




Veamos un análisis de sus primeros 12 encuentros, teniendo en cuenta las temporadas de 2014 a la fecha:

2014: .286/5/4/4/2/4
2015: .184/10/2/2/2/2
2016: .237/16/3/4/2/3
2017: .130/13/1/0/3/0

La crisis con el madero y la poca producción se han hecho realmente latentes: Martín jamás ha podido empujar una carrera en 2017, su porciento de embasado es de .149 y ha tenido siete juegos de más de un strikeout, la misma cifra que acumulaba entre 2014 y 2016.

No obstante, algo no nos debería alarmar, ya que Martín jamás ha tenido un rendimiento estable en los dos primeros meses de su carrera. Durante abril, estas son sus líneas ofensivas desde 2013 a la fecha:

2013: .250/.308/.354, HR, CI·2
2014: .308/.357/.396, HR, CI·11
2015: .236/.277/.326, HR, CI·7
2016: .200/.288/.429, HR·4, CI·10
2017: .128/.163/.149

Mientras Martín intenta desatarse de su peor slum iniciando temporada, otro cubano, Guillermo Heredia, aprovecha con algo de suerte el mal momento, pegando para: .286/.286/.500.

¿Hasta dónde se extenderá la mala racha y el desajuste de Martín en el plato? Eso lo sabremos en las próximas jornadas, donde el villaclareño tendrá que batallar para tener una mejor disciplina en el home plate y rebajar el porcentaje de ponches cuando termina el turno con curva (60.34%) y cambio de velocidad (56.89%), los pitcheos que más indescifrables se le hacen.