“Compañeros, recuerden que hoy es la reunión para elegir al candidato. A las ocho y media, en el portal de la bodega. No falten”, convocaba el presidente del Comité de Defensa de la Revolución, (CDR), organización que disfraza como “modelo de la sociedad civil” el régimen cubano, que desde que surgió con la toma del poder de Castro, ha instado a vigilar a los cubanos, y ha cometido atroces actos en nombre de la “lealtad a la Revolución cubana”.

A los niños les envían a tocar puertas, no a pedir dulces como en Halloween, y a disfrutar de su niñez, sino a correr la voz de la farsa electoral cubana.

El presidente del CDR del Reparto Sevillano, en el sur de La Habana, intenta convencer a una vecina. “No puedo ir a esa reunión, no tengo tiempo. Mira qué hora es y todavía no he hecho la comida”, objeta la mujer.

“Eso es matando y salando. Ya a la hora de la novela seguro que hemos terminado. Si no puedes ir, mira ver si tu mamá o alguno de tus hermanos puede asistir”, le comenta el presidente de la “organización revolucionaria”.

Él tiene una función que cumplir, ya los tiempos del fanatismo ideológico o del fidelismo a ultranza en la Isla caribeña, son parte del pasado, y de una triste historia que sólo compartimos los nacionales, y causó la división de las familias cubanas…los gritos de “escoria, gusano”, para luego recibir a quienes vienen del Norte como marajás, porque sus dólares hacen falta.

Después de 20 minutos de espera, comienza la asamblea. Alrededor de veinte personas acuden, menos del 30% de los vecinos de la barriada.

Un hombre confiesa: “Estamos cansados de tanta muela [retórica política]. Uno viene por cumplir una formalidad, porque ningún delegado que elijamos aquí va a resolver nada”.

Los vecinos no advierten a dos o tres agentes de la contrainteligencia [aparato represivo de la Policía política] que envía el régimen para fiscalizar la asamblea, aunque en ese barrio no hay opositores, pero ante la iniciativa de la oposición cubana de presentar candidatos independientes, ejerciendo su derecho ciudadano, la policía está alerta, en Cuba ejercer el derecho ciudadano es una quimera.

En la reunión de San Miguel no hubo grandes dilaciones, en alrededor de veinte minutos los vecinos “eligieron” al delegado y luego se fueron a sus casas a vivir la vida real, la de la cotidianidad, no “la ficticia” que promulga el Estado cubano.

Los cubano domesticados tras cinco décadas, no se quejan de lo que sucede en la Cuba actual, colmada de escasez, y cada día con menos esperanzas de salir de la contienda del silencio que ha permanecido en la sociedad desde hace más de medio siglo.

Los cubanos apenas conocen la democracia, han oído hablar de ella, pero ejercerla, eso nunca, los borrones en la historia que ha hecho el régimen castrista nos han dejado como una sociedad sin objetivos, sin fines, a no ser otro que huir, que emigrar, la “única solución” advertida por los nacionales en tantos años, y aunque muchos analistas dijeron que iba a generar asfixia la eliminación de la política pies secos-pies mojados en enero pasado, y ahora las recientes medidas de la administración Trump, la olla con presión y sin válvula de escape sigue ahí, la enorme mayoría no reacciona, “la rebelión” para ellos es un concepto abstracto que no logran bajar a la realidad, desconocen su práctica.

Diario Las Américas entrevistó a 20 personas, de ambos sexos, en edades de entre los 17 y 71 años; si confían en el Poder Popular y las instituciones gubernamentales.

Dieciocho respondieron que no. “Nos han mentido tanto y prometido tantas cosas que jamás cumplieron, que cuando supuestamente dicen la verdad, a uno le queda la duda”, declara un entrevistado. Los otros diecisiete admiten que ven al gobierno como una casta intocable, y quince aseguraron que sus opiniones y criterios nunca se tiene en cuenta.

“Todo viene masticado desde el poder. En el caso de un documento, la única opción de la gente es aparentar que lo ha estudiado y a la hora de aprobarlo, alza la mano sin entrar en debates ni cuestionamientos. El gobierno en Cuba es de ordeno y mando. Un régimen militar. En la Isla, el pueblo se debe a sus gobernantes, cuando es lo contrario. El compromiso siempre ha sido con Fidel, Raúl, el partido y la revolución. Todo lo que se salga de ese libreto, sea autónomo o liberal, las autoridades lo marcan con la letra escarlata de ‘contrarrevolucionario’, lo acusan de socavar el poder, es enjuiciado y enviado a prisión”, opina un sociólogo.

A los candidatos independientes que intentaron postularse se les hostigó, se les fabricó delitos, pero el silencio reina, la falta de cuestionamiento del pueblo está cada vez más enraizada, los Castros educaron desde los círculos infantiles para la “no rebelión”, “no protesta”, “no críticas”, y como educadores, dogmáticos y domesticadores han sido bien eficientes.

(Con información de Diario Las Américas)